miércoles, 29 de febrero de 2012

Encuentro de poetas canarios en La Restinga (Isla de El Hierro)




Hoy día 29 de febrero, a través de una iniciativa promovida por  World Poetry Movement, se dan cita en el Hierro, simultáneamente con otros lugares emblemáticos del Estado Español, un grupo de poetas, entre los que se encuentran Víctor Álamo de la Rosa, Susi Alvarado, Noel Alvarado, Antonio Arroyo Silva, y muchos otros. Esta iniciativa ha sido convocada en defensa de la paz y la diversidad cultural.
Yo me he levantado hoy un poco más herreño. Quizás era una pena sentida de no estar hoy allí, de no compartir un momento especial rodeado de letras por un bien común y muy necesario, sobre todo en los tiempos que corren. Lo único que no se nos puede robar es nuestra voz, por eso lo primero que hice esta mañana fue sentarme y escribir un breve poema que envié a la web de World Poetry Movement. Seguramente no lo vean hoy y no lo lean, pero lo comparto con vosotros y en él he puesto el sentimiento de un herreño en la sangre, que un día descubrió sus raíces y quedó definitivamente agarrado a sus malpaíses y sus riscos. Espero que os guste.

martes, 28 de febrero de 2012

Te veo.

Cumplía doce años cuando lo vi por primera vez. Me espiaba desde la calle, con su largo gabán y su sombrero calado. Bajo las sombras de su cara se dibujaba una sonrisa a medio hacer, la de quien disfrutaba contemplando mi miedo.
Desde aquel día me acompañó cada día al colegio. Esperaba tras la esquina de clase, se sentaba a mi lado en el comedor, contempló mi cuerpo desnudo en la ducha. Pronto dejé de cerrar las puertas. Ninguna llave podía separarnos.
Los perros nunca le ladraron. No olían su presencia. Acompañaban con gemidos preocupados los gestos de inquietud de mi cara.

Quise compartir con mi madre y mis amigas su presencia, pero ellas no querían saber nada de él. Nos dejaron solos.
Hoy hace treinta años de aquella primera vez. Él sigue a mi lado y aún no veo sus ojos. Su risa se ha esfumado. Ya no se alimenta de mis miedos.

sábado, 25 de febrero de 2012

El Surrealismo rural: Nos dejaron el muerto.

Nos dejaron el muerto
Autor: Víctor Ramírez
Editorial: Anroart Ediciones S.L.
ISBN: 978-84-96887-14-5
págs: 291
Una amiga me dejó de regalo de Reyes el libro "Nos dejaron el muerto" de Víctor Ramirez (Las Palmas de Gran Canaria, 1944). Le pedí a Ángeles, que así se llama mi amiga, que me lo dedicara, y ella escribió: "Este libro es para que empieces el 2012 tan productivamente como el año anterior". Así que oye, que allí me metí con él nada más empezar el año y ayer lo terminé.
"Nos dejaron el muerto" (1984) es la segunda novela que escribió Víctor Ramirez, y es mi primer contacto con el autor y, después de leerlo, no será el último.
Nos dejaron el muerto es puro surrealismo. Yo lo definiría como surrealismo rural canario. Víctor nos lleva a una situación de lo más insólita, y usando como telón de fondo algo tan dramático a priori como es el velatorio de un muerto, nos cuenta toda la historia de un vecindario, con sus señoritos venidos a menos y sus amores venidos a más, con sus putas y mendigos, sus gracias y sus miserias. No falta de nada: un cura malhablado y sus monaguillos, un escondido de los falangistas, peleas de gallos, partidas al envite, chiquillos que hacen de las calles sus vidas,... y un muerto, con sus hijas y viuda y todo.
El protagonista, del cual por cierto no sabemos el nombre en toda la obra (ni falta que hace), nos cuenta en primera persona la historia de su portón (o portal para los que no sois canarios), de todo lo que ven sus invisibles ojos a las miradas de los adultos, usando como nexo de unión entre los personajes una experiencia vivida en su niñez en torno a un velatorio, el del difunto Don Lucio Falcón, que a pesar de no haber vivido con ellos, ni ser familia, por solidaridad de esas, de las de antes, de las de ¡oiga, faltaría más mujer, para eso estamos los vecinos!, termina siendo velado en el salón de su casa.
He estado sentado durante un mes junto al protagonista, a su vera, escuchando esta historia desde esa voz tan original y bien construida que ha logrado Víctor Ramírez. Un personaje ya mayor, que ha enterrado a todos los suyos, a pesar de "lo suyo", un tipo de enfermedad que no desvela en toda la novela, que le pronosticaba pocos años de vida, y que sin embargo no acabó con él. La voz fluye, tal cual, muy distinta a las que he leído, muy natural, síntoma inequívoco de que es Víctor Ramírez un gran escritor.
De este libro, en 2007, Juan Carlos Falcón escribió el guión y dirigió la película "La caja", con Ángela Molina, Elvira Mínguez y Antonia San Juan, entre otros actores, obteniendo un notable éxito de crítica.



Les recomiendo la lectura de este libro u otro de Víctor Ramírez. Ya me han chivado que no es su mejor libro. Así que pienso repetir, porque si este me gustó, ¡qué no se dará en algún otro! Tengo para elegir hasta cinco novelas más: Lo más hermoso de mi vida (1982), De aquella zafra (1992), Sietesitios queda lejos (1998), El arrorró del cabrero (1999) y En la burbuja (2000). También tiene publicados cuatro libros de cuentos: Cuentos apátridas, Cuentos cobardes, Arena Rubia y otros relatos, y Desde el Sur. Así que me animaré.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Una vida (narración: La voz Silenciosa)

El texto Una Vida, ya fue publicado en este blog el veintidós de diciembre del pasado año. Es un texto que nació buscando un relato que se saliera un poco de los tópicos de las navidades. Fue incluido en el libro de relatos promovido por La Esfera Cultural "Aquella otra navidad" que recientemente ha sido editado.
Ahora vuelve, en forma de narración, a través de La Voz Silenciosa. Vuelve a cobrar vida. Me gustaría que lo escucharan porque el texto, así escuchado, es como si viviera. Gracias José Francisco por seleccionarlo. Espero que os guste.





Una sola copa. Una sola copa de más. Quizás fuera un chupito, el último. Me lo imagino de vodka-pomelo. No se porqué. Es el regusto que se me ha quedado. ¡Cuántas cenas de navidad truncadas por el mismo chupito!
Esa última copa retrasó lo justo el tiempo de frenada. Lo he leído. Cada grado de más, un segundo de menos, y ¡chás! No lo cuentas. Me imagino a sus padres esperándolo para la cena de navidad. Sus abuelos también. Su hermana desolada cuando escuchó por teléfono la noticia. Ella fue la única que me vino a visitar unos días después para conocerme. No me dijo nada. Solo acarició mi mano y derramó una lágrima. Una más.
¡Cuántas cenas de sillas vacías aquella noche solo por un chupito de más! Los Atestados, que llegarían a casa y encontrarían el guiso frío y el cava caliente. Y el cirujano... Por la hora en que lo llamaron, seguro que lo cogerían entre el consomé y el cordero, justo ahí. Me imagino el pitido del busca al ritmo de las luces del árbol del salón. Un pit y un destello azul, un pit y un destello rojo, y vuelta a repetir. Salió corriendo el cirujano-marido, el cirujano-hijo, el cirujano-padre y el cirujano-yerno, porque no una, sino cuatro personas salieron de casa esa noche embutidas en un solo cuerpo camino del hospital, con un trozo de pan en la boca, para cambiarme la vida.
Justo cuando yo estaba preparando la cena sonó el teléfono, ¿Rubén Larios?, Sí dígame, Llamamos del Hospital Clínico, tenemos un donante. Aquella noche yo tampoco cené. La nochebuena, la navidad y algunos días más los pasé entre tubos sedantes, lleno de costuras tras las que alojaron con mimo aquel riñón que llegó envuelto en la sangre, caliente aún, con ese sabor a vodka-pomelo que desde entonces me acompaña. Fue el mejor regalo que he recibido nunca: Una vida.

domingo, 19 de febrero de 2012

Tablas

Nos sentamos. Un saludo inicial, protocolario, más distante y frío de los que acostumbramos, dió paso a nuestro juego.
Te tocó mover primero: Las Blancas cayeron de tu lado y las Negras del mío. Te decantaste por una apertura de centro, y esos movimientos de imitación ya escritos siguiendo el guión de los maestros, nos llevaron a las posiciones igualadas y previsibles del gioco piano de la defensa italiana. No podía ser de otra manera porque antes, mucho antes de empezar a jugar, sabíamos que no podíamos hacernos daño.
Sin embargo, algunas de mis intenciones avivaron tu curiosidad dormida, y te acercaste titubeante hasta el umbral de mi puerta, que encontraste entreabierta, pero
el miedo a entrar del todo y verla cerrar a tus espaldas, te hacía esperar, quieta, escrutando el interior oscuro de mi estancia ancha, balanceando tu cuerpo en el filo de un escalón, sin atreverte a dar el paso decisivo que te hiciera caer y rodar, engullida por tus propios impulsos.
Volviste entonces sobre tus pasos y me enseñaste tu camino, esperándome, mirando de reojo, preguntándome con tu mirada hasta donde sería yo capaz de seguirte; y tras de ti fui, decidido a ganar la partida. Detuviste tu huída y, desafiantes, tus ojos encontraron los míos, esquivos, tan llenos de anhelos escondidos con ansias de salir. Sacrificamos piezas clave en luchas que, con intención premeditada, hicimos que fueran vanas y finalmente me detuve a dos pasos de ti, sabiendo que las reglas del juego no permitían que nos acercáramos más.
Hicimos tablas. No podía ser de otra manera.

Fotografía: Tablas (Miguel A. Brito)

miércoles, 15 de febrero de 2012

Un año y mil sorbos.

Lo conseguí.
Hace hoy un año me dije: ¿Seré capaz de llenar este espacio de amigos sentados alrededor de mis sorbos de vida, de mis tragos de añejas vivencias, de mis historias? ¿Lograré que alguien persiga mis letras y me ayude a crecer y anchar este camino que he decidido sea oficio y no un vago y esquivo sueño? Hoy hace un año me lo dije.
Quería agradecer vuestra presencia y abrigo, el sordo aplauso y la palabra amiga, también los silencios y las breves ausencias para luego volver, a sentaros a mi mesa. Beber estos mil sorbos compartidos me ha dejado el olor de vuestras esencias, el sabor de los besos y el calor de los abrazos de muchos.
Hoy hace un año, y soy distinto.
Hoy hace un año, y siento que no puedo parar de escribir.
Hoy hace un año de este idilio embriagador de sorbos y letras.
Sigamos bebiendo. Sigamos viviendo. Sigo. Seguimos.

domingo, 12 de febrero de 2012

Tras los marmullos de La Isla Menor.

Libro: Terramores
Autor: Víctor Álamo de la Rosa
Artemisaeditores 2008
ISBN 978-84-96374-82-9
Páginas: 378 
Hace aproximadamente un año me compré el primer libro de Víctor Álamo de la Rosa (Tenerife, 1969). El libro es Terramores (2007). Entré en sus páginas y ya no quise salir de ese mundo creado en torno a la Isla Menor y sus personajes. De Terramores me quedé con dos cosas que me llamaron poderosamente la atención: En primer lugar su voz; un lenguaje que me envolvió en una atmósfera de la que es difícil escapar porque se convierte en un confortable lecho sobre el cual tenderse a disfrutar de la historia. En segundo lugar, la fuerza de sus personajes, que aún, un año después de su lectura, permanecen vivos en mi recuerdo. En una ocasión una amiga escritora me decía que hubiera matado por crear a dos personajes como Policarpo y Cesarín. Yo no hubiera llegado a cometer homicidio (ni mujericidio tampoco) por crearlos, pero si que aprendí con Terramores, y escuchando a Víctor también, que una historia sólida depende en gran medida de la solidez de quienes la cuentan: el escritor, el narrador y sus personajes.
Libro: El Año de la Seca
Autor: Víctor Álamo de la Rosa
Tropo Editores 2011
ISBN 978-84-96911-39-0
Páginas: 193
Algún tiempo después de leer Terramores, me decidí por El Año de la Seca, una novela anterior, escrita diez años antes que Terramores, en el año 1997. Es su segunda novela (la primera fue El humilladero). El Año de la Seca, es distinta. Tras el impacto del primer capítulo, que atrapa al lector de un modo implacable, luego viene un buceo hasta lo más profundo del amor, donde el hilo de lo que ocurre acá y de allá, en el mar y en la tierra, a ellos y a ellas, es un deleite, para ser saboreado a sorbos de literatura llena de cabriolas de alto nivel. En El Año de la Seca, Víctor nos cuenta los amores de Efigenia y Aquilino, desde su principio y hasta su final que no es terminal sino eterno. Un amor que trasciende lo carnal para vivir en lo espiritual, mientras alrededor de ellos, la tierra de La Isla Menor, se resquebraja y languidece en su sequía y sus habitantes huyen, cada uno de lo suyo, incluso Aquilino que prefirió quedarse con las incertidumbres de su futuro antes que enfrentar las realidades de su presente. Huyen todos, menos Efigenia, que ve cómo su amor florece a pesar de la sequía. Fue la segunda etapa del viaje a través de la literatura de Víctor Álamo, y no quería descansar.
Así que en noviembre del pasado año, fui a la presentación de su último libro: Mareas y Marmullos. La presentación fue mágica, no se porqué. Me hice con un ejemplar a la entrada. Víctor denotaba en aquella ocasión, en su mirada y en el tono de su voz, algo muy parecido a la nostalgia. Me acerqué a que me firmara mi ejemplar y me saludó con un fuerte apretón de manos, el de quien se alegra al ver conocidos en su fiesta. En su dedicatoria me escribió:

Para Miguel
compañero de oficio 
estas caracolas. 
Con el cariño de, 
Víctor Álamo

Libro: Mareas y Marmullos.
Autor: Víctor Álamo de la Rosa
Tropo Editores S.L. 2011
ISBN: 978-84-96911-44-4
Páginas: 169
Luego me dijo, "Miguel, léelo. Me gustaría conocer tu opinión". La primera vez que oí el mar en una caracola, yo era muy pequeño. Fue en una playa de Venezuela. Allí nací, hijo de la emigración. Mis padres un día salieron de la Isla del Hierro, de la Isla Menor, en busca de un porvenir esquivo. Aquellos mares atrapados en la caracola, aquellos marmullos, me trajeron de vuelta con seis años. El Hierro me atrapó para siempre. Mis raíces quedaron allí, aferradas a sus malpaíses, enredadas entre sus tagasastes, y sus tederas y sabinas.
Leí Mareas y Marmullos, y ahora, Víctor, cumplo mi promesa y te doy mi opinión: Ahora entiendo tu semblante de nostalgia, la dedicatoria donde me regalaste tus "caracolas" y esa petición de "léelo". Ahora lo entiendo. Mareas y Marmullos reúne todo tu proceso creativo. Ahí se resume cómo se crea un mundo, cómo se gesta una obra. Son diecisiete hijos descarriados que vuelven al redil a contarnos por qué nacieron. Tu semblante de aquel día era la nostalgia del padre que se reencuentra con sus hijos: Diecisiete trazos de un mismo mundo, el mundo de La Isla Menor, el mundo creado por ti. Se ha cerrado el círculo. Ahora lo entiendo todo. Leer los tres, es más, en ese orden, me ha enseñado cómo se escribe una novela.
Gracias profesor.

viernes, 10 de febrero de 2012

Libro de Relatos: Aquella otra Navidad

El movimiento "La Esfera Cultural" esa inmensa bola de amigos escritores y amantes de todo tipo de manifestación artística, a la cual tengo el placer inmenso de pertenecer, acaba de hacer realidad otro proyecto: el libro de relatos "Aquella otra Navidad". Se trata de un libro de relatos seleccionados de una convocatoria hecha a finales del año pasado cuyo objetivo principal era plasmar aquella Navidad que no se ve, la que rompe con todos los tópicos de esas fechas. El ejercicio tuvo como resultado setenta textos y nueve ilustraciones que fueron seleccionadas para la ocasión del blog  "Una idea y mucho arte"  que os recomiendo que visiten.
Yo he participado en esta publicación aportando un texto que pueden leer en éste, mi blog. Se llama "Una vida" y que cierra esta publicación de "Aquella otra Navidad". Si quieren entrar en sus páginas, no tenéis más que clicar en el título del libro y adquirir vuestro ejemplar.



Título: Aquella otra Navidad 
Autor: Varios autores 
Pvp: 15 €
ISBN: 978-1-4710-8221-4 
Formato: 23 x 15 cm. 
Págs.: 114

martes, 7 de febrero de 2012

Atrás queda.

Una vez escuché decir que para huir del pasado, lo mejor era correr hasta morir. Así que, un buen día, me calcé las playeras decidido a rubricar mis senderos con la firma de mis calzas. El trabajo había matado mi familia, y la tristeza que sentí mató el trabajo, y una mañana me dije, ¡Al cuerno, me voy a echar a la calle a correr!; oye, dicho y hecho.
Quince minutos de carrera acabaron rápido con mis ganas, pero el caso es que me sentí bien. Tan vacío quedé que tuve ganas de volverlo a intentar para ver si así llegaba a conocer el límite de mis fuerzas. Era..., cómo decirte..., como una mezcla de dulce sufrimiento y morbosa curiosidad por conocer dónde terminaba mi existencia. Empecé a pensar que era capaz de huir tan lejos de lo que había sido mi vida, que ésta no podría alcanzarme por mucho que intentara perseguir la peste del sudor de mi esfuerzo. Así empezó mi carrera.
Pronto olvidé mi pasado, apelotonado entre hombros, espaldas y pechos, y rancios aromas de tercos maratonianos como yo. He pisado arenas y nieves, aguas y lodos, piedras y alfombras, y me siento tan lejos...
Ya casi no recuerdo quién fui.
Perdone... Me he ido. ¿Me preguntaba usted hasta dónde pensaba llegar y hasta cuándo pensaba correr? La verdad es que no lo sé. Aún no me he alejado lo suficiente.

Fotografía: Rompiendo muros (Miguel A. Brito)