miércoles, 27 de febrero de 2013

La última lágrima

Una furtiva lágrima
Aut: Nicoletta
No puedo perdonarme el día en que su última lágrima se escurrió entre mis dedos sin poderla atrapar. Asomó por la esquina de su ojo izquierdo, el juguetón y vivaz, el que tiempo atrás repasaba mis imperfecciones, divertido, sin apenas inmutarse. Ahora se vació y luce marchito, apenas una hoja trémula agitada por el viento a punto de dejar su árbol y caer al vacío y cerrarse del todo, como lo hicieron sus labios después de decirme adiós. Esa última lágrima estaba tan cerca. Quizás un leve toque de entusiasmo la habría retenido en su cuna y hubiera salvado a su ojo de secarse para volver a lucir el brillo húmedo que siempre tuvo, el de una fuente chapoteósica y risonante.
Hoy su mirada es gris y asonrisada. Traspasa mi cuerpo más allá del rellano, y me siento el espectro de una tumba sin nombre. Su ojo busca un camino perdido o un infierno por recorrer y mi voz susurrada para no asustarla es un sordo aliento infecundo. La mesa de nuestros encuentros, antes barrera estrecha incapaz de poner freno a nuestros abrazos, se ha convertido en una extensa sabana inabarcable. Imposible que pueda escuchar mi voz por encima de los platos.
No puedo perdonarme el día en que su última lágrima se escurrió entre mis dedos sin poderla atrapar. Sólo me queda esperar agazapado, susurrando en sus sueños, invocando a la lluvia para que inunde sus ojos y me vuelva a mirar.

viernes, 15 de febrero de 2013

Jornada de puertas abiertas

Hace unos días escribí una breve reflexión sobre la reencarnación. La vida en Sorbos ha supuesto una apuesta personal por retomar una vieja afición que por razones que no vienen al cuento dejé en un momento de mi vida. En mi camino se cruzó una segunda oportunidad de retomar esto de escribir y tomé esa dirección sin dudarlo, porque algo, ese-no-se-qué al que aludía en mi reflexión, me dijo que debía hacerlo, que el tren pasa otra vez y que quién sabe si volverá a pasar. Desde entonces no he parado de caminar, de escribir. Hoy hace dos años que os invitaba a acompañarme en este viaje de sensaciones que es La Vida en Sorbos. Quería agradeceros el haber estado aquí, a los que seguís desde el principio, a los que acudís a veces, a los que estuvieron y hace tiempo que no los veo (los echo de menos), a los que me arengaron y también a los que me dieron una colleja, que también me la merecí seguramente. A todos y cada uno, gracias. Quisiera abrir esta puerta hoy para que dejéis, a modo de buzón, sugerencias para seguir avanzando, nuevas rutas, nuevos caminos. Al fin y al cabo vais en este  vagón y quiero que os sintáis cómodos, confortables.
¡Hoy toca jornada de puertas abiertas!

miércoles, 13 de febrero de 2013

La vida de Pi

Ayer por la noche tocó cine y ofrecí a mi hijo de once años elegir, aún a riesgo de acabar viendo dibujos animados enlatados. Él, en un acto de madurez sin parangón me sorprendió con la elección: La vida de Pi. Yo me agarré a su propuesta como a una balsa en una tormenta, y quién me iba a decir que precisamente de eso iba a estar viviendo en las siguientes dos horas y algo que dura la película. Me recomendaron que no fuera a verla con mi hijo pequeño aunque no me explicaron muy bien por qué. Nada. Pueden ir a verla con toda tranquilidad con un niño de once años. No le va a pasar nada y, todo lo contrario, es muy probable que en la tertulia posterior salgan temas interesantes de qué hablar, tal como a mí me pasó.
La vida de Pi es una de las películas con más nominaciones para los Óscar de este año, once en total: Mejor película, mejor director, mejor guión adaptado, mejor fotografía, mejor dirección artística, mejor sonido, mejor banda sonora, mejor canción original, mejor montaje, mejores efectos visuales y mejor edición de sonido. Por las nominaciones ya se puede ver un poco qué nos vamos a encontrar a destacar en la película, un nivel muy alto de perfección estética y visual. ¿Cómo es posible que un tigre, un chico hindú y una balsa, nos tengan agarrados al asiento durante dos tercios de la película? Sólo un maestro como Ang Lee, su director, es capaz de hacerlo. Es por eso que está ahí, entre los mejores, y sin ver Amor, Bestias del sur salvaje o Lincoln, y habiendo visto ya El lado bueno de las cosas, de la cual dejé ya referencia aquí en el blog, puedo decir que es claro favorito a llevarse la estatuilla a la mejor dirección.
La sinopsis de la película no dice mucho, porque la historia comienza cuando la película acaba y la interpretamos como lo que es, como una parábola. Pi Pattel vive en la India. Su padre regenta un zoológico en una ciudad. En ese período Pi va creciendo haciéndose preguntas sobre los dioses, las religiones y su propia existencia hasta el día en que surgen problemas con el suelo donde se asienta el zoológico que es propiedad del ayuntamiento y su familia decide emigrar a Canadá, no sin antes intentar vender en Estados Unidos a los animales del Zoo. Embarcan y durante la travesía se ven sorprendidos por una tormenta que hace que el barco donde viajan se hunda. Pi logra salvarse montando en un bote salvavidas donde debe mantenerse con vida compitiendo con el otro único superviviente: un tigre de bengala.

Hasta ahí todo bien, pero qué hay detrás de esta historia tan original como aparentemente simple. La vida de Pi, para mí, es una historia de la búsqueda interior, el encuentro del equilibrio entre la fe y lo racional, el dominio y la doma de esa fiera, de ese tigre de bengala que todos llevamos dentro. Ese inmenso océano, a veces en calma y a veces tormentoso, es el mundo que nos rodea, y nos influye, claro que nos influye. El único camino que nos queda para sobrevivir es ese círculo que formamos para construirnos, armarnos y luchar contra todo siendo nosotros mismos y que está representada por esa balsa, tan minúscula y frágil en un mundo tan inmenso y hostil, esa balsa que debemos mantener a flote a toda costa. Esa es la parábola. Lo que logra Lee al final es de maestro. Cómo nos "recuenta" la historia en un fotograma final dándole la vuelta a la historia como un calcetín y dejándonos la duda de si todo lo vivido en la película es real o irreal: sencillamente genial.
La vida de Pi es algo más también. Hacía tiempo que no apreciaba cómo narración y película pueden ir de la mano. En el cine estamos muy acostumbrados a "ver" una historia. En La vida de Pi sin embargo "nos cuentan" una historia, lo cual es muy distinto. Me sentí como si estuviera leyendo ese libro, La vida de Pi, del escritor Canadiense aunque nacido aquí en Salamanca Yann Martel, a pesar de no haberlo leído. Por esa razón, creo que es un serio aspirante a llevarse el Óscar a mejor guión adaptado, sin duda.
Si no han podido verla aún están a tiempo, aunque dense prisa porque pronto dejará de estar en las carteleras. Y si tienen un hijo de once, doce, quince años mejor, vayan con él y durante la cena hablen de estas cosas. Hay tan poco tiempo para hablar de estas cosas.


Ficha:
Título original: Life of Pi
Año: 2012
Duración: 125 minutos
País: Estados Unidos
Director: Ang Lee
Guión: David Magee (Novela La vida de Pi del escritor Yann Martel)
Música: Mychael Danna
Fotografía: Claudio Miranda
Reparto: Suraj Sharma, Irrfan Khan, Rafe Spall, Tabu, Adril Hussain, Sharavanthi Sainath, Ayush Tandon, Vibish Sivakumar, Gerard Depardieu
Productora: Fox 2000 Pictures

domingo, 10 de febrero de 2013

Reencarnación


¿Existe la reencarnación? Muchas civilizaciones creen en la existencia de la reencarnación como una cadena eterna de transformaciones que llevan a nuestra alma a una vida eternizada, embutida en distintos cuerpos. A través de esas distintas existencias, el alma aprende y aprende hasta alcanzar una especie de estado de liberación o conciencia que trasciende lo humano: el nivel máximo de conocimiento del mundo.
Creo en la reencarnación aunque no desde esa forma de ciclo eterno ya que todo cuerpo tiene un límite. Tengo mi propia teoría al respecto. Hoy más que nunca necesitamos de ese modelo de filosofía de muerte y renacimiento buscando cuantas reencarnaciones hagan falta a fin de encontrar sentido a nuestra existencia. Ese proceso dinámico, que bien podría decirse que está íntimamente unido al concepto de búsqueda de la felicidad, lo vivimos a diario. Cada poco tiempo nos encontramos en la encrucijada de tener que decidir entre dos, tres, cinco caminos, y hacemos lo que nos dicta el corazón, el alma o el ese-yo-que-sé que llevamos dentro. Algunas veces esos caminos que elegimos nos conducen hasta el borde de un precipicio y no tenemos posibilidad de volver ya que detrás de nosotros se han borrado las huellas y ha crecido un bosque que no nos deja ver el camino de vuelta, no hay vuelta atrás, nos decimos. En este punto nos toca decidir: o morir y volver a nacer, o sentarnos a esperar a que el tiempo haga su trabajo por nosotros. Lo que está claro es que para reencarnarnos tenemos que morir. Algunos eligen morir en ese momento y volver a nacer convertidos en otra persona distinta y vivir una nueva vida cargada de proyectos renovados. Otros sin embargo se ven paralizados por el miedo, y deciden morir en vida o vivir en muerte según se quiera ver, esperando a que sea el tiempo el que haga su trabajo y los mate de alguna enfermedad, cuanto más rápido mejor, o de puro envejecimiento. Otros sencillamente no soportan la indecisión y deciden acabar con todo de una vez, rápido, y no darse una nueva oportunidad.
Yo soy de los que se reencarnaron. No estaba contento con lo que era y decidí tirarme por ese precipicio y morí. Ahora tengo tres años, ya camino. Volví a nacer y me reencarné en escritor. Nunca es tarde. Estoy aprendiendo y aspiro a escribirte antes de morir ese libro que nunca hubieras leído si yo no habiera muerto.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Bye Bye Birdie - Marian Montesdeoca

Este fin de semana visité la exposición de Marian Montesdeoca "Bye Bye Birdie" en "La Cámara" en la calle Bencomo,23 en La Laguna (Tenerife). Es una exposición que no te deja indiferente. Marian es una artista que experimenta buscando conjunción de temática y técnica hasta alcanzar una simbiosis que encaja de manera exacta. En esta serie llamada "Bye Bye Birdie" usa una técnica que ya fue utilizada hace siglo y medio, allá por finales del 1800, por los fotógrafos, el colodión húmedo, consistente en vaciar una porción de esta especie de barniz llamado colodión sobre las placas sin revelar. Es un trabajo de artesanos que casi exige el revelado instantáneo según se toma la fotografía, de hecho, los que practicaban esta técnica, viajaban con el laboratorio a cuestas porque esta mezcla debía hacerse según se tomaba la fotografía.
El efecto conseguido es el que pude comprobar al visitar la obra. Marian Montesdeoca roba esas imágenes del siglo XXI y las transporta, como si de una máquina del tiempo se tratase, a siglos atrás. La composición de las escenas no está en modo alguno improvisada. Sus bodegones humanos, con predominio del desnudo y pocos toques accesorios, preparan al visitante para disparar en él la mirada curiosa, invitándoles a ser voujers y buscar detrás de cada conjunto esa historia que los modelos piden contar. Les invito a visitar de manera virtual su obra en la web de la autora, pero sobre todo en la exposición en "La Cámara" en La Laguna para los que estéis por Tenerife en estas fechas. Permanecerá abierta hasta el 20 de febrero.

web de Marian Montesdeoca: aquí

domingo, 3 de febrero de 2013

Las voces bajas - Manuel Rivas

Este mes de enero ha caído en mis manos el libro "Las voces bajas" de Manuel Rivas. Es el primer libro que hemos leído el club de los 1001 lectores, al que os recomiendo que os apuntéis, una iniciativa ambiciosa de La Esfera Cultural que nos permitirá aprender mientras leemos, una iniciativa que aspira a ser el club de lectura más grande del mundo.
Empezaré diciendo que Las voces bajas no es una novela. Lo digo de entrada porque me hubiera gustado saberlo antes de empezar a leerlo y no darme cuenta yo solo cuando iba ya por mitad del libro. Está escrito en forma de relato autobiográfico o diario de experiencias y narra, de una manera casi poética, cómo las vivencias entran de a poco en la infancia y la adolescencia así, a hurtadillas, como voces bajas o susurros. No hay un hilo conductor. Es como una sucesión de relatos que no tienen que ver unos con otros. Bueno, mentira. Quizás sí que haya un hilo conductor y se llama de María, la hermana del narrador que intuimos o seguro que es el propio Manuel Rivas. María siempre está presente hasta que deja de estarlo, y se adivina que ella es una presencia que marca, que va apuntalando el viaje de Manuel hasta la edad adulta.
No debe leerse Las voces bajas como una novela, más bien como un libro de relatos. Si se lee así, a quien le guste el verso en prosa o la prosa recargada de imágenes poéticas, disfrutará de muchos pasajes de Manuel Rivas en su libro, algunos cargados de ironía y otros cargado de melancolía. Me gusta su ironía, la ironía gallega:


"Hay una conversación que nunca olvidaré. Una propiedad inmaterial, del departamento de grabaciones
no autorizadas de la infancia. Una de esas en que, en el libro de la vida, se da a conocer de forma
espontánea la boca de la literatura. Vivíamos ya en Castro de Elviña. Aquel invierno entró a nado en
Galicia. Fiero, hosco y frío. Un aguacero interminable. Días sin poder trabajar, con el viento aullando
por los huecos de las obras. Mi padre lleva días inquieto, acorralado, soltando golpes de vaho en la
ventana, desde la que puede verse maniobrar la décima legión de las borrascas.
De repente, estalla:
—¡Quién me diese una semana en la cárcel!
Mi madre está haciendo calceta. Va a venir un ser nuevo. Está en camino. Lleva días, semanas, calcetando piezas de ropa muy pequeñas, a medidaque su vientre se agranda. Las largas agujas metálicas se han convertido en una prolongación de sus manos. Al detenerse de repente, entrecruzadas en el aire, crean una expectación.
—¡Y a mí siete días en el hospital!
María y yo estamos haciendo los deberes escolares en la mesa de la cocina. Nos miramos. ¿La
cárcel? ¿El hospital? El futuro promete..."


Si no está preparado el lector con lo que se va a encontrar como a mí me ocurrió, puede que se lleve una decepción. Los que lo leyeron y me oían decir "pero es que este libro no me está contando nada" me decían, "espera al final y verás por qué está escrito así", y tenían razón. Esto me hubiera gustado saberlo al principio, por lo que yo les recomiendo que se lo lean despacio, no más de un capítulo por vez y que disfruten del camino. Lo que sí no se le puede negar a Manuel Rivas es la recreación del paisaje y del ambiente que rodea las vivencias que relata. A mí me ha trasladado a esos paisajes donde nunca he estado pero que después de leer Las voces bajas, parecieran que formaron parte de mi vida. Debe ser que también fui niño como él, y que mi padre emigró a Venezuela como el suyo, y que vivir en la infancia en la Isla de El Hierro no ha de ser tan distinto a los ojos de un niño, que haber crecido en un barrio como Monte Alto "la proa de ese barco de piedra" que es A Coruña.

Puedes leer aquí el primer capítulo.

Y aquí puedes ver una entrevista al escritor para saber algo más de él: