Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como texto; musica

Jazz en la calle en La Laguna

Imagen
E l jueves pasado quedamos unos amigos para escuchar jazz. En la calle, en La Laguna, frente a la iglesia de la Concepción, en esa pequeña esquina llamada Plaza Dr. Olivera . La apuesta de celebrar el festival de jazz y sacarlo a la calle es de lo más sugerente, pero escoger primeros días de mayo y la ciudad de La Laguna como escenario creo que no es lo más apropiado. O lo acercamos más al verano, o lo llevamos a interiores, que en La Laguna tenemos más de un local apropiado. Fue una lástima. Me senté en una mesa cercana, de las muchas terrazas que allí podemos encontrar, con mi jarra de cerveza, como pretendiendo que con aquel gesto aquello se transformara en un local, pero no funcionó. Había viento, había frío, la gente no paraba de pasar y pararse en aquella encrucijada de calles, para hablar y para echarse unas risas carcajosas sin importarle que los que allí estábamos queríamos oír música, normal, es calle, no sala de conciertos, ni siquiera bar donde la gente comparta las misma...

Bebo. Acorde final

Imagen
Bebo Valdés, grandes manos y amplia sonrisa. ¡Qué más se puede pedir! Si la vida de un pianista se contara por cada nota que tiene un piano, Bebo Valdés hace mucho tiempo ya que tendría que haber muerto. Un piano de cola tiene 88 notas, 88 teclas, 52 blancas y 36 negras, negras como sus manos, las manos de Bebo. Él vivió 94. Nunca me perdonaré no haberme bebido un sorbo de él cuando acudió a Tenerife no hace mucho, en 2.005. Me lo perdí no recuerdo por qué. Supongo que me pilló algo falto de entusiasmo. Supongo que me diría otro día vendrá, ¿Qué más da? El caso es que no volvió, no vino más, murió el viernes. No lo veré nunca. Dio su último acorde. Yo me lo imagino en tono mayor, alegre, ese que nos dice que después de una canción seguirá otra. Queda para siempre su sonido. Siento debilidad por Bebo Valdés, más allá que por su música por su vida. Él vivió tres vidas en una. Dice una historia que durante su destierro de su Cuba natal enfermó. El médico que lo vio le dijo que n...

Cuando nuestros ruidos no nos dejan escuchar.

Imagen
Hace cinco años que ocurrió. Fue a la entrada de una de las estaciones del metro de Washington. En 2007 un joven músico callejero de apenas treinta y nueve años sacó de su funda un violín y comenzó a tocar. Eran pocos minutos antes de las ocho de la mañana. Empezó interpretando la chacona de la Partita número 2 en Re menor de Johan Sebastian Bach . El primero que reparó en su música fue a los tres minutos de que empezara a tocar. Fue la mirada de un ejecutivo, tan breve como fugaz, que presurosa siguió su camino no fuera a perder su metro de la mañana. Algunos niños curiosos se detenían al oír la melodía, al tiempo que eran arrancados de su entretenido momento por los brazos de sus sordas madres. Así, durante una hora. El violinista terminó de tocar. Tomó la recaudación de esa hora y se llevó a casa los 32$ que las 27 personas caritativas dejaron en la funda de su violín. No se llevó ningún aplauso de las mil personas que pasaron alrededor de él. Dos días antes, Joshua Bell, que así s...

Música al viento.

Imagen
Derramamos en una noche las ganas guardadas, que fueron añejándose durante meses en los nocturnos ensayos. Se desparramó el sonido que bajó del escenario y se mezcló con los aplausos y las miradas de los seres queridos y los que no nos conocían y nos encontraron. Ahora solo queda el vacío en las ganas y el anhelo de volver a hacerlo. Otra vez.

El Club27 (y 3)

Imagen
Ir a descargar Janis buscó y nunca encontró cobijo. No lo encontró porque decidió ser distinta hace mucho tiempo; desde el día en que sus anhelos empezaron a escurrirse a través de las grietas de su cabeza de niña loca, y vio cardos donde antes había flores. Flores de juventud. Desde ese instante Janis fue un lirio blanco en un campo de rosas rojas. Distinta. Sola. Janis no encontró el cobijo del calor humano más allá de algunas noches de desahogo carnal.

El Club27 (2)

Imagen
J im Morrison fue otro de los grandes del verano del 67: el famoso  "verano del amor" , que impulsó el movimiento hippie. Ese verano The Doors, el grupo del que fue vocalista, hizo su puesta de largo con el tema  Light my Fire . Era un vocalista diferente. Provocador y transgresor en sus conciertos.  Lo curioso de la historia es que no siempre fue así. De hecho, en sus inicios, cantaba la mayor parte del tiempo de espaldas al público. Sufría miedo escénico, el cual logró vencer gracias a ingerir dosis de peyote antes de los conciertos. Esta droga provocaba en él un estado de éxtasis cercano a la divinidad que encandilaba a sus fans.

El Club27 (1)

Imagen
¿ Q ué es una vida larga? ¿Qué es una vida corta? A veces hay vidas de 80 años que las resumes en nació, se casó, tuvo tres hijos y murió. ¡Ah!, y era una persona muy honrada. A veces, sin embargo, nos encontramos con personas que viven 27 años y su sombra se extiende flotando sobre los ríos de tinta que se escriben acerca de ellos. ¿Casualidad o destino? A veces es difícil de explicarlo. Durante los años que transcurrieron entre el 27 de noviembre de 1942 y el 3 de julio de 1971, se dio una extraña circunstancia. La primera fecha corresponde al nacimiento de Jimi Hendrix. La segunda es la fecha en que murió Jim Morrison. Entre ambas fechas, nació y murió una chica de voz desgarradora y envolvente personalidad. Su nombre también empezaba por Jota. Jota de Janis. Janis Joplin.

El sexto dedo.

Imagen
E ntré en el último instante, justo en el momento en que el director hizo su aparición. Tras él, un espigado violinista de melena desordenada. Aplausos para recibirlos. Me senté en mi butaca y saludé con una sonrisa a la chica que se sentaba a mi derecha. Eché una rápido vistazo al programa que llevaba en mis manos sudadas: Nemanja Radulovic, se llamaba el solista y el Concierto para violín y orquesta en Re menor de Beethoven, lo que iba a interpretar.  Oí los primeros acordes de la obra de manera desinteresada intentando recuperar el aliento perdido por las prisas en llegar. Más pendiente estaba de acomodarme en la incómoda butaca y de secar mi sudor que de lo que estaba escuchando. Pero algo hizo que el guión

Nonino

Imagen
         Sentado en su cama de hotel de mala muerte no apartaba la vista de aquel trozo de papel. El telegrama le estaba abrasando por dentro:  “Querido. Nonno murió anoche” -¿Pero qué estoy haciendo con mi vida?. ¿Qué hago yo aquí tocando esta mierda que a nadie le gusta?-.  En el camino de vuelta a su apartamento en Nueva York, donde sus dos hijos y su esposa le esperaban, no paraba de darle vueltas a todo. Su cabeza parecía un enjambre. Vinieron los sentimientos de culpa, desasosiego, frustración,... Se arrepentía de su empecinamiento en hacer ver a todos que su invento funcionaba, del abandono de sus raíces, de la quimera en la que había embarcado a su familia y que los estaba llevando a la ruina,... Se acordó de su padre. Del viejo Nonno. Llevaba tanto tiempo sin verlo. Sin abrazarlo.   - ¡Sos un engrupido!. ¡El tango no se puede fusionar con nada!. ¿Qué pretendés? ¿cambiar el mundo?-  Al día siguiente pidió a su familia que lo dejara...

Dedos de cristal

Imagen
M ichel se frotaba las manos para mantenerlas calientes, a salvo del frío invierno del pueblo de Cliousclat, a las faldas de los Alpes Franceses.  Sus dedos eran los únicos que podían hablar de sus sentimientos encerrados en su frágil, enfermo y pequeño cuerpo deforme y a medio hacer:  13 años y apenas 80 cm de estatura y 18 kg de peso. Desde el camerino del teatro donde se celebraba el festival, escuchaba a los músicos tocar en el escenario.  -Son buenos- salió como un susurro de sus labios. -¿Saldrá bien?- se preguntaba. El piano se había convertido en su vida desde que con cuatro años su padre lo sentó en sus rodillas y puso por primera vez sus dedos sobre el teclado. Nunca lo pudo olvidar. De fondo, en la radio sonaba The Feeling of Jazz de Duke Ellington. Le encantaba. Aporreó el piano y ese día sintió que ese sonido lo acompañaría toda la vida. Se lo propuso hasta que hizo que su padre le comprara uno. Uno de verdad. Un piano que su padre tuvo que adaptar para q...