martes, 28 de julio de 2015

Rogelio Botanz, MUMES 2015

Rogelio Botanz recibió el pasado día 23 de julio el premio MUMES 2015, un galardón que premia el mestizaje. Escuchar a Rogelio en directo, créanme, es más que escuchar música. La sala de CajaCanarias, se llenó de sonidos pegados a la tierra, porque la tierra nos canta, sólo hay que tener ganas de escucharla. Rogelio traza una cadena musical y cancionil que tira de sonidos enraizados en nuestra niñez. Nos canta en canario, en amazig o vasco si te tercia, y nada desentona o suena extraño: esto sí que es mestizaje.

Imposible evitar que los ojos tiemblen al oír un tambor de El Pinar o unas chácaras gomeras. Imposible pedirle a Rogelio que se esté quieto y que no salte de Canarias a Marruecos y de Marruecos a Sudáfrica a cantar a Mandela. Imposible. Rogelio es desinquieto y o lo sigues, o lo sigues. Si no allá tú porque tú te lo pierdes ("son soberanos, ustedes deciden", le gusta decirnos), pero ese baile, si no lo bailas, te lo pierdes, ese Tajaraste no lo bailas si no dejas que tus pies se liberen y acompañen a tu corazón.

El pasado jueves fue más especial que de costumbre. Yo bajé a escucharlo. La cámara no me acompañó lo que quise, tenía las pilas en las últimas o no quería trabajar y se puso perezosa, a lo mejor sólo quería escuchar a Rogelio y nada de tomar fotos. Algo salió sin embargo, poco, pero algo salió. Ese Rogelio dándolo todo, esos Rogelios recordando, esos ecos de Marruecos, las palmas al aire, los teclados al dedo, algo salió. Viendo lo que salió, me siguen retumbando las tensas telas de los tambores, me llegan sus ecos.

En la sección de "te sugiero que escuches…" estará durante un tiempo la música de Rogelio y sus puntos suspensivos. Esos puntos suspensivos representan un continuará, y continuará, y nunca dejará de acompañarnos: su música.













sábado, 11 de julio de 2015

El olor de los ausentes - Inma Vinuesa

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Libro: El olor se los ausentes.
Autora: Inma Vinuesa
Editorial: Escritura entre las nubes
ISBN-13: 9788416385157
Páginas: 174
PVP: 11,40 (en Agapea on line)
“Alma Chinea Ortiz fallece en el domicilio. Hemorragia de parto. Signos evidentes de embriaguez. Cordón intacto. Niña viva. Latido activo”

Latido activo, niña viva. Se llama Rosa y huele a rosas. Ese cordón intacto simboliza el hecho de que los ausentes nunca dejan de existir del todo. Nunca.

“El olor de los ausentes” es la primera novela en solitario de Inma Vinuesa (Cádiz, 1967). Ya con anterioridad había participado en obras colectivas como “Oscurece en Edimburgo”, una novela a escote escrita por 7 autores, “La Laguna Esbrújula” formando parte del colectivo de escritores “La pluma Esbrújula”, y también las “Historias fonendoscópicas”, una publicación del Colegio Oficial de Médicos de Tenerife. Esto es muy distinto, es una apuesta personal, única. “El olor de los ausentes” es su primer paso como escritora, un paso firme, seguro, al frente, decidido. Leyendo “El olor de los ausentes” sé que pronto vendrá otro paso y  otro más y otro porque Inma Vinuesa es escritora, se huele: Su pluma ya es imparable.

Os contaré un poco la historia, pero poco, porque precisamente uno de los encantos de la novela está en acompañar a Rosa, la protagonista, en ese viaje de búsqueda, tirando de ese cordón umbilical intacto. Rosa nace en el primer capítulo, bañada de sangre y alcohol, temblorosa. Rosa nace y Alma muere, su madre muere. Continuo mortal-vital, herencia de vida, condena de muerte. Eso marca la vida de Rosa y será el eje de la trama. En muchas de las reseñas que he encontrado del libro, incluso en la sinopsis de la propia novela (que recomiendo no lean porque revela claves),  encuentro frecuentes referencias a que se trata de una novela de amor. En cierto modo es así, pero no del todo. El amor es el motor que mueve la búsqueda, que es en realidad de lo que trata el libro. Una búsqueda que dé sentido a la existencia de Rosa, que de coherencia a sus sentimientos.
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Inma Vinuesa
Autora de El olor de los ausentes

Inma Vinuesa escribe con un estilo que envuelve. Ese es quizás su rasgo característico. Atrapa. Su primer capítulo nos eleva las pulsaciones y a partir de ahí empieza el ritmo literario, que se acelera y ralentiza para no dejar escapar al lector. Libros intensos (ustedes lo saben como buenos lectores que son) nos provocan huidas periódicas porque necesitamos respirar y libros estáticos también, pero en forma de aletargamientos del lector. “El olor de los ausentes” sin embargo juega muy bien con los tiempos. Muchos de los que lo han leído coinciden en afirmar que no han podido parar hasta terminarlo. Ese es el secreto: el ritmo. Inma Vinuesa lo ha trabajado muy bien echando mano de artificios de buena escritora: intensidad y pausa, capítulos breves llenos de esencia, sensibilidad, erotismo, mucha coherencia narrativa y todos estos ingredientes en sus dosis justas, como los buenos perfumes.


Finalmente toca hablar de su osadía como escritora sin complejos. Inma prueba cosas nuevas, distintas, como esos dos finales escritos o los demás sin escribir, los que el lector sea capaz de imaginar: que elija el lector que para eso está ahí desde el principio. Leyendo uno u otro final, o los dos y el mío, llegamos todos, ellos, yo, a la misma conclusión final; que las ausencias son presencia en sí, que está justo ahí delante, donde no la ves, tan cercana que la puedes oler aunque no la puedas tocar, y todo es así porque necesitamos que no existan las ausencias para tenerlas que buscar. En eso consiste el amor ¿no creen?, en buscar con la inquietud de encontrarnos con él, porque somos humanos y tenemos miedo a lo desconocido. No, si al final van a tener razón los críticos: ¿será una novela de amor?