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Mostrando entradas de julio, 2012

Hoy

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Amistad infiel: la frágil trama del collar no pudo atar  los embates del deseo. Ojos cerrados: en los cercos dorados se atan  ciegos. Salto al vacío: caemos en un colchón de plumas blando  como un lecho de anzuelos. Nos despierta un llanto: se derrama por la ventana, pariendo,  una luz nace en la línea del mar  el corazón galopa, y calienta la sangre, lo sostengo en las manos  sin dejar de temblar. Blandir de espadas. Cruzamos abrazados vacíos desiertos. Bebimos lágrimas en vasos calientes, libamos almíbar en noches de encuentro.
Hoy  me levanto y las veo con gozo  pincelar en blanco  los negros reflejos. Hoy te tocan mis manos pueriles, aquellas que moldearon tu cuerpo virgen. Hoy  retengo tu belleza en mis dedos que tiemblan jugosos, mojados en el sudor  que escupe tu lecho. Hoy  me senté en la noche a tu lado sordo al murmullo de otras voces que hablaron. Hoy busqué en tus brillos el beso

La Delicadeza.

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Anoche me fui de cine. La película: La Delicadeza (La dèlicatesse) de los hermanos Stèphane y David Foenkinos, éste último, a su vez, autor del libro "La Delicadeza" cuyo guión fue adaptado para la película. Fue nominada en las categorías a la Mejor Ópera Prima y Mejor Guión adaptado en los Premios César de la Academia de Cine de Francia este año. La película está protagonizada por la actriz Audrey Tatou (Nathalie) que ya pudimos ver, por ejemplo en Amélie (2001), y por el actor François Damiens (Markus).
Me queda la sensación extraña de haber visto una película que pudo ser mucho mejor de lo que fue. Está a medio camino entre una comedia y un drama. Esto, los autores lo consideran una virtud, y tal vez estén en lo cierto, pero a mi me queda un regusto de indiferencia. El argumento es fácil de explicar: Nathalie se enamora de Francois. Un amor casi perfecto, diría que envidiable, que acaba de manera brusca por la muerte de Francois. Nathalie pasa un doloroso duelo y cierra …

Los doce cuentos de Gabriel.

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"Era bella, elástica, con una piel tierna del color del pan y los ojos de almendras verdes, y tenía el cabello liso y negro y largo hasta la espalda, y una aura de antigüedad que lo mismo podía ser de Indonesia que de los Andes. Estaba vestida con un gusto sutil: chaqueta de lince, blusa de seda natural con flores muy tenues, pantalones de lino crudo, y unos zapatos lineales del color de las bugambilias. <<Esta es la mujer más bella que he visto en mi vida>>, pensé, cuando la vi pasar con sus sigilosos trancos de leona, mientras yo hacía la cola para abordar el avión de Nueva York en el aeropuerto Charles de Gaulle de París."


Ayer terminé de leer en un vuelo Madrid-Tenerife, el último de los "Doce cuentos peregrinos" de Gabriel García Marquez. A mi lado no se sentó esa chica, la de "El avión de la bella durmiente", el tercero de los doce relatos. De haberse sentado, hubiera releído el cuento mientras la oía respirar profundamente en el asiento…

De orgullos y vergüenzas.

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Madrid elige a sus héroes. La capital pone alfombras rojas, con la venia de Monarcas y políticos, a los que de rojo tiñen el mundo, el rojo de la sangre que representa la furia y la entrega. Se llenan las calles de orgullo, y jalean y gritan, y aplauden y vocean: ¡España! ¡España! ¡España! No importa que no se pueda dormir por el ruido. Que suenen las bocinas, que rompan los cristales, que enseñen los chavales sus culos por la calle. Se olvidan fobias y filias por éste o aquel jugador, porque ahora las barbas de Piqué son algo más fashion para los blancos, y el corte de pelo de Ramos le queda hasta mono a juicio de los culés: ya no parece gitano. Madrid los recibe como héroes, héroes pisando de rojo y amarillo la alfombra roja de las galas. Lo que no gusta a Madrid es el negro, el negro viudo, el negro que tiñe las manos y caras de los carboneros asturianos: ¡Qué asco! La sangre, también roja, que tiñe las caras de esposas, hijas y nietas indignadas, no son dignas de ser jaleadas. Solo…