miércoles, 22 de agosto de 2012

Los enamoramientos - Javier Marías

Libro: Los enamoramientos.
Autor: Javier Marías
Editorial: Alfaguara.
ISBN: 978-84-204-0713-5
401 páginas.
Precio: 19,50 € (12,34 € en versión
para e-book en Amazon)
Babelia la catalogó en 2011, por votación de cerca de 60 críticos y colaboradores de la publicación como la mejor novela española de 2011. Así llegó a mis manos las pasadas navidades, como un regalo de Reyes: "Para ti, lo mejor de lo mejor" me dijo Melchor. Y oye, que me lo creí.
He tardado en leerla, no por falta de curiosidad sino porque se puso a la cola de los no leídos, y yo en eso soy muy estricto: cada cual que espere su turno, por muy Javier Marías que se llame. Le tocó el turno este verano. La verdad es que no tenía referencias de Marías, salvo las que he leído o comentado con algunos amigos sobre su manera de escribir, y entre estos últimos los hay desde incondicionales admiradores, como mi profesora Antonia Molinero, hasta los que atufan la nariz como si les estuviera dando a oler amoniaco.
Si tuviera que resumirles el libro "Los enamoramientos", diría que es una obra que cuenta de una manera muy compleja una historia muy sencilla. Así de rápido.
Al final del libro, aparecen citas de algunos críticos intentando definir el estilo de Javier Marías. De todos ellos me ha llamado la atención W.G. Sebald, que dice de Marías que "Utiliza el lenguaje como un anatomista el escarpelo, para dejar al desnudo los más íntimos secretos del ser humano". Después de leerlo, les aseguro que es así de acertada la descripción.
El autor de "Tu rostro mañana", se mete en la piel de un narrador en primera persona, perdón, en este caso narradora, porque Javier Marías hace honor a su apellido y se convierte en María Dolz, la cual trabaja en una editorial (hábil selección de profesión para dar credibilidad a su manera tan refinada de expresarse). María va a desayunar cada mañana a una cafetería frente a la editorial donde trabaja y ahí contempla desde la distancia a una pareja: Miguel Devern y Luisa, a los que María da el nombre de "la pareja perfecta" siendo ella para ellos, sin saberlo, "La joven prudente". No se a ustedes, pero a mi me ha pasado, y mis desconocidos compañeros de café también tienen nombretes. Estos idílicos encuentros se ven interrumpidos de manera brusca por el asesinato de Miguel Devern a manos de un vagabundo. El libro, de hecho, empieza así, directo al grano:

"La última vez que vi a Miguel Desvern o Devern fue también la última vez que lo vio su mujer, Luisa, lo cual no dejó de ser extraño y quizá injusto, ya que ella era eso, su mujer, y yo era en cambio una desconocida y jamás había cruzado con él una palabra."

Este hecho simple, sirve a Javier Marías para tirar de la madeja de los sentimientos, con mucha paciencia y oficio, y llevarnos hasta los más básicos efectos que la muerte produce en los que continuamos vivos: melancolía, dolor, aturdimiento, desesperanza,... Pero luego nos sorprende con una vuelta de tuerca poniendo un tema sobre la mesa: ¿es bueno que los muertos vuelvan al cabo de un tiempo? A priori pareciera que sí, pero eso traería multitud de problemas, porque las vidas continúan y no se puede volver atrás. A mi me recuerda en algo aquella película, 'Náufrago' protagonizada por Tom Hanks, en la cual este vuelve, después de que todos lo dieran por muerto, y encuentra que la que era su novia está felizmente casada con un dentista, y él pensaba que las cosas estaban como las dejó, cuando nunca es así, porque los vivos tenemos que rehacer nuestras vidas y seguir adelante, y mejor los muertos que se queden tranquilitos allí donde les ha tocado ir, por suerte o por desgracia. Javier no se vale de la película, pero sí del libro "El Coronel Chabert" de Balzac  (del cual recientemente incluí una reseña) para ilustrarnos en esta suposición.
En la segunda parte del libro, Javier aborda otro tema: el enamoramiento en forma de construcción desde la nada y producto de los azarosos encuentros, o también como consecuencia de un plan premeditado, calculado, donde no hay que escatimar esfuerzos ni dejar nada al azar, porque todo vale a fin de lograr el ansiado amor: y cuando digo todo, es todo.
Yo he sentido al leerlo, que tiraba de una inmensa madeja y al final, sobre la mesa, quedaba un solo hilo, con su principio y su final. ¿Se puede ser tan minuciosamente preciso en la vida cotidiana para explicar los sentimientos? Afortunadamente, en la vida real esto no ocurre, tal como nos comenta en una entrevista Javier Marías, ya que terminaríamos todos locos (les recomiendo, sobre todo a aquellos que tienen inquietudes en escribir que la vean: es corta y dice mucho). Él da mil vueltas a una idea hasta que te dan ganas de decir algunas veces, "vale ya Javier, que ya lo he pillado, que no soy tonto" pero en otros pasajes te dan ganas de decir, "sigue Javier, sigue, lo he entendido, sí, pero me da igual, quiero que sigas" porque su dominio del lenguaje nos regala pasajes que bien parecen una sinfonía llena de matices.
Para los que no la hayan leído: si buscan al leer una novela acción, con muchos personajes, trama compleja e intriga. Si buscan esa novela que los enganche y les tengan que arrancar el libro de las manos. No es vuestra novela. Si por el contrario, sois del tipo de lector que disfruta de pasajes siguiendo las líneas del lenguaje bien escrito. Si son de esos lectores a los cuales les gusta llegar a conocer a los personajes hasta olerles el tuétano. Si tienen ganas de profundizar sobre temas trascendentes de la humanidad, como son el amor, la muerte o la envidia. Este es vuestro libro.
A mi me ha enamorado. Pero soy un lector fácil, y a veces me gusta leer un buen libro de acción y dejarme llevar, pero a veces me gusta rebañarme la mollera y disfrutar con la escritura.
Repetiré con Javier Marías, pero dejaré pasar un poco de tiempo. No es escritor para leer una novela tras otra.      

jueves, 16 de agosto de 2012

Libertad. Jonathan Franzen

Nombre: Libertad
Autor: Jonathan Franzen
Editorial: Salamandra
páginas: 667
precio: 25 € (también disponible en
edición de bolsillo a 12€)

Está catalogada como la gran novela americana del siglo XXI: ‘Palabras mayores’. Este tipo de valoraciones siempre hay que hacerlas con la perspectiva del tiempo y ya veremos hasta dónde llega su estela, pero lo que sí es cierto es que se trata de una buena novela, de las mejores que he leído últimamente. 
En la primera página, eso sí, debería ir la indicación en forma de advertencia: ‘Se sugiere al lector que aguante las primeras cien páginas: no quedará defraudado’. El lector debe tener un poco de paciencia y aguantar el tirón de las primeras páginas, y realmente valdrá la pena, ya que a partir de ahí Franzen nos sumerge en una compleja y a la vez fascinante red de sentimientos muy cercanos que nos hacen reflexionar acerca de las consecuencias de la Libertad de elegir en nuestros caminos. A mi me queda después de leer el libro una pregunta cíclica, de esas del tipo ‘el pez que se muerde la cola’ o ‘¿qué fue primero: el huevo o la gallina?’: “¿somos libres de elegir o somos esclavos de nuestras decisiones?”.
Franzen nos lleva hasta ahí con un relato de ficción, pero de esa que le gusta. Él se ha empeñado en cambiar la novela de ficción, contando ficción creíble. Digamos que 'Libertad' es novela-de-ficción-social, en la cual Frazen construye, en los sentimientos de los personajes, los anclajes necesarios para que pueda  agarrarse el lector y que éste se sienta parte de la historia.
'Libertad' está escrita en un momento post-11S, y eso se respira en cada rincón. Un acontecimiento que hizo replantearse al pueblo americano la consistencia de sus propios cimientos. Después del 11-S los americanos se preguntaron lo acertado o no de sus decisiones en referencia a la intervención en Irak, la fragilidad de su ‘seguridad a prueba de bombas’ o su ‘libertad de elegir sin preguntar a nadie’. Franzen se vale de una familia media americana, los Berglund, y contando su historia durante tres generaciones nos habla de cómo las decisiones que va tomando cada uno condiciona sus existencias y también los cambian a ellos mismos, haciéndolos en determinados momentos, irreconocibles para los suyos. Uno de los aspectos más llamativos, y que desde el punto de vista literario habla de la talla de Franzen como narrador, es que usa distintos tipos de narradores, y esta elección nos permite entrar y salir de la mente de cada personaje principal y familiarizarnos con su forma de pensar y el porqué de sus decisiones. Este recurso (necesario a mi modo de ver para escribir este libro), y al que recurren algunos escritores, es complicado que no termine por desquiciar al lector y termine por hacer a la obra poco creíble, pero en Libertad, todo lo contrario, ya Franzen se vale de hábiles recursos para que esto no ocurra. Creo que ahí está el secreto de por qué me ha gustado tanto.
Por lo demás, no falta ningún ingrediente ya que tenemos trama política, falsa ecología desinteresada, personajes que viven fieles a sus creencias, amores, desamores, psicoanalistas (¡cuánto ha hecho Woody Allen por los psicoanalistas!, deberían de poner un busto de él en el colegio de psicoanalistas), cuernos, drogas, alcohol, y hasta rock n’roll.
No se sientan obligados a leerlo. Siéntanse libres de hacerlo. Lo que si os digo es que 'Libertad' merece la pena y que ya ocupa un lugar privilegiado en mi biblioteca. Vosotros mismos...

domingo, 12 de agosto de 2012

El Coronel Chabert - Honoré de Balzac.

Libro: El Coronel Chabert
Autor: Honoré de Balzac
107 páginas
Precio: 11 €
"...yo me marcho a vivir al campo con mi mujer, París me produce horror."
Así tenía que acabar esta trama que Honoré de Balzac llamó El Coronel Chabert, una novela corta que nos pinta un retrato, que aunque fue pintado en el año 1.832, tiene los colores de muchos de los males, que aún hoy, llenan las páginas de los periódicos que leemos. No es de extrañar que quien pronuncia la frase, el procurador Derville, acabe queriendo cerrar página e irse al campo en busca de aire fresco.
En 'El Coronel Chabert', Balzac nos habla de amistad y honor, pero también de justicia e injusticia, de cómo se puede llegar a desear morir viviendo después de experimentar el dolor de la pérdida de la propia identidad y verse despojado de todo lo que un día fue una vida llena de honores reconocidos y elogiados.
Una lectura ligera, bien escrita y estructurada con mucha agilidad, en un formato que más parece tratarse de una obra de teatro que de una novela en sí. Los ambientes son muy bien recreados y los diálogos nos hacen reconocer a los personajes hasta tal punto de ser capaces de vivir sus sentimientos sin necesidad de más descripciones.
El mensaje es sencillo y directo. Por esa razón llegamos a sentirnos identificados con los sentimientos, resultándonos difícil dejar de tomar partido por los diferentes planteamientos: no se sorprendan si sienten pena por unos e indignación y rabia por otros. Quizás el secreto esté en la familiaridad, a pesar de la distancia temporal, de los escenarios retratados, donde vemos campar a sus anchas la ambición sin límites morales o el engaño sin tregua como arma para salvar, sin escrúpulos, las posiciones de privilegio.
Es una lectura fresca, sencilla y con contenido, directa y sin tapujos, que nos hace reflexionar y convencernos de que ningún tiempo pasado fue mejor y que a lo mejor, sobre todo en lo que a la condición humana se refiere, vivimos como vivíamos y seguiremos viviendo.

lunes, 6 de agosto de 2012

Aplausos un cinco de agosto.

Ayer el cielo se tiñó de rojo mientras veía la estela amarilla de un cometa. Casi al mismo tiempo me enteré de que nos dejaba La Grande y que de nuevo El Grande se hacía Grande, Enorme, Leyenda. Casi al mismo tiempo me enteré de que La Grande, La Dama del Chal Rojo, La Gran Chavela daba su último suspiro y de que El Grande, La Gacela de Jamaica, Usain Bolt volvía a superar, con insultante solvencia, a sus rivales en la final de los 100 metros lisos.

Chavela Vargas era grande. Grande y única. No tuvo que morir joven, como otras, para ser un ídolo. Empezó a cantar de profesional con treinta años, después de haberse bebido un tercio de su vida de bar en bar,  cantando, según dicen quien la vieron, en pantalones y con su pistolón ceñido a la cintura. Siguió bebiendo gran parte de su vida hasta que lo dejó 'joven', a los 79 años, según reconoció en sus memorias, después de haberse bebido "todo el alcohol del mundo". Ella eligió mirar de frente al mundo a ritmo de rancheras y desafiante cantó a las penas del hombre y a los dolores del amor, porque el amor también duele cuando no es correspondido, como le pasó con Frida Kahlo, a quién no tuvo pelos en la lengua para reconocer que amó por ser "una de las mujeres más hermosas que vi en mi vida". Yo hubiera querido conocerte Chavela, igual que Frida, igual que Diego Rivera, 'tu hermano', igual que Sabina o Almodóvar.



El caso de Usain Bolt es distinto. Es otro tipo de ídolo. Ayer lo vi volar de nuevo. Tuvo una vida más fácil que la de Chavela, sin lugar a dudas, ya que vivió su niñez tan acomodado que según él mismo confiesa, no pensaba, siendo pequeño, en otra cosa que no fuera el deporte. Ayer voló sobre Londres y paró el crono en 9,63 seg, el segundo mejor registro de la historia y nuevo record olímpico. Pero tampoco su camino hasta aquí ha sido un camino de rosas. Bolt tiene la pierna derecha más corta que la izquierda: ¡casi centímetro y medio! El suyo es un caso de 'deportista de diseño'. Su anterior entrenador, Friz Coleman, lo hizo correr y ejercitarse hasta romperlo literalmente en Atenas 2004, y provocarle una escoliosis de la que nunca se va a librar. Después de plantearse dejarlo, fue su actual entrenador Glen Mills quién lo rehabilitó para la alta competición trabajando con su cuerpo conjuntamente con un equipo médico y rediseñando a Bolt. El resultado lo pudimos ver ayer, y siempre con esa sonrisa y ese desparpajo ante las cámaras, esas habilidades mediáticas que lo han llevado a superar en su país, en popularidad, la gigantesca figura de Bob Marley.




Ayer repartí aplausos por igual, para mi admirada y entrañable Chavela y para el gran Usain.