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Jornada de puertas abiertas

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H ace unos días escribí una breve reflexión sobre la reencarnación. La vida en Sorbos ha supuesto una apuesta personal por retomar una vieja afición que por razones que no vienen al cuento dejé en un momento de mi vida. En mi camino se cruzó una segunda oportunidad de retomar esto de escribir y tomé esa dirección sin dudarlo, porque algo, ese-no-se-qué al que aludía en mi reflexión, me dijo que debía hacerlo, que el tren pasa otra vez y que quién sabe si volverá a pasar. Desde entonces no he parado de caminar, de escribir. Hoy hace dos años que os invitaba a acompañarme en este viaje de sensaciones que es La Vida en Sorbos. Quería agradeceros el haber estado aquí, a los que seguís desde el principio, a los que acudís a veces, a los que estuvieron y hace tiempo que no los veo (los echo de menos), a los que me arengaron y también a los que me dieron una colleja, que también me la merecí seguramente. A todos y cada uno, gracias. Quisiera abrir esta puerta hoy para que dejéis, a modo de...

Hoy

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Amistad infiel: la frágil trama del collar no pudo atar  los embates del deseo. Ojos cerrados: en los cercos dorados se atan  ciegos. Salto al vacío: caemos en un colchón de plumas blando  como un lecho de anzuelos. Nos despierta un llanto: se derrama por la ventana, pariendo,  una luz nace en la línea del mar  el corazón galopa, y calienta la sangre, lo sostengo en las manos  sin dejar de temblar. Blandir de espadas. Cruzamos abrazados vacíos desiertos. Bebimos lágrimas en vasos calientes, libamos almíbar en noches de encuentro. Hoy  me levanto y las veo con gozo  pincelar en blanco  los negros reflejos. Hoy te tocan mis manos pueriles, aquellas que moldearon tu cuerpo virgen. Hoy  retengo tu belleza en mis dedos que tiemblan jugosos, mojados en el sudor  que escupe tu lecho. Hoy  me senté en la noche a tu lado sordo al murmullo de otras voces ...

Un año y mil sorbos.

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Lo conseguí. Hace hoy un año me dije: ¿Seré capaz de llenar este espacio de amigos sentados alrededor de mis sorbos de vida, de mis tragos de añejas vivencias, de mis historias? ¿Lograré que alguien persiga mis letras y me ayude a crecer y anchar este camino que he decidido sea oficio y no un vago y esquivo sueño? Hoy hace un año me lo dije. Quería agradecer vuestra presencia y abrigo, el sordo aplauso y la palabra amiga, también los silencios y las breves ausencias para luego volver, a sentaros a mi mesa. Beber estos mil sorbos compartidos me ha dejado el olor de vuestras esencias, el sabor de los besos y el calor de los abrazos de muchos. Hoy hace un año, y soy distinto. Hoy hace un año, y siento que no puedo parar de escribir. Hoy hace un año de este idilio embriagador de sorbos y letras. Sigamos bebiendo. Sigamos viviendo. Sigo. Seguimos.