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¿Qué se siente?

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H ace tiempo que veo el fútbol sin pasión desmedida, sin rasgarme las vestiduras. Ahora con los años, puedo decir que soy hincha de verdad, de los que celebran los triunfos y aceptan las derrotas aplaudiendo a mi equipo. Ganar o perder como cosas de un juego, que es lo que es al fin y al cabo por mucho que quieran los clubes hacernos ver que es una profesión. Claro que lo es, pero para mí, como espectador maduro, no pasa de ser sólo un juego. Ser hincha es difícil. Te obliga a aceptar las burlas cuando pierdes y ver poco reconocidos los logros por parte de los rivales. Es más fácil ser fanático y dejarse llevar por el entorno y por lo que te pide el estómago. Cuando eres hincha, todo te lo tienes que gestionar desde dentro, no esperando ser aplaudido ni sentir la necesidad de sacar a relucir tus logros como el buque insignia de tu esencia, porque la identidad está en los propios valores, valores que brillan más que el oro de cualquier medalla. Por eso soy hincha de Nadal , del Atlé...

¿Y qué, si se lo dieron a Dylan?

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E so digo yo, y qué. A lo mejor, al igual que pasa con otras cosas, estamos asistiendo a cambios de paradigmas y no nos estamos enterando, y resulta que la literatura no se trata sólo de escribir un libro con su ISBN de sopotocientos números y letras. Hace un par de días regresaba de un viaje y en mi minúsculo asiento de avión, en el 20D por cierto (con D de Dylan), leía un artículo del escritor y director de cine Ray Loriga , en donde nos ofrecía una definición muy acertada de lo que significaba ser escritor. Decía Loriga, que la profesión de escritor podría consistir en "conseguir formular con las palabras de uno los sentimientos de los otros". Esto podríamos trasladarlo a todas las manifestaciones del arte, la pintura, la fotografía, y la música también, por supuesto. El arte, al fin y al cabo, consiste en eso, en conectar y llegar a un acuerdo con el espectador, lector o escuchante de música. Bob Dylan en 1978 (imagen extraida de google images Yo no fui seguidor de ...

Conversaciones de verano

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D ías contados. Llevo cinco días solo, cinco días de vacaciones. Miro a mi alrededor. Estoy sentado junto a mi lugar de trabajo, a escaso metro y medio de mi despacho, y lo veo tan lejos que no lo puedo alcanzar por mucho que estire mis brazos y los dedos. Me caería si lo intentara. Ayer, mi hijo y yo, jugábamos a calcular el hondo de una piscina haciendo medidas indirectas en base a lo largo de nuestros cuerpos tocando el fondo con los pies y estirando los brazos hasta tocar el aire con la punta de los dedos. “Creo que son dos metros y medio, papá”, “puede ser, le contesté”. Conversaciones profundas, como veis, conversaciones de verano. Hablamos de más cosas, pero esta conversación se me quedó clavada, no sé muy bien por qué. Quizás sea porque me percaté ayer de que está casi tan alto como yo. ¿Dónde he estado todo este tiempo? Supongo que trabajando. Juegos a trasluz - Fotografía: Miguel A. Brito Las vacaciones van de eso, de distancias, pero no sólo de ...

Caminos

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Discontinuos (Autor: Miguel A. Brito) "Todos los caminos conducen a Roma". Eso me dijeron, me enseñaron. Una frase mentirosa, impropia de un maestro, un amigo y una madre. No es así, es una farsa, créeme. Los caminos no siempre te llevarán al mismo sitio, los caminos te llevan a encrucijadas y en cada elección te pueden pasar dos cosas: o te encuentras más o te reconoces menos. Dejarte llevar por el camino es una manía peligrosa no exenta de frustración. A menudo las señales y las indicaciones de aquellos a quienes preguntas te llevan a un lugar lleno de nieblas, y llegado a ese punto te verás cargando contra ti porque no hay más culpables que tú y tu dejadez. Puedes buscar si quieres alivio en tomarla con los demás para descargar tus culpas, y esto será como pequeñas dosis de morfina que aplacarán tu dolor, pero no te engañes, como la morfina crea adicción, y cada carga contra los que te rodean son también otras maneras de matarte, ocasionarte daños, heridas irreparabl...

Frustración

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Título: las tres guerras. Autor: José Antonio Pérez. Consultar referencia aquí Imagen extraída de google images L a mañana que Ernesto y la muerte se miraron a los ojos no fue distinta de otras. Él siempre creyó que se vería sorprendido, que se encontrarían de improviso y que ese encuentro sería fugaz, pero no fue así. Se aguantaron la mirada durante largo rato, uno frente al otro, a través del espejo del baño. Supo que aquella mirada era la de la muerte porque sus ojos no brillaban y las arrugas eran profundas, surcos negros en su frente y en sus labios que se habrían paso hacia dentro, dejando asomar, a poco que se fijó, el color blanco y brillante de sus huesos. Llevaba algún tiempo esperando el encuentro. Incluso pensó, llegada la hora, que la espera había sido larga, lo cual era normal, también pensó, aunque tampoco era tan viejo, siguió pensando. Pero Ernesto estaba cansado de recorrer su vida y ahora, que se encontraba al final del camino, justo al final de nada, en e...

Dianne Reeves: ¿Cómo se convierte la voz en instrumento?

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Dianne Reeves Imagen extraída de Google Images Me quedé perplejo. No es de extrañar. No fui el único por lo que pude escuchar en las conversaciones de los que salíamos del auditorio. Hay cantantes que te sorprenden por su voz. Otros por sus letras. Otros por cómo conectan con el público, por cómo se desenvuelven en el escenario. El pasado miércoles fui a escuchar a Dianne Reeves. Ella me sorprendió por algo que estaba por encima de todo esto que os he comentado anteriormente: por haber convertido su voz en instrumento musical, un instrumento de varias octavas, capaz de ir del grave al agudo de un salto, sin quedarse a medio camino, acertando de lleno en el pentagrama. Poseída. Con un estilo interpretativo que se queda a medio camino entre su Detroit natal y África, en donde a buen seguro tiene sus raíces. Ritmo, voz, ritmo y más ritmo, y voz y más voz. No paró de cantar. Tanto es así que hablaba cantando. Tanto es así que nos presentó a los componentes de la banda cantando. Tan...

Mirando ombligos

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Imagen extraída de google images E n este mundo hay dos clases de individuos, los que se miran el ombligo y los que viven contemplando el ombligo de los demás. Bueno, mentira, se me olvidaba y no me lo perdono, porque también existen otros, una especie en peligro de extinción y de estos casi no se oye hablar, no interesa que se hable, y encima a ellos no les gusta hablar de sí mismos aunque eso no impide que brillen cuando los encontramos. Me refiero a aquellos individuos capaces de mirarse el propio ombligo y el ajeno a la vez, una habilidad al alcance de la minoría. Los que sólo se miran su ombligo son miopes de lo demás y crean su micromundo microscópico de creencias adoptadas. Son seres carentes de espíritu de desarrollo, con techos alcanzados, únicos en el mundo, así se creen, dueños de la verdad más absoluta. La carencia de referencias distintas a las suyas hace que recalen en un cómodo puerto de aguas inmóviles y cielos despejados, libres de tempestades. Cuando éstas se ...

El péndulo

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Fotografía: Péndulo Autor: Miguel A. Brito Un ritmo claro, pausado, imperturbable. Me someto a sus manecillas que me hacen señas, dirigiendo en la casa la hora del almuerzo, la hora del telediario, la hora del café de media tarde. Sólo me permite decidir que me lo tome amargo, porque ¡hasta feo estaría, que en mi café mando yo aunque él ponga las horas! Me acerco demasiado y se ríe de mi, atrapa mi reflejo en su péndulo cromado. ¡Será engreído el puñetero reloj! Don Sabino, su dueño, me dice que él tenía cinco años cuando el aparatejo llegó a su casa, que vino de muy lejos, de La Habana quizás. Yo vuelvo la mirada hacia él y veo su cara llena de arrugas y las comparo con las vetas en la madera del reloj, igual de hondas, igual de oscuras. Han crecido juntos, envejecen juntos. Sus corazones laten igual de pausados, golpes miméticos, sincrónicos. Fantaseo imaginando una conexión inalámbrica desde el primer día que el reloj entró a su casa; un tic pendular que se cuela por sus oídos...

Las vivencias de un veraneante.

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Arena y Mar (Fotografía: Miguel A. Brito) E n mi primer día de trabajo me preguntan sin cesar, ¿qué tal las vacaciones?, ¿desconectaste? ¿A ti, lector, no te pasa? Esa palabra, “desconectar” siempre se presenta como el ansia eterno del ocioso veraneante. ¿Desconectar de qué, del trabajo, o acaso de lo que somos durante todo el año? Ante esa pregunta no puedo evitar pensar, ¿qué triste, no? Qué triste once meses de sufrir esperando tener la tregua de un mes de "desconexión". Qué vida tan pobre. A mí me ha pasado. Muchas veces me he planteado las vacaciones como una huída de lo cotidiano. Daba igual el lugar y el precio, pero que fuera lo más lejos y distinto de mi vida que mi sueldo fuera capaz de pagar. Sin embargo, por muy lejos que me fuera, siempre me esperaba, cruel, recurrente, impasible, el primer día de trabajo. Me recibía con una bofetada para decirme que por muy bonito que hubiera sido el sueño (porque mis vacaciones eran eso, un sueño), la reali...

Lecturas de verano 2013 - 3

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Sofi Oksanen "Al final, Martin Truu se desplomó en su propio jardín mientras observaba con una lupa la hoja de un abedul plateado. Cuando Aliide lo encontró y lo puso boca arriba, reparó en la expresión postrera de su marido. Nunca antes lo había visto sorprendido." Fragmento extraído de "Purga"  de Sofi Oksanen

Lecturas de verano del 2013 - 2

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" ... El amor en que intervienen tres es un problema y el humo que se eleva de esa hoguera se llama celos. Si es con cuatro personas es dos veces celos o sea recelo. Los maridos celosos suelen cumplir su vueltita de vigilancia y entonces los amantes se esconden entre las ramas, pero siempre hay un ratón que los delata.      A veces el amor y el odio se dan la mano, pero eso sólo ocurre en la televisión.      El desamor es un amor caído, un viudo de la pasión y sólo se reincorpora cuando otro amor le miente que lo ama. Y cuando al fin queda de nuevo viudo de amor, se resigna a escribir un ensayo con el título: <<Formas ancestrales del relajo y la melancolía>>. " Extraído del libro "Vivir adrede" de  Mario Benedetti

El carcelero de las palabras

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Ramiro pospone sus conversaciones: mañana se lo digo. Pero Ramiro no tiene mañana porque siempre vive en ayer. Con su silencio y sus quiebros en la conversación, llena su existencia de cuentas pendientes, de dudas por resolver, y las archiva en su memoria de rencores y propuestas de amor encarceladas. Ramiro no habla claro, más bien no habla, y de sus silencios se extienden gruesas cuerdas que lo amarran al pasado, al presente, y su vida se acaba ahí, en el límite de la nada, porque no hay futuro que exista si no hay coraje para inventarlo. Su vocación de carcelero de palabras llena su vida de actos provisionales, casuales y también causales. Una vida al ritmo de los hechos justificados en el malentendido , mientras sus interlocutores se escudan satisfechos en sus bienentendidos . Ramiro no dice lo que quiere decir, tamiza las palabras para quedar bien con todos o mal con nadie, con nadie salvo con él, el único al que nunca debió engañar. Así sus frases cada día son más mudas, ...

Lecturas de verano del 2013 - 1

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Cuentos de la Alhambra ... Nunca conocí a ningún español, sea cual fuere su clase o condición, que tolere el ser superado en cortesía por Otro; y para el español corriente el regalo de un cigarro puro es irresistible. A pesar de todo, hay que procurar no ofrecerle nunca nada con aire de superioridad o condescendencia: él es demasiado caballero para aceptar obsequios a costa de su dignidad. Extraído de "Cuentos de la Alhambra"  de  Washington Irving

Sin miedo a soñar.

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Llevaba tiempo sin soñar. Un día me dijeron que todas las noches soñamos, pero que los sueños no se recuerdan porque hay una especie de mente censuradora que le dice a nuestro inconsciente que no, que no está bien que sueñes eso, que tienes que olvidarte cuanto antes, ¡ya mismo!  Llevaba tiempo sin soñar. Por más que intentaba recordar mis sueños no podía, no era capaz, esa mente censuradora siempre estaba al acecho para imponer su censura. Sin sueños que recordar mi vida se volvió anodina, llena de inseguridades y silencios. Anoche todo cambió sin planearlo después de haber hablado contigo hasta que nuestros ojos se cerraron. Nos dijimos tantas cosas, sin interferencias ni premuras, sin relojes en la pared, sin luces o penumbras que marcaran el final de la noche o el principio del día. Tenía hambre de hablar, ansias de ser escuchado, de escucharte, ganas de palpar la esencia de nuestra presencia, del por qué compartimos este espacio. Anoche todo cambió y recuerdo mi sueño, un...

Huellas en el camino

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Imagen extraída de google images Cuanto más camino, más ligeras siento las piernas, menos cargado siento los hombros, menos me sangran las llagas. Cuanto más enriquecedor es el paisaje, cuanto más cuestiono mis premisas y doy sentido a mis pasos, menos pesado es el petate de mis dudas. Mis piernas pisan con firmeza y mis pulmones se ensanchan, ya puedo respirar aire nuevo. El camino es cuesta arriba y el viento da de cara, pero mi voluntad de andar hace mella en la calzada que ya luce orgulloso la marca de las huellas de mis botas. No soy peregrino de vías trazadas. Soy ingeniero de mi propia existencia.

Nadie me escuchaba

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P or mi boca se asoman. Otra vez. Son esos ruidosos espasmos carentes de sentido, cada vez más incongruentes, que cabalgan atropellados como una jauría, que cortan el aire, que abollan el silencio con sus coces. Esos que adormilan las iniciativas y despiertan las alertas. Esos que son capaces de acobardar al más valiente defensor de sus ideales. Sí. Lo sé. Sé que ellos, los que los escuchan, a mis espaldas se refugian en sus cuevas, y sus silencios iniciales poco a poco se convierten en una coral de susurros que me juzgan, lejos, para que no los escuche. Lo que no saben es que sus ecos me llegan en forma de cruces de miradas, sonrisas impuestas, espásticas, gestos cómplices y delatores. A mí no me queda otra que seguir haciendo resonar mi estómago. Ya no recuerdo cuándo dejé de hablar, ni cómo sonaba mi voz. Sólo sé que nadie me escuchaba.

Y hoy es día de Canarias

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Y hoy es día de Canarias: La fiesta de la Hipocresía. Porque aquí, en este archipiélago no hay la solidaridad de los regionalismos bien estructurados. Somos egoístas por definición: aquí cada uno barre para su isla y, a veces, barremos hasta para nuestro propio barrio. Los políticos hoy se vestirán con galas, esos voceros de la unidad y del pueblo único y rico, pleno de cultura y hambriento de gloria. ¡Necios! Sacarán la bandera tricolor, este único día del año. Luego a dormir doblada, bien doblada bajo las siete llaves, una por cada isla, otro año, otro más. La patria Canaria no existe, y los canarios (en eso estoy de acuerdo con Miguel de Unamuno que nos caló al vuelo) somos isloteños de carácter aislotado , dos juegos lingüísitcos que definen a un personaje pendiente de lo suyo y deseando mal al otro para que su pequeña calle brille un par de fotones más que la del vecino . Hemos caído en la trampa de esos politicarras y periodisticastros  que siempre han defendido s...

Fútbol literario

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¿ Q uién dijo que el fútbol no es literario? Claro que es literario.  Si tuviera que elegir al equipo literario por definición, sin duda elegiría al Atlético de Madrid, al “pupas”, a “los colchoneros”, siempre a la sombra del grande y señorial de los señoritos del Real Madrid. Y mientras han visto celebrar en Cibeles tantos títulos ellos, los del atleti, a verter sus lágrimas al Manzanares. Muchas veces, después de guerrear cual gladiadores en el césped, han llegado a disputar finales, claro que sí, pero más son las veces que han tenido que volverse a casa cabizbajos, diciéndose si ya lo sabía yo que iba a pasar. Pero al día siguiente: otra vez rojiblancos, colchoneros, del atleti ¡como siempre! Una vida trágica, la de un personaje literario lleno de pasión, brío, alma, pura vida poética, que vive entre la euforia y la desazón.  Claro que el fútbol es literario. Pero hoy creo que tengo un no se qué que me dice que la historia esta noche acabará bien, algo me lo dice. Hoy ...

Fluir

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Obra: El inconsciente Autora: Beatriz Concha S í. No. Quizás. Tal vez. ¡Ojalá! Así. No más. Que sí. Que va. Tus ojos brillan y no hay luz. ¿Lloras? Callas. Se cierran. Se abren. Se revuelven. Viajan por mi cara, los míos por la tuya. Bajan, suben, se detienen. ¿Por qué? Por ti. ¿Por mi? ¿Qué hay detrás? Detrás no, delante. Me quedo. ¿Delante? No, frente a ti. Te toco. Eres real. Tus manos, mis dedos, tus ojos, caricias líquidas. Floto, flotas, conmigo, sin mí. No soy. ¿Soy? Eres. ¿Verdad?, pasión, ¿sueño?, un espejo en mi pared, la otra mitad. Me completas. Sí. Tiento, tocas, beso, besas, ¡me besas! Eres verdad. ¡Por Dios! ¿Por quién? Por ti, por mí. ¿Y luego? Crezco, me desinflo, me escurro, caigo. Te sujeto: ¡Qué manos, qué firmes! Me elevas, vuelo, me falta aire, aspiro, me inspiras, respiro, me ahogo y me calmo. No siento, me muero, me salvas, ¿me quieres? Me abrazas, me duermo, te amo.

Desafío

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Hoy es el día, ahora es la hora. Hoy te miro a la cara toro, tan trincado y negro tu pelo y tan brillante porque siempre hay sol en la plaza, pero no te creas mejor que yo, porque el sol es tan tuyo como mío. Toro, tan imprevisible en tus movimientos, tan oscuros tus ojos que apenas distingo sus pupilas, que apenas me dicen solo nada, que solo me dicen casi todo . Hoy rompo los botones de mi camisa y te muestro mi pecho, no voy con capote de engaños ni empuño el estoque de la muerte. Hoy abro mi alma, te voy de frente, toro. Estoy harto de correr. No te temo. La Plaza está vacía. Solos tú y yo. Tus cornadas me dolerán seguro, pero por mucho que me hagan sangrar no lograrán  que hinque mis rodillas en la arena antes que tú.