sábado, 30 de abril de 2011

Sueños y ensueños.


Me fijé en él, sentado en la mesa de al lado. Daba pequeños sorbos a una copa de tinto aromático que acompañaba con media ración de buen jamón. Un perfume pasó a nuestro lado taconeando elegante y altivo sin reparar en nosotros. Él siguió su olor, olfateando hasta extraer la última gota de esencia deseando atraparla entre sus manos y sentir su tacto. Cuando se alejó del lugar, él arqueó las cejas y suspiró mientras sonreía. Bebió otro sorbo de la copa, que paladeó con deleite. El sabor del vino y el aroma recién atrapado, seguro que formaban una excitante mezcla en la que recrearse. Incluso, quién sabe si la ensoñación de una experiencia en la que seguir jugando en la noche.
Pidió la cuenta. Dejó una buena propina y se levantó. Tomó su bastón y se dirigió golpeteando los adoquines en dirección al paso de peatones a esperar que el piar del semáforo le indicara que podía cruzar. Yo me quedé sentado en la mesa un instante más recordando la espectacular  mujer que había pasado a nuestro lado. No recordaba su olor, sino sus piernas esbeltas y el pelo castaño y ondulado. Oí el piar verde del semáforo, volví la vista hacia él y lo vi desaparecer calle arriba. De camino a casa, no podía dejar de pensar: ¿en qué soñarán los que no pueden ver?, ¿en qué soñarán?

lunes, 18 de abril de 2011

El sexto dedo.

Entré en el último instante, justo en el momento en que el director hizo su aparición. Tras él, un espigado violinista de melena desordenada. Aplausos para recibirlos. Me senté en mi butaca y saludé con una sonrisa a la chica que se sentaba a mi derecha. Eché una rápido vistazo al programa que llevaba en mis manos sudadas: Nemanja Radulovic, se llamaba el solista y el Concierto para violín y orquesta en Re menor de Beethoven, lo que iba a interpretar. 

Oí los primeros acordes de la obra de manera desinteresada intentando recuperar el aliento perdido por las prisas en llegar. Más pendiente estaba de acomodarme en la incómoda butaca y de secar mi sudor que de lo que estaba escuchando. Pero algo hizo que el guión




domingo, 17 de abril de 2011

Oscurece en Edimburgo

La experiencia del grupo 7 plumas ha visto por fin la luz en versión papel. Amando, Ana, Francisco, Dácil, Anabel, Inma y Marcos, 7 escritores que no se conocían y que han unido sus siete manos para formar solo una en torno a una idea: Escribir un libro. Así nace Oscurece en Edimburgo.
El camino ha sido largo, pero la visión de sus creadores superó las adversidades de la dispersión geográfica de sus manos y las diferencias de estilos. Al final, como en una obra musical, las notas se han colocado en el pentagrama para generar un sonido de acorde perfectamente afinado, como si se tratara de una sola voz; como si se tratara de un solo autor.

Enhorabuena a los 7. Todo un ejemplo de tesón y entusiasmo.
Tengo el privilegio de conocer a algunos personalmente y a otros en la distancia y tengo que decir que son artistas auténticos. De los que suspiran por lo que hacen. De los que viven en lo que crean.
¡Muchos éxitos!.

miércoles, 13 de abril de 2011

El Mago de Las Palabras

Hay una norma lógica según tengo entendido que dice que para entender lo que se lee, es necesario saber el significado de las palabras. Es lógico, ¿no?.
Esto creía hasta hace muy poco, que leí un capítulo de un libro de Luis Cortázar. Era su novela Rayuela. Les recomiendo cualquier texto de Cortázar. Cada texto suyo es una obra de arte. Para mi, es el mago de las palabras. Yo me pregunto: ¿Cómo puede describir una escena empleando palabras carentes de significado?. Prueben a buscar una sola en el diccionario. En cualquier diccionario. Probad a leer este texto y decidme si sois capaces de no saber de lo que está hablando: