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Mostrando entradas de enero, 2013

El lado bueno de las cosas

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Este pasado fin de semana tocó cine y me fui directo a intentar descubrir por qué se habla de la sorpresa que supone tanta nominación para la última película de David Russell, “El lado bueno de las cosas (Silver linings Playbook)” que se ha llevado nada más ni nada menos que ocho nominaciones. Además no nominaciones del montón sino nominaciones de las que yo llamo el premio gordo: mejor película, mejor director (David O. Russell), mejor actor principal (Bradley Cooper), mejor actriz principal (Jennifer Lawrence), mejor guión adaptado, mejor actriz de reparto (Jacki Weaver), mejor actor de reparto (Robert de Niro) y mejor montaje. ¡Tantas nominaciones como Los Miserables!
La historia es una mezcla de amor, de locura (no solo de los protagonistas, que ya lo son, sino de todo lo que les rodea) y de deporte y baile incluso. ¿Que cómo se come esto? Pues allá va. Para empezar, esta cinta está basada en el libro de Matthew Quick “Un final feliz”. Ya nombrándoles el título del libro seguro que…

Noa y los dioses del tiempo - Ana Joyanes Romo

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Noa existe, y es real aunque no lo crean: Yo la vi. Se llama así, Noa, y nació un uno de diciembre a las 11:16 h, ni un minuto más, ni un minuto menos. Noa es hija de una madre de agua y nieta de un abuelo de tierra y su abuela es de fuego. Con semejante combinación en nuestra protagonista, ¡cómo no iba a salir un libro tan lleno de fuerza!
Ana Joyanes escribió "Noa y los dioses del tiempo" usando como piedra angular de la historia esa premisa y su libro, como no podía ser de otra manera, ha salido muy explosivo porque el agua, la tierra y el fuego son tan imposibles de combinar que solo pensarlo es para echarse a temblar. Pero no se preocupen ya que todo está pensado y en "Noa y los dioses del tiempo" también hay dioses que vienen a poner algo de sosiego y razón a hechos tan tumultuosos. 
En Marinia se para el tiempo, y lo hace justo el día y a la hora que nace Noa, las 11:16 h. Marinia se convierte a partir de ahí en un minúsculo punto geográfico donde los dioses d…

Un brindis por mi

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¿Que por qué vengo yo aquí? ¿A mí qué me pregunta? Es mi madre la que dice que estoy enfermo y que digo cosas raras de que me quiero morir. Pero yo no estoy loco, estoy bastante cuerdo, más que ella. ¿Cómo? ¿Desde cuándo pienso esto? Creo que fue desde que mi novia me pidió casarnos porque estaba embarazada. Dice que ocho años de noviazgo son demasiados. Igual lleva razón, pero es que yo nunca le dije que me quisiera casar, solo vivir juntos, como novios, como cuando estábamos en la universidad. Lo del niño no estaba previsto, es cierto, pero no me parece que el que no me quiera casar sea un acto de egoísmo. Por ejemplo, yo nunca le he sido infiel aunque haya tenido oportunidad y a mi siempre me ha gustado ella, pero me ha gustado así, de novios. Ya se que usted no me ha preguntado si le he sido fiel o infiel, pero se lo cuento para que vea que no soy egoísta, que pienso en ella también y también en mi y en el hijo que espera, y yo no quiero casarme aunque ella quiera. Nunca se lo ocu…

Claus y Lucas - Agota Kristof

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Claus y Lucas es de esos libros en los que me he sentado a intentar escribir una reseña y lo primero que me digo es: a ver, ¿por dónde empiezo? Voy a empezar explicando qué es Claus y Lucas desde el punto de vista estructural. Agota Kristof (Csikvand, Hungría, 30 octubre 1935 a 27 de julio de 2011) escribió la historia de Claus y Lucas como una sola aunque en realidad se trate de tres libros que Agota escribió entre 1986 y 1991. Sus títulos son El gran cuaderno (1986), La prueba (1988) y La tercera mentira (1992), que deben ser leídos en ese orden. Hasta aquí todo bien, ¿no? Es a partir de aquí donde empieza el galimatías. En el primero de los libros, El gran cuaderno, que fue merecedor del premio Europeo de Literatura Francesa en 1986, Agota cuenta la historia de los gemelos Claus y Lucas T., abandonados por su madre al cuidado de una abuela cruel y carente de sentimientos y de cariño hacia sus nietos. En ese entorno, que ubicamos en la Hungría de la ocupación alemana durante la segun…

El prisionero del cielo - Carlos Ruiz Zafón.

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Ver fenómenos literarios como el de Carlos Ruiz Zafón, me hacen pensar en lo enigmático y grande de la literatura. Realmente es necesario que exista un Carlos Ruiz Zafón, igual que un Frazen o un García Márquez o un Mo Yan, porque en la variedad vive el gusto, y éste es tan subjetivo que pendulea en la caja de los caprichos. Seguramente (a las cifras me remito) Zafón gusta a mucha gente, y eso es un hecho objetivo, pero yo estoy en el otro lado, el de los que lo leen porque sí, porque lo leen igual que los que se sientan después de comer a digestionar y pulsan un botón al azar del mando del televisor y se quedan embobados disfrutando de lo sencillo de un programa, porque lo sencillo también tiene su encanto, todo depende de la hora del día. 
Desde luego ninguno de los dos que he leído de él, ni la Sombra del Viento ni El Prisionero del Cielo, pasarán a la historia y en esto creo que no me equivoco. Encontró Carlos un filón con el Cementerio de los Libros Olvidados y lo está explotando.…

Año nuevo. Viva.

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Dong y una y dong y dos. Luego tres y cuatro. Ya pierdo el ritmo: Me salté una campanada, lo se, ¿o no? También equivoqué el paso: empecé saltando con la izquierda, jodida manía. Me acabo de dar cuenta. ¿Cuántas llevo ya?, ¿son ocho, son nueve? Creo que conté mal las uvas al meterlas en la copa. Al carajo. ¡Al carajo! Si nada está escrito por mucho que nos empeñemos, si el año pasado lo preparé con exquisita previsión y al final nada tuvo que ver con lo que pensaba. 
¡Al carajo!
Esto es una chorrada. Sí papá, que sí. Feliz año, como hace doce meses y este año de feliz ha tenido bien poco, pero bueno. Siempre nos queda el consuelo de la salud y de seguir vivos. 
¡Al carajo! Se acabó. 
Este año no esperaré y daré yo el primer paso. Basta de esperar a que otros lo hagan por mi. Se acabó esta vida de esperas. Me comeré la vida a bocados igual que estas uvas que me acabo de zampar. Miraré el mundo por encima de los nubarrones buscando el sol. Acabaré este año con cien, doscientos amigos más. L…