viernes, 20 de julio de 2012

Hoy


Amistad infiel:
la frágil trama del collar
no pudo atar 
los embates del deseo.
Ojos cerrados:
en los cercos dorados se atan 
ciegos.
Salto al vacío:
caemos en un colchón de plumas
blando 
como un lecho de anzuelos.
Nos despierta un llanto:
se derrama por la ventana,
pariendo, 
una luz nace en la línea del mar 
el corazón galopa,
y calienta la sangre,
lo sostengo en las manos 
sin dejar de temblar.
Blandir de espadas.
Cruzamos abrazados vacíos desiertos.
Bebimos lágrimas en vasos calientes,
libamos almíbar en noches de encuentro.

Hoy 
me levanto y las veo con gozo 
pincelar en blanco 
los negros reflejos.
Hoy
te tocan mis manos pueriles,
aquellas que moldearon
tu cuerpo virgen.
Hoy 
retengo tu belleza en mis dedos
que tiemblan jugosos,
mojados en el sudor 
que escupe tu lecho.
Hoy 
me senté en la noche a tu lado
sordo al murmullo
de otras voces que hablaron.
Hoy
busqué en tus brillos el beso 
que un día te di,
y leí en tus labios
que el tiempo pasó,
pero nunca ha pasado.

viernes, 13 de julio de 2012

La Delicadeza.

Anoche me fui de cine. La película: La Delicadeza (La dèlicatesse) de los hermanos Stèphane y David Foenkinos, éste último, a su vez, autor del libro "La Delicadeza" cuyo guión fue adaptado para la película. Fue nominada en las categorías a la Mejor Ópera Prima y Mejor Guión adaptado en los Premios César de la Academia de Cine de Francia este año. La película está protagonizada por la actriz Audrey Tatou (Nathalie) que ya pudimos ver, por ejemplo en Amélie (2001), y por el actor François Damiens (Markus).
Me queda la sensación extraña de haber visto una película que pudo ser mucho mejor de lo que fue. Está a medio camino entre una comedia y un drama. Esto, los autores lo consideran una virtud, y tal vez estén en lo cierto, pero a mi me queda un regusto de indiferencia. El argumento es fácil de explicar: Nathalie se enamora de Francois. Un amor casi perfecto, diría que envidiable, que acaba de manera brusca por la muerte de Francois. Nathalie pasa un doloroso duelo y cierra la puerta a toda muestra de emoción y se vuelve una mujer fría que se refugia en el trabajo. El amor vuelve a llamar años después a su puerta a través de Markus, que compensa su poco agraciado aspecto y su torpeza y falta de experiencia con las mujeres, con buenas dosis de bondad y ternura. Eso es casi todo.

Cuando digo que el film pudo haber sido al final mucho mejor que lo que fue, es que el guión en si tiene muchas cualidades, pero al final el resultado ha sido un tanto descafeinado. La construcción de la trama y de los personajes, de haberse hecho bien, darían para una buena película. El personaje de Nathalie es realmente bueno aunque en la película se haya quedado a medio hacer: delante de la tumba de su marido piensa para sí <<¿y si fijara este momento, y si me encerrara en el dolor?>>, y es esa su apuesta. Nathalie me la imagino como un torbellino, un volcán rumiando lavas que quieren salir y explotar, sin embargo decide cerrarlas bajo siete llaves en su frágil y delgada figura de ejecutiva fría que no termina de serlo, un tanto gris diría yo, aunque su estela sea la de una mujer interesante capaz de despertar el deseo de quien la contempla, como por ejemplo su jefe que se esmera en intentarlo.
Markus, compañero de trabajo de Nathalie, sin embargo es un sueco, aburrido y friki (gracias RAE por darnos este término tan corto como elocuente). Markus es tan transparente e insignificante que casi no existe (como él dice a Nathalie en un pasaje de la película <<me siento Liechestein intentando llegar a ser los Estados Unidos>>), y esos prejuicios, seguramente fundamentados, lo ahogan y lo hacen sentirse cada vez más pequeño, y termina intentando huir y esconderse en su rincón.
Y dirán ustedes: ¿Cómo es que se pueden encontrar estos dos antípodos? Un hecho fortuito y accidental enciende la mecha, y media película se convierte en un no quiero y después quiero de Nathalie, que se entrecruza con el primero quiero y después no puedo de Markus, hasta que al final se encuentran, y llegan ellos, y nos hacen llegar a nosotros a la conclusión, de lo que siempre hemos sabido pero que es difícil de descubrir: que si nos vamos desnudando de las capas y los complejos que nos visten, el guapo se hace más feo y el feo se hace más guapo, y las aristas que impiden que dos piezas encajen se van haciendo más romas y menos punzantes, y queda lo que tiene que quedar si se quiere empezar una relación: puro sentimiento. Por eso dicen que el amor es ciego, pero solo para los que no lo quieren ver. Ellos, ¡vaya si lo vieron claro!




viernes, 6 de julio de 2012

Los doce cuentos de Gabriel.

Libro: Doce cuentos peregrinos.
Autor: Gabriel García Márquez
"Era bella, elástica, con una piel tierna del color del pan y los ojos de almendras verdes, y tenía el cabello liso y negro y largo hasta la espalda, y una aura de antigüedad que lo mismo podía ser de Indonesia que de los Andes. Estaba vestida con un gusto sutil: chaqueta de lince, blusa de seda natural con flores muy tenues, pantalones de lino crudo, y unos zapatos lineales del color de las bugambilias. <<Esta es la mujer más bella que he visto en mi vida>>, pensé, cuando la vi pasar con sus sigilosos trancos de leona, mientras yo hacía la cola para abordar el avión de Nueva York en el aeropuerto Charles de Gaulle de París."


Ayer terminé de leer en un vuelo Madrid-Tenerife, el último de los "Doce cuentos peregrinos" de Gabriel García Marquez. A mi lado no se sentó esa chica, la de "El avión de la bella durmiente", el tercero de los doce relatos. De haberse sentado, hubiera releído el cuento mientras la oía respirar profundamente en el asiento B, al lado de la C que me tocó a mi. Pero no: Mi gozo en un pozo. El asiento fue vacío y por respeto a la ausente no lo leí. Me limité a terminar de leer el último, el número doce, el más triste, "El rastro de tu sangre en la nieve".

Ahora que se acerca el verano y hay que alternar familia, hobbies, amigos, tardes largas y noches que hacemos cortas, les recomiendo leer los "Doce cuentos peregrinos" por varias razones. Porque son historias cortas que nos dejan la sensación de que nos hemos bebido toda una botella del mejor Ribera, a pesar de haber bebido solo un sorbo; y no queda resaca, sino la sensación de flotar en una balsa de palabras oleantes, suaves ecos de mundos cercanos. El señor presidente, Margarito Duarte y su peregrinación con su santa hija, María de la Luz Cervantes y su infortunio, la eterna belleza que no envejece de María dos Prazeres, alimentada de lo feliz que hizo a sus múltiples amantes, o el feliz verano de la señora Forbes. Gabriel García Márquez, nos lleva por Europa de peregrinación con sus doce trazos. Cada parada una historia. Su prosa poética, que busca en los ingenios de la palabra la explosión de la imagen, queda para siempre retratada en nuestra retina, y sus historias, esas que crecen enraizadas en unos personajes redondos hacen de su lectura un placer inacabado. Por eso siempre vuelvo a Él, a recrearme en sus libros.

lunes, 2 de julio de 2012

De orgullos y vergüenzas.



Madrid elige a sus héroes. La capital pone alfombras rojas, con la venia de Monarcas y políticos, a los que de rojo tiñen el mundo, el rojo de la sangre que representa la furia y la entrega. Se llenan las calles de orgullo, y jalean y gritan, y aplauden y vocean: ¡España! ¡España! ¡España! No importa que no se pueda dormir por el ruido. Que suenen las bocinas, que rompan los cristales, que enseñen los chavales sus culos por la calle. Se olvidan fobias y filias por éste o aquel jugador, porque ahora las barbas de Piqué son algo más fashion para los blancos, y el corte de pelo de Ramos le queda hasta mono a juicio de los culés: ya no parece gitano. Madrid los recibe como héroes, héroes pisando de rojo y amarillo la alfombra roja de las galas.
Lo que no gusta a Madrid es el negro, el negro viudo, el negro que tiñe las manos y caras de los carboneros asturianos: ¡Qué asco! La sangre, también roja, que tiñe las caras de esposas, hijas y nietas indignadas, no son dignas de ser jaleadas. Solo algún curioso con su cámara recoge el momento. Las expulsan como escoria bulliciosa del Senado y salen pacíficas al ritmo de Santa Bárbara, para mí mejor canción que el tan manido no hay dos sin tres de Bisbal. ¡Qué ruido, por Dios! ¡Callen a esas mujeres! ¡Salgan del hemiciclo!




Lo de la celebración de La Roja de hoy es una traca, que tal como viene se irá. Una venda en los ojos. Lo de hace quince días se consume a fuego lento, como el carbón. La traca ya no se oye. Las brasas de las mujeres de los mineros sigue consumiéndose. Pero eso ya no importa: De necios está este país lleno, es una vieja historia. Así fuimos. Así somos. Así nos va.