martes, 29 de enero de 2013

El lado bueno de las cosas


Este pasado fin de semana tocó cine y me fui directo a intentar descubrir por qué se habla de la sorpresa que supone tanta nominación para la última película de David Russell, “El lado bueno de las cosas (Silver linings Playbook)” que se ha llevado nada más ni nada menos que ocho nominaciones. Además no nominaciones del montón sino nominaciones de las que yo llamo el premio gordo: mejor película, mejor director (David O. Russell), mejor actor principal (Bradley Cooper), mejor actriz principal (Jennifer Lawrence), mejor guión adaptado, mejor actriz de reparto (Jacki Weaver), mejor actor de reparto (Robert de Niro) y mejor montaje. ¡Tantas nominaciones como Los Miserables!
La historia es una mezcla de amor, de locura (no solo de los protagonistas, que ya lo son, sino de todo lo que les rodea) y de deporte y baile incluso. ¿Que cómo se come esto? Pues allá va. Para empezar, esta cinta está basada en el libro de Matthew Quick “Un final feliz”. Ya nombrándoles el título del libro seguro que creen que les chafo el final, pero no es del todo cierto, ya que Pat, nuestro protagonista, está harto de que los guiones estén prefijados, de que Heminway en su libro "Por quién doblan las campanas" elija que aquello tenga que acabar mal, y él quiere que la vida no sea así, que él puede escribir su final, que su final tiene que ser feliz. La película cuenta la historia de dos “locos”, Pat y Tiffany. Pongo lo de locos entrecomillado porque a ratos parecen los más cuerdos de todos. Pat acaba de salir de una institución psiquiátrica acompañado de su Madre hiperprotectora Weaver. Allí se encontraba encerrado por haber propinado una paliza al amante de su esposa y también por ciertos brotes psicóticos que había tenido antes. Se propone renacer, reconstruirse de cero para volver a conquistar a su esposa de la que tiene una orden de alejamiento. En ese camino de reconstrucción se cruza con otra “bala perdida”, Tiffany, que intenta superar la trágica muerte de su esposo tirándose a todo el barrio. Juntos emprenden un proyecto personal que sirve de punto de encuentro y modo de ir derribando muros hasta redimirse juntos con la vida para volver a nacer. Esto les resultará difícil teniendo a tanto loco alrededor: un padre obsesivo compulsivo, un hermano que disfruta y se regocija habiendo sido el mejor de la familia, un amigo obsesionado por su pelo, otro amigo que se encierra a solas en el garaje poniendo música de Mettallica para dar golpes que alivian el agobio de la vida que tiene que mantener en su casa “perfecta” con su esposa “perfecta” y su niña recién nacida “perfecta”,... 
Es una comedia, bueno mejor dicho trajicomedia romántica, no se los voy a ocultar, pero de las películas del género, digamos que es la mejor que he visto en mucho tiempo. Intenta ser original y lo consigue. Se me puso una sonrisa desde el principio que no desapareció hasta el final, y eso en los tiempos que corren es de mucho agradecer. Siempre tuve la sensación de conocer lo que iba a pasar al final, y de hecho empiezan a colarse lentamente, a cuentagotas, los tópicos necesarios de toda comedia romántica, pero no me molestaron, a mi modo de ver el director los añadió, casi al final, en su dosis justa y necesaria (poco empalagosos, vamos). Me quedó el recorrido. Una reconstrucción de vidas deshauciadas, desde cero, desde la locura, hasta reinventarse. Mucho tenemos que aprender los cuerdos de estos dos locos. No busquen muchas pretensiones de peliculón a pesar de las nominaciones. Pero vale la pena verla.





Ficha técnica:
Título original: Silver Linings Playbook.
Año: 2012
Duración: 120 minutos.
País: USA
Director: David Russell.
Guión: David O. Russell (Libro “Un final feliz” de Mattew Quick)
Música Danny Elfman
Reparto: Bradley Cooper, Jennifer Lawrence, Robert de Niro, Jacki Weaver, Chris Tucker, Julia Stiles, Anupam Kher, John Ortiz, Shea Whigham, Dash Milhok, Paul Herman, Brea Bee.

domingo, 27 de enero de 2013

Noa y los dioses del tiempo - Ana Joyanes Romo

Libro: Noa y los dioses del tiempo.
Autor: Ana Joyanes Romo
Ediciones Idea
ISBN: 8499418767
280 páginas
PVP: 17,95 €

Noa existe, y es real aunque no lo crean: Yo la vi. Se llama así, Noa, y nació un uno de diciembre a las 11:16 h, ni un minuto más, ni un minuto menos. Noa es hija de una madre de agua y nieta de un abuelo de tierra y su abuela es de fuego. Con semejante combinación en nuestra protagonista, ¡cómo no iba a salir un libro tan lleno de fuerza!
Ana Joyanes escribió "Noa y los dioses del tiempo" usando como piedra angular de la historia esa premisa y su libro, como no podía ser de otra manera, ha salido muy explosivo porque el agua, la tierra y el fuego son tan imposibles de combinar que solo pensarlo es para echarse a temblar. Pero no se preocupen ya que todo está pensado y en "Noa y los dioses del tiempo" también hay dioses que vienen a poner algo de sosiego y razón a hechos tan tumultuosos. 
En Marinia se para el tiempo, y lo hace justo el día y a la hora que nace Noa, las 11:16 h. Marinia se convierte a partir de ahí en un minúsculo punto geográfico donde los dioses del subsuelo y el cielo han decidido librar su batalla y para demostrar quién es más poderoso. Sus habitantes ante tales muestras de fuerza se polarizan en dos bandos desatándose una auténtica guerra civil. Solo una persona como Noa, dotada de una cualidad especial, parece ser la única capaz de evitar que Marinia y sus pobladores desaparezcan víctimas del caos generado.
Ana Joyanes
Ana Joyanes escribe con mucha fluidez, ya lo pude comprobar después de leer Lágrimas Mágicas y sobre todo en  Sangre y fuego, pero con "Noa y los dioses del tiempo" Ana da un paso más y nos va lleva de la mano a través de una historia circular o en espiral según queramos verla que encierra un mensaje que, a pesar de venir de un libro del género fantástico o épico, está más cerca de la realidad de lo que podemos imaginar. Ana nos habla de cómo los humanos, que a veces nos creemos dueños de la verdad jugando a ser los dioses que no somos, preferimos destruirlo todo desbalanceando el equilibrio de las cosas aún a costa de nuestra propia existencia. 
Iván Gonzalez, el día de la presentación del libro, hizo una intervención brillante y de entre las muchas verdades que dijo, me quedó grabada una frase: “Noa y los dioses del tiempo tiene su propia banda sonora”. Les puedo decir que es cierto. A poco que lo lean como hay que leerlo, en silencio y paladeando los pasajes, podrán oír el sonido de la escritura de Ana. Con pocos libros he tenido esta sensación. Es como si tuviera corazón y éste latiera con fuerza. Hace unos días, tomando un café con ella, me contaba una historia sobre un personaje secundario, casi inapreciable en el libro, Lorenzo, un fabricante de instrumentos de madera. Este personaje, extraído de la realidad, encierra en sí mismo una historia que daría para otro libro y que solo escucharla contada por Ana me hizo remover por dentro. Ahí descubrí, durante ese café, porqué sentí cosas distintas con la lectura de Noa y los dioses del tiempo que con otros libros: si es que al final, cuando un libro nos toca el alma, es porque el escritor ha puesto algo de sí mismo, de lo que ve, de lo que vive, de lo que es.  

miércoles, 23 de enero de 2013

Un brindis por mi


¿Que por qué vengo yo aquí? ¿A mí qué me pregunta? Es mi madre la que dice que estoy enfermo y que digo cosas raras de que me quiero morir. Pero yo no estoy loco, estoy bastante cuerdo, más que ella. ¿Cómo? ¿Desde cuándo pienso esto? Creo que fue desde que mi novia me pidió casarnos porque estaba embarazada. Dice que ocho años de noviazgo son demasiados. Igual lleva razón, pero es que yo nunca le dije que me quisiera casar, solo vivir juntos, como novios, como cuando estábamos en la universidad. Lo del niño no estaba previsto, es cierto, pero no me parece que el que no me quiera casar sea un acto de egoísmo. Por ejemplo, yo nunca le he sido infiel aunque haya tenido oportunidad y a mi siempre me ha gustado ella, pero me ha gustado así, de novios. Ya se que usted no me ha preguntado si le he sido fiel o infiel, pero se lo cuento para que vea que no soy egoísta, que pienso en ella también y también en mi y en el hijo que espera, y yo no quiero casarme aunque ella quiera. Nunca se lo oculté ¿Es eso malo? No, ¿verdad? Pues eso.
Sí, me intenté quitar la vida como usted bien dice, pero deje que le cuente. Las personas en el mundo que hemos conocido hasta ahora, han buscado la eternidad. El otro día leí, o no, creo que lo vi en un reportaje. Bueno, da lo mismo, el caso es que decían o leí que hace cien años la esperanza de vida de un ser humano aquí en España era de cincuenta años. Hoy es de setenta y cinco u ochenta, ya no me acuerdo. Pero es que hasta ahora valía la pena vivir mucho. Había trabajo. Como llevabas años cotizados te podías jubilar y si te cuidabas un poco estabas hecho un chaval. En los trabajos ganabas lo suficiente para comer y para comprarte varias casas y encima te sobraba para ir al cine todos los fines de semana que es lo que a mí más me gusta. Así valía la pena casarse y hasta tener hijos. Tres. Me gustaría tener tres. ¿Que por qué? No se. Me gustan los números impares, y uno no me gusta porque es muy triste ser uno, que me lo digan a mí, y cinco hijos son demasiados.
Bueno, lo de triste por ser hijo único lo digo porque siempre eché de menos tener un hermano. Mejor un hermano menor que uno mayor que yo. ¿Qué por qué?, pues porque me gusta enseñar pero no me gusta mucho que me enseñen. ¿Mi infancia? Pues creo que pudo ser menos triste a poco que mis padres se hubieran molestado un en escucharme. Por ejemplo, mi padre me enseñó a leer antes de que fuera a la escuela, y yo me pregunto ¿qué prisas había? Siempre quiso también que fuera el primero de la clase y que estudiara piano porque él no tuvo tiempo de hacerlo y yo tenía todo el tiempo del mundo. Pero si yo tenía todo el tiempo del mundo, el tiempo era mío, no de él digo yo ¿Sabe usted lo duro que es que una misma persona tenga que ser todo lo que los dos padres no pudieron ser al mismo tiempo? ¿Todo junto? ¿Se ha parado a pensarlo? Pues ese soy yo.
Sacaron de mi todo lo que quisieron. Toco el piano y soy ingeniero porque es la profesión que quería mi madre. No se por qué se empeñó en esa profesión si creo que el único ingeniero que conoce soy yo. Será porque suena así como muy interesante. Sí. Ella dice mi hijo es ingenieeero poniendo ese énfasis en el diptongo: ingenieeero. Lo que no dice es que no hay curro ni lo va a haber, sino que la cosa está difícil y eso de que a ver si cambian las cosas. Ilusa…
Pues no. Usted está equivocado. Aunque me diga que lo que le he contado no tiene nada que ver, sí que tiene que ver. No soy egoísta como le dije, así que quitándome del medio soy un parado menos que mantener para este país, mis padres no me dejarían herencia, sería yo quien les dejaría la herencia de terminar sus días pensando ¿en qué hemos fallado?, y Susana, mi novia, sería libre para buscar un mejor partido con el que poder casarse y ser feliz y darle un mejor padre para nuestro hijo. Pero quiero morir así cogiendo a todos por sorpresa, haciendo que no se cumplan las reglas de la lógica, muriendo antes que mis padres y sin conocer a mi hijo. Me iría sin irme, ¿lo entiende? Quedaría de mí una especie de aura de misterio, una presencia ausente, alguien que pasó por el mundo y dejó sus cosas sin acabar esperando eternamente a que vuelva para acabarlas. ¿Se imagina? Mis amigos me recordarían cuando fueran al pub La Mosca, ¿ha estado? Se lo recomiendo. Allí nos vemos todos los primeros viernes de cada mes. Brindarían por mí. Dirían aquello de ¡por Fede! Sí, yo no estaría para oírlo, es cierto, pero en el último momento, justo antes de morir pensaría en ello y así se me quedaría  una sonrisa congelada y la gente en el velatorio al verme la cara pensaría: Pero si Fede se quitó la vida y se le ve tan feliz, ¿realmente era feliz? Ahí les quedaría la duda. Yo no se los pienso aclarar.

domingo, 20 de enero de 2013

Claus y Lucas - Agota Kristof

Título: Claus y Lucas
Autor: Agota Kristof
El Aleph Editores, S.A.
ISBN: 8476697104
448 páginas
pvp: 25,60 € 

Claus y Lucas es de esos libros en los que me he sentado a intentar escribir una reseña y lo primero que me digo es: a ver, ¿por dónde empiezo? Voy a empezar explicando qué es Claus y Lucas desde el punto de vista estructural. Agota Kristof (Csikvand, Hungría, 30 octubre 1935 a 27 de julio de 2011) escribió la historia de Claus y Lucas como una sola aunque en realidad se trate de tres libros que Agota escribió entre 1986 y 1991. Sus títulos son El gran cuaderno (1986), La prueba (1988) y La tercera mentira (1992), que deben ser leídos en ese orden. Hasta aquí todo bien, ¿no? Es a partir de aquí donde empieza el galimatías.
En el primero de los libros, El gran cuaderno, que fue merecedor del premio Europeo de Literatura Francesa en 1986, Agota cuenta la historia de los gemelos Claus y Lucas T., abandonados por su madre al cuidado de una abuela cruel y carente de sentimientos y de cariño hacia sus nietos. En ese entorno, que ubicamos en la Hungría de la ocupación alemana durante la segunda guerra mundial, Claus y Lucas aprenden a sobrevivir a base de ser espectadores de una cruda realidad, haciéndose fuertes a base de pruebas de supervivencia y viendo a diario un mundo que plasman en un cuaderno a modo de diario. El narrador, en primera persona del plural, ya nos deja entrever que Claus y Lucas funcionan como un solo cerebro, como si tuvieran solo un par de ojos, y cuentan sus vivencias sin un atisbo de sentimiento, puros hechos objetivos sin valoración moral, con frases simples: el sujeto, verbo y predicado de toda la vida. La crueldad llega a tal extremo que muchas veces haya tenido que cerrar el libro no por falta de tiempo o por no querer leer más, sino por ser incapaz de digerir muchas imágenes.
En La prueba, el segundo de los libros que conforman la trilogía, uno de los hermanos cruza la frontera, se trata de Claus y parece que se esfumara del mundo, que deja de existir, y es Lucas quien se queda y nos cuenta ahora la historia, pero en un tono más cercano al adulto que empieza a ser, descubriendo los sentimientos y buscando su sentido de existencia. De repente el mundo cobra protagonismo y se abre a los ojos del lector y los personajes que lo rodean se humanizan, cosa que no pasaba con el primero de los libros. Lucas empieza a cambiar. Se encarga del cuidado de Mathias, un niño minusválido, y pudiera ser por eso o quién sabe porqué, pero el caso es que empieza a fortalecerse en él la compasión y la amistad como ejes de la búsqueda del sentido de su existencia.
Finalmente en La tercera mentira (¡Chapó por el título!), Agota ya nos deja entrever que detrás de una tercera mentira lo más probable es que haya habido otras dos, ¿o no? ¿Es que acaso los dos primeros libros hayan sido dos grandes mentiras? Agota nos sumerge en una especie de juego con el lector en donde se abren múltiples puertas, caminos ocultos, en donde llegas hasta a dudar de cómo es realmente la historia que has estado leyendo, aunque en un ejercicio de genialidad, finalmente todas las piezas del puzzle terminan encajando.
Agota Kristof nos enseña con su libro, lo frágil que es la existencia cuando el individuo carece de referentes, con unas raíces sin tierra a la que agarrarse, máxime cuando hay preguntas del pasado que quedan sin respuesta. En ese entorno lo que queda es una búsqueda eterna, sin guías ni brújula, hasta que nos topamos con un muro infranqueable. ¿Y luego, qué?

sábado, 5 de enero de 2013

El prisionero del cielo - Carlos Ruiz Zafón.

Libro: El prisionero del cielo
Autor: Carlos Ruiz Zafón
Edit: Planeta S.A.
ISBN: 840803121X
382 páginas
PVP: 16,90 € (también disponible
en versión kindle de Amazon a
14,24 €)

Ver fenómenos literarios como el de Carlos Ruiz Zafón, me hacen pensar en lo enigmático y grande de la literatura. Realmente es necesario que exista un Carlos Ruiz Zafón, igual que un Frazen o un García Márquez o un Mo Yan, porque en la variedad vive el gusto, y éste es tan subjetivo que pendulea en la caja de los caprichos. Seguramente (a las cifras me remito) Zafón gusta a mucha gente, y eso es un hecho objetivo, pero yo estoy en el otro lado, el de los que lo leen porque sí, porque lo leen igual que los que se sientan después de comer a digestionar y pulsan un botón al azar del mando del televisor y se quedan embobados disfrutando de lo sencillo de un programa, porque lo sencillo también tiene su encanto, todo depende de la hora del día. 
Desde luego ninguno de los dos que he leído de él, ni la Sombra del Viento ni El Prisionero del Cielo, pasarán a la historia y en esto creo que no me equivoco. Encontró Carlos un filón con el Cementerio de los Libros Olvidados y lo está explotando. Ya lleva tres (La Sombra del Viento, El Juego del Ángel y El Prisionero del Cielo)  y tal como acaba este último seguramente tendremos un cuarto. 
¿Y por qué el estilo de Carlos no es de mi agrado? Bueno, no todo es malo todo hay que decirlo. Carlos Ruiz Zafón escribe de manera entretenida, y quizás por ahí vayan los tiros de su intención: capítulos cortos con dosis de intriga al final de cada uno, también con algún ingrediente que tira de ironía para arrancar sonrisas en el camino, malos muy malos para hacer más buenos a los buenos muy buenos, pero esto hace que los personajes sean muy predecibles y también poco complicados, aquí también radica parte del encanto de lo sencillo. Estos son sus bastiones. 
En la otra cara está cómo lo escribe y también algunos fallos de bulto que comete que me han sacado del libro en un par de ocasiones. El prisionero del cielo está escrito en primera persona. Daniel Sempere nos narra cómo su presente, en esa Barcelona de finales del 57, está condicionado por un hecho del pasado que ha vivido Fermín Romero de Torres que trabaja con él como empleado en la librería de su padre el Sr. Sempere. En un momento dado, Carlos Ruiz Zafón cambia de registro para que sea Fermín quien haga llegar a Daniel la narración de los hechos, que ocupa buena parte de la obra, y aquí empiezan las imprecisiones ya que este narrador, testigo de los hechos del pasado en este caso, narra algunas situaciones que no ha podido ver y que Carlos Ruiz Zafón mete con calzador porque son necesarias para que se entienda la historia, y a mi eso me ha rechinado inevitablemente. Luego deja lagunas, puertas abiertas, aunque claro, igual esa es la intención: dejar reclamos para que los lectores vayan a por la cuarta entrega de manera compulsiva si es que la hay. Y luego está lo de los personajes: como comenté antes son muy previsibles y planos. 
Pero eso sí, Carlos entretiene. Y de todo tiene que haber porque eso es lo grande de la literatura. Yo siempre lo digo, tiene que haber malas películas para que hagan grandes las buenas. Lo mismo ha de pasar con los libros.

martes, 1 de enero de 2013

Año nuevo. Viva.


Dong y una y dong y dos. Luego tres y cuatro. Ya pierdo el ritmo: Me salté una campanada, lo se, ¿o no? También equivoqué el paso: empecé saltando con la izquierda, jodida manía. Me acabo de dar cuenta. ¿Cuántas llevo ya?, ¿son ocho, son nueve? Creo que conté mal las uvas al meterlas en la copa. Al carajo. ¡Al carajo! Si nada está escrito por mucho que nos empeñemos, si el año pasado lo preparé con exquisita previsión y al final nada tuvo que ver con lo que pensaba. 
¡Al carajo!
Esto es una chorrada. Sí papá, que sí. Feliz año, como hace doce meses y este año de feliz ha tenido bien poco, pero bueno. Siempre nos queda el consuelo de la salud y de seguir vivos. 
¡Al carajo! Se acabó. 
Este año no esperaré y daré yo el primer paso. Basta de esperar a que otros lo hagan por mi. Se acabó esta vida de esperas. Me comeré la vida a bocados igual que estas uvas que me acabo de zampar. Miraré el mundo por encima de los nubarrones buscando el sol. Acabaré este año con cien, doscientos amigos más. Leeré diez escritores nuevos, desconocidos. Empezaré a escribir una novela. Pasaré más tiempo con mis hijos y menos con quienes nada me aportan. Trabajaré sin esperar nada a cambio, solo por el placer de sentirme realizado y ser útil. Ayudaré a alguien necesitado cada vez que pueda. Y a ser feliz que es de lo que se trata ¿no? 
¡Dong!