lunes, 16 de julio de 2018

Las grietas de Jara




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Imagen extraída de Google Images
Y vos, ¿de qué lado estás?

Esta pregunta ronda machacona en la mente del arquitecto Pablo Simó, personaje central de la película Las grietas de Jara, interpretado por el actor argentino Joaquín Furriel. Esta pregunta la oímos en ON y en OFF en varios momentos. Se la plantean verbal y simbólicamente las personas que lo rodean: en casa, su esposa e hija, que le reclaman atención a partes iguales cuando entre ellas no existe conexión emocional alguna; su jefe Mario Borla, que comparte con él un gran secreto del que son cómplices, y Nelson Jara, interpretado magistralmente por Oscar Martínez, y que trae a la vida del arquitecto Pablo Simó esa grieta que a todos en algún momento de nuestras vidas nos ha aparecido, la física y la metafórica.

Se trata de un thriller psicológico basado en la obra homónima de la escritora Claudia Piñeiro (Las grietas de Jara, Alfaguara, 2009), que se encarga de poner en escena de manera convincente el joven y prometedor director Nicolás Gil Lavedra.

La principal virtud de la cinta, es cómo vemos crecer a lo largo de hora y media de metraje toda una estructura en base a un hecho aparentemente sin trascendencia: se presenta en el estudio de arquitectura Borla y Asociados una mujer, Leonor, interpretada de manera solvente por la actriz canaria Sara Sálamo (sorprende su logrado acento argentino), quien pregunta por Nelson Jara, y su pregunta ocasiona una reacción de preocupación por parte de los miembros del estudio de arquitectura, el arquitecto Pablo Simó, y sus jefes, Mario Borla (Santiago Segura) y Marta Hovart (interpretada por la polifacética actriz y cantante Soledad Villamil). A partir de este hecho empieza un viaje del presente al pasado que irá descubriendo al espectador hechos ocurridos tres años atrás, que abren una grieta en la templada vida del arquitecto Pablo Simó, que le obliga a tomar partido, a elegir el lado en el que quiere estar.

La actriz canaria Sara Sálamo
Imagen extraída de Google Images

Primeros planos y una banda sonora sencilla pero acertada llenan la atmósfera de inquietud, lo que para mí son los puntos fuertes de esta cinta, además de las interpretaciones de Oscar Martínez, Sara Sálamo y Joaquín Furriel, que destacan sobre el conjunto dotando de solidez a la trama. El siempre incómodo cambio temporal se resuelve sin el tan manido "tres años antes" de algunas películas. No me sentí incomodo en ningún momento por los giros temporales, que son incorporados de manera natural haciendo formar parte activa al espectador: habilidad de dirección.


Fotograma de la película con primer plano de los actores
Oscar Martínez y Joaquín Furriel. Imagen extraída de Google Images


Recomiendo que se acerquen a las salas a verla, y que hagan el ejercicio de buscar en la película esas señales que contribuyen a construir y dar claridad a lo que serán las decisiones que al final tendrá que tomar el protagonista. Hay varias: una hija que es joven aún para decidir o saber lo que quiere, una madre ofuscada, creyendo que su vida es de lo más complicada a pesar de tomar una taza de café, irónicamente, con una camiseta que pone en letras grandes "keep it simple", una grieta que se cierra y otra que se abre a golpe de martillo,... Nunca es tarde para abrirse heridas y luego cicatrizar, es lo que llamamos elegir y crecer.










sábado, 19 de mayo de 2018

Un vaso de cólera - Raduan Nassar

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Título: Un vaso de cólera
Autor: Raduan Nassar
Editorial: Narrativa Sexto Piso
Trad.: Juan Pablo Villalobos Alva
Precio: 14,25 € (Amazon)
Sólo ha escrito tres novelas este escritor brasileño de origen libanés. "Un vaso de cólera" es la segunda, escrita en el año 1978 y reeditada en 2016 por Narrativa Sexto Piso. Antes, había debutado en 1975 con la novela "Labor arcaica", y después de la publicación de "Un vaso de cólera" hubo que esperar casi veinte años (1997) para poder leer el que hasta la fecha es su último trabajo, "La chica del camino" (Menina a caminho) una recopilación de cuatro cuentos escritos en su mayor parte en la década de los setenta. Es Raduan Nassar (Pindorama, Sao Paulo, 27 de noviembre de 1935), por tanto, un escritor de esos que llamamos de culto. A pesar de su corta aportación literaria, está considerado uno de los grandes escritores brasileños, lo que le ha hecho acreedor del premio Camoes otorgado a toda una obra a escritores de lengua portuguesa (2016).

Se trata de una novela corta, o un relato largo, según se vea. Apenas se trata de setenta y ocho páginas que transcurren a un ritmo vertiginoso, que yo recomiendo que sean leídas de un tirón. Es casi como ver una película. De hecho, fue llevada al cine en una cinta de corta duración (67 min) y que puede verse en versión portuguesa en youtube (ver aquí). Os recomiendo esa lectura del tirón por dos motivos: en primer lugar, porque el núcleo central de la novela es una sola escena que no conviene romper o posponer porque no podemos salir de ella, y en segundo lugar porque tiene siete capítulos, y solo hay siete puntos en toda la novela, los siete puntos finales de cada capítulo, con lo cual es muy difícil posponer la lectura. Y una tercera razón que me dejo: sólo tiene sentido leer la novela si estamos dispuestos a sentirla: no podemos salir de sus vidas y volver a entrar, el lector necesita ser testigo de ese momento.

La historia transcurre en un día de la vida de una pareja. Empieza en un atardecer y acaba a la noche del día siguiente. Está escrita en primera persona, a través de la voz narrativa de él, que no tiene nombre, salvo en el último capítulo en el que ella toma el relevo como narrador (ella, que tampoco tiene nombre). La cólera es el terreno que elige Nassar para desnudar los sentimientos de la pareja, y la pasión es el terreno que elige para desnudar sus cuerpos. Así, un vaso de cólera, trata sobre esa fina línea que separa el amor del odio, el deseo de la violencia. Esto que os comento se capta claramente en ese capítulo central de la obra, en el que la cólera aparece en forma de violencia verbal, que se desata por un hecho aparentemente sin importancia, una violencia verbal en forma de montaña rusa donde siempre está al acecho la amenaza del descarrilamiento de ese vagón sin control en que ambos personajes han decidido subirse. Él atacando y ella recibiendo y contraatacando con intención, con aguijonazos dialécticos directos al orgullo del varón, pero quedando siempre (de manera intencionada) a la orilla de la estocada mortal, quizás porque, en el fondo, su dependencia de él es como una droga, y él lo sabe, por eso dice varias veces "ella nunca tiene bastante, sólo lo suficiente".


Raduan Nassar
Foto de OGlobo, extraída de Google images

El amor en ellos intuimos que ha evolucionado como nos ha pasado a todos desde aquellas mariposas en la barriga, una pareja en la que ella ha pasado de comparar años atrás los pies de él con "dos lirios blancos" a desearlos hoy (en boca de él) por "su porte firme y bien esculpidos, un tanto nudosos los dedos marcados nerviosamente en el empeine por venas y tendones sin que por ello perdieran su aspecto tímido a raíz tierna" (brillante). Una prosa que muchos califican como demoledora y precisa y que yo corroboro.

En las voces se odian, y en los breves silencios de la tregua se dibuja la fina línea que separa el odio del deseo:

"...y yo leí en la llama de sus ojos: <<Sí, tú eres el canalla que yo amo>>, y, siempre atento a las señales de su carne, me puse entonces a usar la lengua, muda y serpenteante, capaz por sí sola de las posturas más inconcebibles, y no tardó ella en mover los labios de una manera suave y dijo un <<hijo de puta>> bien indeciso: se necesitaba conocer de cerca su boca para saber lo que había dicho, y se necesitaba conocer a esa mujercita de múltiples azoteas para entender qué insinuaba, yo hice como que había olvidado todo y. que el mundo ahora sólo tenía aquel apretado metro de diámetro..."

Se trata de una historia sencilla y cotidiana, que hemos vivido todos, por eso llega. De hecho los títulos de los capítulos así lo sugieren: La llegada, en la cama, al levantarse, el baño, el desayuno, la bronca y la llegada; otra vez la llegada, el último capítulo llamándose igual que el primero, como ese círculo de vida en el que algunas veces nos empeñamos en convertir nuestra existencia.


domingo, 17 de diciembre de 2017

Mararía - Rafael Arozarena

Título: Mararía
Autor: Rafael Arozarena
Edición: Editorial IDEA (2ª Edición)
ISBN: 978-84-8382-432-0
244 páginas
“En Femés no hay gallos para cantar la madrugada; en Femés este oficio es para los perros, que perros sí que hay, delgados, asustadizos, con las orejas puntiagudas y más de cuatro garrapatas en el cuello. En Femés los perros son los amos porque son muy dueños de sus vidas, porque son los amos de sus amos, aunque a patadas, piedras y variscazos tengan el lomo más que satisfecho. Los perros de Femés son amigos de las moscas, a quienes nunca espantan por verdes que éstas sean. Los perros en el pueblo son los señores, porque si es verdad que no comen, también es verdad que no trabajan. Los hombres y los perros cuando se cruzan por los caminos se saludan interiormente con una reverencia porque ambos se saben guardadores de secretos especiales.”

Cayó Mararía de Rafael Arozarena en mis manos por casualidad. Mi hijo me pidió con urgencia que la consiguiera, que necesitaba leerla para su clase de literatura. Recorrí tres librerías sin éxito. La pedí a una de esas que tienes que pedirlo por encargo. Quince días al menos, me dijeron. ¿Quince días?, no tengo tiempo, tiene que ser para ya, me decía mi hijo. Me fui en un último recurso desesperado a la sección de librería de un conocido centro comercial y allí, agazapada, discreta, en la última de las estanterías de la última planta del centro, entre libros de autoayuda y algún ejemplar de cocina canaria estaba un ejemplar de la segunda edición, el último que les quedaba, con pinta de llevar mucho tiempo queriendo caer en las manos de un lector.

A mi hijo le costó leerla. Acostumbrados a la nueva era del click, del “no me enrollo y voy al grano”, supongo que el lirismo de Arozarena le exasperaba. Le preguntaba cada mañana cómo iba, si le gustaba, y me contaba trazos de una mujer que se enamoraba de un moro, de un petudo que andaba por ahí, de que había muchos perros,… Pero quién era yo para reprocharle su poco interés, cuando yo he tardado años en encontrar esta obra, perdida en la última estantería de un centro comercial, y movido por la urgencia de una tarea de primero de bachiller de mi hijo adolescente. Me mordía la lengua. No tengo perdón de Dios.

Pero lo bueno es que he cumplido con mi deuda de lector, y he leído Mararía. Arozarena se obstinó en vida en renegar de su “creatura”, como él la llamaba. Una obra que alcanzó tal proyección que supongo que apabulló su entendimiento o que sentía simplemente miedo a ser engullido por esa voz narrativa que sentía que no era la suya. Traducida a varios idiomas, miles de ejemplares vendidos, una película de bajo perfil que alcanzó un éxito incomprensible a sus ojos,… hasta inspiró una canción que se hizo sumamente popular. Y él no lo entendía, y decía que era una obra de gran bisoñés, mucho peor que otras que escribió. Dijo que en aquella, que era su primera novela, no era su voz la que hablaba. Sólo después de muchos años la releyó, y reconoció haber sido injusto en su juicio. En el prólogo de esta edición de 2010, ya afirma que “…anunciar tengo que Mararía, en esta nueva edición, ha constituido para mí un especial goce y el reconocimiento del buen camino en el arte de novelar.” Amén.

Mararía se estructura en esta edición en 233 páginas divididas en 18 capítulos. Una obra donde hay un personaje central, Mararía, una mujer que destaca por su mirada y su misterio envuelto de negro, y que impresiona al narrador testigo desde el primer momento que la mira: “tal negro ciprés. Amada tea o cuervo en vertical, la vieja permaneció allí plantada un buen rato… Pero en la parte alta de aquel árbol requemado, algo surgía incandescente aún; algo como una brasa encendida surgía de aquellos ojos negros, árabes, jóvenes y hermosos”. A partir de esta imagen se va construyendo la historia, porque el narrador se empeña en conocer todo lo que envuelve a este personaje de Femés. Mararía no habla, no dice lo que siente. Lo dicen todos los que la conocieron, los que se enamoraron de ella, los que la envidiaron, y también los que le hicieron amar y también sufrir. Se atreven a hablar por ella, sin preguntarle si es cierto o no lo que piensan. 
Rafael Arozarena, autor de Mararía
foto extraída de Google Images.
Fotografía de Coco Morales

Mararía se funde con el entorno, forma parte del paisaje hasta el punto de influir en las vidas de los habitantes de Femés y de más allá de las fronteras del pueblo. Arozarena juega en su escritura con los nombres de los habitantes y el entorno para hablarnos de un gran tema, la frontera entre el bien y el mal. Ella misma es bella, pero en sus ojos hay fuego y maldad a juicio de algunos. Algo así pasa en Lanzarote, tierra en calma que hierve por dentro. Su propio nombre, María que dará a luz a un hijo, que no es casualidad que se llame Jesús, es un juego entre lo literario y lo religioso para leer entre líneas. Tampoco es casualidad que Abel sea el nombre del sacerdote, Abel, como el hermano del Caín bíblico y que se empeña en atrincherarse en su fe en Dios contra la continua contemplación en la distancia del infierno y el diablo, que le sonríe, como esperándolo. Bien y mal, buenos y malos en el pueblo. Hay quien ve en María a una bruja, al demonio. Hay quien ve en ella a un ángel. Todos las juzgan y todos la condenan. El lector es invitado también a dar su veredicto, porque Arozarena nos sienta en la bancada a escuchar los testimonios de quienes la conocieron, con continuos cambios de voz y temporales, como susurros traídos por el viento de Lanzarote.

La escritura de Arozarena es rica en matices y llena de metáforas. Se nota en su escritura que nació poeta antes que prosista, y ese lirismo en la escritura seduce al lector. No he estado nunca en Femés, y he visto fotos recientemente y no me creo que esas fotos sean Femés, sino el paisaje que me contó Arozarena. Es lo mejor que se puede decir de un escritor. 

Es un grande de las letras Canarias, y no es excusable que no se le lea, y que su obra haya que buscarla en la última estantería de un centro comercial entre libros de autoayuda y manuales de cocina canaria. Debería haber un altar para su obra. Ya me confesé por no haberlo leído antes. Ahora asumo gustoso la penitencia de volver a leerlo.



viernes, 18 de agosto de 2017

Todo cuanto amé - Siri Hustvedt

Libro: Todo cuanto amé
Autora: Siri Hustvedt
Editorial: Circe Ediciones S.A.
ISBN: 978-84-7765-211-3

Me decidí por "Todo cuanto amé" en cuanto me la recomendó una gran amiga y lectora Ángeles Jimenez, y también una de mis autoras de cabecera, la escritora Clara Obligado. Fue una manera de entrar en el mundo de Siri Hustvedt (1.955, Nothfield, Minnesota, Estados Unidos), más conocida por ser la esposa de Paul Auster que por su gran altura literaria. Siri tiene identidad propia, y para mí, desde hoy, Siri Hustvedt es Siri Hustvedt y Paul Auster que se quede donde está. Por cierto: Siri Hustvedt dedicó todo cuanto amé precisamente a Paul Auster

En "Todo cuanto amé", Siri Hustvedt nos narra la historia de la amistad entre el historiador de arte Leo Hertzberg y el pintor Bill Wechsler. Esta amistad empieza a raíz de un cuadro pintado por este último llamado autorretrato, que sin embargo es el retrato de una mujer. Es el principio de una relación que se va construyendo entre ambos y en la que también entran las respectivas parejas, Erica, la esposa de Leo y Lucille, poeta y pareja de Bill. Más tarde se añadirá Violet, antigua modelo y futura pareja de Bill tras su ruptura con Lucille. Esta relación a cinco bandas transcurre como si no pasara nada hasta que, a raíz de un acontecimiento clave, surge un nuevo escenario en el que los personajes navegan por senderos que nunca imaginaron ni desearon.

"Todo cuanto amé" es una novela que me descubre una escritora meticulosa, dotada de una técnica narrativa muy refinada, capaz de tejer una trama en la que cada trazo encaja con el anterior y nos deja una pista sobre lo que nos vamos a encontrar más adelante. Por esta razón exige entrega al lector, que debe comprometerse a entrar en la novela sin perder un solo detalle. Si lo hace, la recompensa será alta, porque podrá descubrir un análisis sobre las relaciones humanas y también sobre el fascinante mundo de las bambalinas del arte. "Todo cuanto amé", ese título con verbo amar en pasado, nos da ya una pista sobre lo que encontramos en sus páginas. Querer que todo sea como antes, nos impide vivir y ocuparnos del presente, de construirnos y avanzar. Así acabamos envueltos en un mundo de mentira o fantasía que nada tiene que ver con la realidad; así acabamos viviendo una realidad a la que llegamos sin saber muy bien cómo y de la que no somos capaces de salir: 

“Las mentiras siempre son dobles: lo que uno dice coexiste con lo que no dice pero podría haber dicho. Cuando uno deja de mentir, el abismo entre las palabras y el convencimiento interior se cierra, lo que nos permite continuar a lo largo de un sendero en el que intentamos adaptar las palabras habladas al lenguaje de nuestros pensamientos o al menos de aquellos que nos parecen aceptables para el consumo ajeno”.

Siri Hustvedt, autora de Todo cuanto amé
(imagen extraída de Google images)
Seguramente no sea casual, y esté muy bien estudiado por parte de la autora, que el narrador en primera persona, que en este caso es Leo, acabe la novela esperando que un amigo venga a leerle ya que su degeneración visual le impide ya leer por sí mismo. Ciego al final de los días, quizás ciego por decisión propia, ciego y vacío. Amar es un verbo que no puede escribirse en pasado.


Siri Hustvedt es una autora a la que pienso volver pronto. Si hacemos un breve recorrido por sus 6 novelas publicadas, vemos que le gusta investigar muy a fondo los temas que aborda, por lo que sus novelas van a caballo entre la ficción y el ensayo. En las dos primeras (“Los ojos vendados (1994)” y “El hechizo de Lily Dahl (1997)”), nos habla sobre las relaciones entre los seres humanos y cómo éstas nos llevan a construir nuestra propia identidad. En “Todo cuanto amé” y en “Elegía para un americano (2009)”, al tema de las relaciones humanas se suma esa búsqueda en el pasado de respuestas a lo que tenemos en el presente. Finalmente, en las dos últimas (“El verano sin hombres (2011)” y “El mundo deslumbrante (2014)”) Siri Husdvedt se adentra en la figura de la mujer y en lo que significa su propia identidad al margen de la del hombre. Esta última novela, “El mundo deslumbrante”, comparte también con “Todo cuanto amé" el gran tema del arte y sus modas y lo que supone esa gran mentira (¿o verdad?) del valor de las obras.

lunes, 22 de mayo de 2017

La vida negociable - Luis Landero

Libro: La vida negociable
Autor: Luis Landero
Editorial: Tusquets Editores S.A.
ISBN: 978-84-9066-371-4
Es la segunda vez que leo a Luis Landero. En mi anterior lectura, El balcón en invierno, encontramos a un Luis Landero autobiográfico, que se tomó una pausa de reflexión. Tal como él mismo ha dicho algunas veces, necesitaba reflexionar sobre sí mismo, estaba cansado de escribir novelas y usó balcón de invierno como una especie de pausa de expiación. Después de esa breve parada, vuelve a ponerse el traje de novelista y nos propone esta obra con un nombre tan sugerente y acertado: La vida negociable. Igual de sugerente es la fotografía de la portada del fotógrafo Ferdinando Scianna.
En La vida negociable, Luis nos cuenta en primera persona la vida de un pícaro, un personaje que tiene los tintes de su estilo a veces cervantino, teñido de algo quevedesco también. Hugo Bayo, el protagonista, es un peluquero que desde la primera página mete al lector en la historia con un: “Señores, amigos, cierren sus periódicos y sus revistas ilustradas, apaguen sus móviles, pónganse cómodos y escuchen con atención lo que voy a contarles…”, y aquí empieza el relato de su vida, desde su adolescencia hasta su madurez.
El planteamiento de la novela gira en torno a la propuesta de que todo en la vida es negociable, sobre todo con nosotros mismos, que decidimos ser morales o amorales, y dentro de esas decisiones, muchas veces contrarias a nuestra lógica moral, negociamos con nosotros mismos para buscar una justificación que haga soportables nuestras vidas. Y he aquí que tenemos a Hugo Bayo, que decide desde su adolescencia empezar a trapichear con el chantaje hacia sus padres, porque descubre en ellos el engaño que será culpable de la pérdida de su inocencia: para malos ellos, malos yo, se dice. Este descubrimiento marcará  el devenir de su destino desde muy temprano y continuamente echará un ojo al pasado, cuando se encuentre en esos callejones sin salida en los que nos encontramos todos en más de una ocasión, para justificar el porqué de sus fracasos.
La vida negociable no sólo es esto, también es una historia de amor, un amor entre comillas porque es un amor a la medida de su personaje, algo más amorfo y difuso que definido. La relación de Hugo con su amiga Leo es de amor y de odio, por eso no pueden vivir juntos pero tampoco el uno sin el otro, por eso para hacer el amor necesitan antes emprenderla a puñetazos el uno contra la otra o viceversa: es lo único que les pone.
Luis Landero, autor de La vida negociable
Imagen extraída de Google images
Hugo surge de un momento cultural y económico en España muy concreto que también marca el porqué de su personal manera de ver la vida, la llamada cultura del pelotazo, esa que se puso tan de moda en los ochenta y noventa, donde algunos se hicieron ricos de la noche a la mañana. Por eso Hugo se desespera y pretende ser famoso, estrella de cine, empresario de éxito, catedrático, y se ve aplaudido en los escenarios o reconocido por todo el mundo y siendo portada en los periódicos, antes de pasar primero por el bachiller o estudiar una carrera. Su única habilidad es una que descubre casi por accidente: es un excelente peluquero. Sin embargo a él no le gusta ser peluquero y a pesar de que todo se le pone de cara para llegar a triunfar en esta faceta, a pesar de que las oportunidades de ejercer de peluquero se le aparecen en cada esquina, Hugo hace todo lo posible por autodestruirse o alejarse de ese “destino triunfal”.
Pasan los años, y vemos como también Hugo se va transformando llegando a su edad madura y, aunque no sabemos muy bien cómo sigue la historia a pesar de que lo podemos imaginar, sí que vemos cómo se da cuenta de lo que todos sabemos que es la vida, esa especie de tragicomedia:
“…No entendía que la vida pudiese ser tan irrisoria, tan fea, tan trivial, y a la vez tan dramátia, tan misteriosa y tan llena de belleza… Un breve río hacia el mar, es cierto, pero un río tan ancho y caudaloso que sus orillas no se ven ni se logra hacer fondo. Todo tan evidente y tan sencillo y todo a la vez tan extraño, tan inexplorado. Todo tan a la vista y todo tan ignoto. Y tan superficial como profundo (…) ¿en qué proporción se mezclan lo ridículo y lo sublime, lo trascendente y lo banal, la comedia y el drama, la épica y el folletín…?”
Al principio me pareció un estilo muy directo y sencillo de leer, incluso algo plano, alejado del estilo que pude encontrar en El balcón en invierno. Sin embargo, al acabar, también me pareció ver en la escritura de Landero algo de intención. Seguramente, me lo imagino, Luis Landero negoció consigo mismo y metiéndose en la piel de Hugo Bayo, fundiéndose con él y logrando convencernos como lectores y también convencerse a sí mismo de que efectivamente, se puede negociar con todo, hasta con nuestro propio estilo de escritura porque tal como le decía el padre de Hugo Bayo a su hijo: “hasta con Dios se puede negociar”.

domingo, 14 de mayo de 2017

¿Qué se siente?

Hace tiempo que veo el fútbol sin pasión desmedida, sin rasgarme las vestiduras. Ahora con los años, puedo decir que soy hincha de verdad, de los que celebran los triunfos y aceptan las derrotas aplaudiendo a mi equipo. Ganar o perder como cosas de un juego, que es lo que es al fin y al cabo por mucho que quieran los clubes hacernos ver que es una profesión. Claro que lo es, pero para mí, como espectador maduro, no pasa de ser sólo un juego.

Ser hincha es difícil. Te obliga a aceptar las burlas cuando pierdes y ver poco reconocidos los logros por parte de los rivales. Es más fácil ser fanático y dejarse llevar por el entorno y por lo que te pide el estómago. Cuando eres hincha, todo te lo tienes que gestionar desde dentro, no esperando ser aplaudido ni sentir la necesidad de sacar a relucir tus logros como el buque insignia de tu esencia, porque la identidad está en los propios valores, valores que brillan más que el oro de cualquier medalla.

Por eso soy hincha de Nadal, del Atlético de Madrid. También por eso me gusta Iniesta (que no el F.C. Barcelona) o Isco (que no el Real Madrid).

¿Qué se siente?, preguntaban los aficionados del Real Madrid a través de un enorme tifo a los que somos del Atlético de Madrid hace unas semanas. Algo hemos avanzado. Hace unos años, en noviembre de 2011, decían otra cosa en otro tifo con cierto tufo a autosuficiencia, con la autoridad de quien mira a los demás por encima del hombro. Ese año, los aficionados del Real Madrid desplegaron unas pancartas hacia el final de un partido contra el Atlético de Mardrid en el que pedían "rival digno para derbi decente". Hoy el Real Madrid ya no se atreve a pedirlo porque saben que lo tienen. Ahora han pasado a sacar a relucir en sus tifos sus logros deportivos para hacerse ver más grandes que el rival. Ya el hecho de provocar ese cambio de actitud, ese respeto encubierto que no se atreven verbalizar, nos sirve a los atléticos para que sintamos orgullo.

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No puedo ser de otro equipo que no sea un equipo como el Atlético de Madrid. Ser del atlético tiene mucho de literario. Lo vivido el día del partido de vuelta de semifinales de la  champions fue pura literatura. Como buena obra literaria, la última noche europea en el Calderón, acabó como tenía que acabar: un final feliz a medias (porque los finales plenamente felices no existen en las buenas obras literarias), con una victoria moral sobre el eterno rival pero insuficiente, con un sueño acariciado con los dedos, un sueño líquido, que se desvaneció con el chaparrón a tres minutos del final y con el atlético mojándose a gusto, saltando, poniendo a prueba los sólidos cimientos del estadio Vicente Calderón, gritando ¡Atleti, Atleeetiii! mientras los rivales buscaban de manera ridícula e infructosa el refugio debajo de sus insuficientes chubasqueros blancos, torpes, sin saber cómo comportarse. Mientras, los aficionados queriéndose llevar su asiento de recuerdo a casa, desmantelando el estadio antes de tiempo, queriendo guardar para sí el recuerdo de una victoria con sabor a derrota, y los jugadores sin dejar de correr a pesar de que buscaban ya un imposible de verdad. Poesía sólo al ancance de Neruda. Ni Gabriel García Márquez hubiera imaginado un final mejor para el Vicente Calderón. Ni Sabina habría sido capaz de escribir mejor canción para grabar en nuestros oidos.

¿Qué se siente ser del Atlético? Amor infinito, incondicional.


domingo, 5 de marzo de 2017

La insoportable levedad del ser - Milan Kundera

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Libro: La insoportable levedad del ser 
Autor: Milan Kundera 
Editorial: Tusquets editores S.A.

ISBN: 978-84-8383-5123-8

PVP: 8,50 € en tapa blanda (Amazon)

Cuestión de contrapesos.

La insoportable levedad del ser, más que una novela es todo un tratado de filosofía, sociología y psicología (todo junto) en poco más de 300 páginas. La obra es minimalista para dejar amplio margen a la reflexión. Cuatro personajes pivotales, no más de seis escenarios en los que moverse, un momento sociopolítico concreto y un perro, casi al final, para dar forma a esa palabra tan compleja y que todos perseguimos y casi nunca alcanzamos del todo: la felicidad.

<<Si Karenin hubiera sido un hombre y no un perro, seguro que hace tiempo ya que le hubiera dicho a Teresa: "Haz el favor, estoy aburrido de llevar todos los días el panecillo en la boca. ¿No puedes inventar algo nuevo?". En esta frase está encerrada toda la condena que pesa sobre el hombre. El tiempo humano no da vueltas en redondo, sino que sigue una trayectoria recta. Ese es el motivo por el cual el hombre no puede ser feliz, porque la felicidad es el deseo de repetir>> 

Rara vez lo he leido tan claro.

Milan Kundera (Brno, Checoslovaquia, 1929-...)  expone en su novela esa teoría de pesos y levedades a través de cuatro personajes principales con los que juega a través de los contrapesos:

- Tomás: Cirujano de renombre con un vicio que contarnos: no puede huir del deseo de seducir a toda mujer que se le ponga por delante. De ellas extrae esencias hasta el punto de mezclárseles todas en la cabeza y llegar a no recordar nombres ni caras. De entre todas ellas, un día llega a llamar a su puerta Teresa, que le acompaña el resto de sus días. La recoge como quien recogió a Moisés del río y mientras vive con ella mantiene sus infidelidades bajo la cansina aceptación de ella. Nunca sabremos a ciencia cierta si la ama o no, ¿o sí? Juzgad vosotros, porque no queda del todo definido.

- Teresa: Aparece un día en la vida de Tomás y no se separa de él. Pasa de ser reportera gráfica a ser camarera y finalmente dejarlo todo para seguirlo a él. Parece que no está, pero su presencia es sólida en la vida de Tomás. Tomás se deja llevar por las circunstancias de él, de ella, y pasa de ser cirujano a un simple transportista en un pueblo sin nombre. Él soportando la pesada carga de sus decisiones, del destino que no quiso cuestionar, ella soportando la pesada carga de la culpa de sentirse responsable de haber abocado a Tomás a su destino, y ambos leves por haberse dejado llevar, soportando el peso de esa levedad de vivir sin comprometerse.

- Sabina: la "amante" por excelencia de Tomás. Mujer artista, bohemia. Ella sí que vive ligera como el viento. Pero en algún momento decide trasladarse lejos y separarse de Tomás y aquí empieza a sentir el peso de su decisión hasta el fin de sus días. Pero también decide alejarse de Franz para poder "ser" ella: de haberse quedado con él, no hubiera soportado el peso de vivir en un entorno carente de todo sentido para ella.

- Franz: Todo lo contrario de Sabina, su contrapeso. Él sí que llega un momento en que se enamora de esa vida que lleva Sabina, el contrapunto de una vida (su vida) llena de responsabilidades, y se deja llevar por esa levedad de existencia de Sabina, pero con el vértigo metido en el cuerpo porque Sabina, a la cual se entrega, es tan ligera que se le escurre entre los dedos. Al final de sus días, Sabina no es más que una mirada en los ojos de Franz, que le juzgan en el momento de su muerte.

Y con estos mimbres construye Kundera su discurso. Sólo faltaba el escenario, un entorno sociopolítico complejo, donde se rompan los firmes cimientos sobre los que necesita pisar el ser humano, donde los personajes tengan que tomar decisiones: si aceptar a la nueva cultura o revelarse y aceptar las consecuencias: la primavera de Praga del 68 que acaba con la entrada de los soviéticos para desmantelar esa idea del "socialismo con rostro humano" (leer más aquí)

Kundera fue testigo y parte de todo ese escenario y en su libro deja bien a las claras su pensamiento. Tanto es así que La insoportable levedad del ser fue publicada en el año 1985, pero su autor hubo de esperar hasta 2006 para verla publicada en su República Checa natal.

Más cerca del tratado filosófico que de una novela, La insoportable levedad del ser nos habla del peso de nuestras decisiones, de la aparente ligereza de nuestros actos, del ciclo de la vida,... y todo su mensaje va calando en el lector como una fina lluvia de otoño. Imposible explicar más, no quiero, porque explicarlo es romper la magia y explicar más de lo debido el viaje. Sólo te invito a que leas muy buena literatura. Aquí un adelanto:

 <<Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados en la eternidad como Jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el motivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno retorno la carga más pesada (das schwerste Gewicht). Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad. ¿Pero es de verdad terrible el peso y maravillosa la levedad?>>

Brillante, ¿no? Aunque yo de quedarme, me quedo con esta sencilla sentencia:

<<Allí donde habla el corazón es de mala educación que la razón lo contradiga>>

 


lunes, 24 de octubre de 2016

Tres noches - Austin Wright


Título: Tres noches.
Autor: Austin Wright
Editorial: Ediciones Salamandra S.A.
ISBN: 978-84-9839-609-7
PVP: 9,40 € en edición de bolsillo
Acabada "Tres noches" de Austin Wright, me doy cuenta de que se trata de un ejercicio metaliterario bien planteado aunque no muy bien acabado. Una pena, porque la propuesta es ingeniosa, aunque no cayó en las mejores manos, bajo mi punto de vista y la obra hubiera dado mucho más de sí.

De hecho la historia de la publicación así lo refrenda. Austin Wright terminó su novela y la vió publicada en USA en 1993 gozando de muy poco éxito. Digamos que pasó sin pena ni gloria. Incluso diríamos que su título "Tony and Susan", resulta de por sí poco atactivo, la verdad. Fue en 2010 cuando esta novela tuvo su segunda oportunidad y se reeditó en Reino Unido alcanzando tan buena crítica que fue vuelta a publicar en USA. Aquí en España se le llamó "Tres noches", un título algo más sugerente (solo algo más) que el original. Esta obra ha servido para una adaptación al cine titulada "Animales nocturnos", película del año 2016 dirigida por Tom Ford y protagonizada por Amy Adams y Jake Gyllenhaal que podremos ver seguramente en diciembre y que recibió el Gran premio del jurado en el Festival de Venecia. Por esto decía que la propuesta es ingeniosa, aunque hubiera necesitado mejores manos para convertirse en una gran novela.

"Tres noches" se trata de un ejercicio de literatura dentro de literatura, como decía al principio. Cuando la lean se encontrarán con dos novelas que avanzan en paralelo.

Sinopsis:

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Austin Wright
Imagen extraída de Google Images
Susan lleva una vida de rutinas aceptadas, no se replantea en exceso lo que pudo llegar a ser o si algún día tomó la decisión acertada o se equivocó. Un reencuentro es quien le devuelve una mirada al espejo, a ese momento en el que tuvo que decidir. Recibe una carta de su primer marido, Edward Sheffield acompañando al manuscrito de una novela que éste acaba de escribir. La novela se titula "Animales nocturnos". Edward le hace el encargo a Susan de que lea el manuscrito y le exprese su opinión crítica. Conforme vamos leyendo nuestra novela, nos encontramos con dos lecturas en paralelo, la de Susan que se sumerge en una lectura que le enfrenta a recuerdos del pasado y a cuestionarse las decisiones que han condicionado mucho su vida actual, y la novela que Susan lee, "Animales nocturnos", esa novela de Edward que encierra un mensaje críptico dirigido a su primera esposa y que poco a poco el lector irá desentrañando a la misma velocidad que Susan.

Son dos lecturas muy diferentes. La de la novela en sí, que es una reflexión contínua hacia los sentimientos y la construcción de la personalidad de Susan, ese mirarse al espejo que todos hacemos al alcanzar esa mal llamada mediana edad, y la de "Animales nocturnos" un thriller dinámico, donde los diálogos tienen mucho protagonismo así como las escenas contadas con un estilo muy directo y que no podemos parar de leer, estructurado en capítulos cortos llenos de acción.

No voy a desvelar mucho más para no hacer más spoiler del necesario, pero llamaría la atención en cómo ese rechazo inicial de Susan hacia el encargo de su exmarido, se va tornando en reflexión de si no debió seguir con él, de cómo sería hoy la vida a su lado,... y todo ello descubriéndolo entrelíneas a través del trabajo de escritura de Edward con su primera novela. También recomiendo que reflexionéis sobre ambos finales, los de las dos novelas, la que nosotros leemos y la que leemos junto a Susan. He leído en algunas críticas que esos finales son algo decepcionantes. A mí me han parecido muy buenos los dos. Juzgad vosotros y comentadlo por aquí.

Por último, en ese análisis que hace Susan del personaje creado por Edward para su novela Animales nocturnos. Se llama Tony, y Susan le termina odiando, desesperándose con sus decisiones, aunque finalmente termina entendiendo que esos sentimientos tienen su raíz en algo que termina entendiendo al final de la novela. Tal como se puede leer en el penúltimo capítulo "...en esa imagen fugaz de Tony el Blandengue hay un reflejo magnificado de ella misma."

Como nos dice el escritor y director Paul Auster, "la literatura es esencialmente soledad. Se escribe en soledad, se lee en soledad y, pese a todo, el acto de la lectura permite una comunicación profunda entre los seres humanos", sólo basta leer entrelíneas.