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Mostrando entradas de febrero, 2012

Encuentro de poetas canarios en La Restinga (Isla de El Hierro)

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Hoy día 29 de febrero, a través de una iniciativa promovida por  World Poetry Movement, se dan cita en el Hierro, simultáneamente con otros lugares emblemáticos del Estado Español, un grupo de poetas, entre los que se encuentran Víctor Álamo de la Rosa, Susi Alvarado, Noel Alvarado, Antonio Arroyo Silva, y muchos otros. Esta iniciativa ha sido convocada en defensa de la paz y la diversidad cultural. Yo me he levantado hoy un poco más herreño. Quizás era una pena sentida de no estar hoy allí, de no compartir un momento especial rodeado de letras por un bien común y muy necesario, sobre todo en los tiempos que corren. Lo único que no se nos puede robar es nuestra voz, por eso lo primero que hice esta mañana fue sentarme y escribir un breve poema que envié a la web de World Poetry Movement. Seguramente no lo vean hoy y no lo lean, pero lo comparto con vosotros y en él he puesto el sentimiento de un herreño en la sangre, que un día descubrió sus raíces y quedó definitivamente agarrado a su…

Te veo.

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Cumplía doce años cuando lo vi por primera vez. Me espiaba desde la calle, con su largo gabán y su sombrero calado. Bajo las sombras de su cara se dibujaba una sonrisa a medio hacer, la de quien disfrutaba contemplando mi miedo.
Desde aquel día me acompañó cada día al colegio. Esperaba tras la esquina de clase, se sentaba a mi lado en el comedor, contempló mi cuerpo desnudo en la ducha. Pronto dejé de cerrar las puertas. Ninguna llave podía separarnos.
Los perros nunca le ladraron. No olían su presencia. Acompañaban con gemidos preocupados los gestos de inquietud de mi cara.

Quise compartir con mi madre y mis amigas su presencia, pero ellas no querían saber nada de él. Nos dejaron solos.
Hoy hace treinta años de aquella primera vez. Él sigue a mi lado y aún no veo sus ojos. Su risa se ha esfumado. Ya no se alimenta de mis miedos.

El Surrealismo rural: Nos dejaron el muerto.

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Una amiga me dejó de regalo de Reyes el libro "Nos dejaron el muerto" de Víctor Ramirez (Las Palmas de Gran Canaria, 1944). Le pedí a Ángeles, que así se llama mi amiga, que me lo dedicara, y ella escribió: "Este libro es para que empieces el 2012 tan productivamente como el año anterior". Así que oye, que allí me metí con él nada más empezar el año y ayer lo terminé.
"Nos dejaron el muerto" (1984) es la segunda novela que escribió Víctor Ramirez, y es mi primer contacto con el autor y, después de leerlo, no será el último.
Nos dejaron el muerto es puro surrealismo. Yo lo definiría como surrealismo rural canario. Víctor nos lleva a una situación de lo más insólita, y usando como telón de fondo algo tan dramático a priori como es el velatorio de un muerto, nos cuenta toda la historia de un vecindario, con sus señoritos venidos a menos y sus amores venidos a más, con sus putas y mendigos, sus gracias y sus miserias. No falta de nada: un cura malhablado y su…

Una vida (narración: La voz Silenciosa)

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El texto Una Vida, ya fue publicado en este blog el veintidós de diciembre del pasado año. Es un texto que nació buscando un relato que se saliera un poco de los tópicos de las navidades. Fue incluido en el libro de relatos promovido por La Esfera Cultural "Aquella otra navidad" que recientemente ha sido editado.
Ahora vuelve, en forma de narración, a través de La Voz Silenciosa. Vuelve a cobrar vida. Me gustaría que lo escucharan porque el texto, así escuchado, es como si viviera. Gracias José Francisco por seleccionarlo. Espero que os guste.





Una sola copa. Una sola copa de más. Quizás fuera un chupito, el último. Me lo imagino de vodka-pomelo. No se porqué. Es el regusto que se me ha quedado. ¡Cuántas cenas de navidad truncadas por el mismo chupito!
Esa última copa retrasó lo justo el tiempo de frenada. Lo he leído. Cada grado de más, un segundo de menos, y ¡chás! No lo cuentas. Me imagino a sus padres esperándolo para la cena de navidad. Sus abuelos también. Su hermana deso…

Tablas

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Nos sentamos. Un saludo inicial, protocolario, más distante y frío de los que acostumbramos, dió paso a nuestro juego. Te tocó mover primero: Las Blancas cayeron de tu lado y las Negras del mío. Te decantaste por una apertura de centro, y esos movimientos de imitación ya escritos siguiendo el guión de los maestros, nos llevaron a las posiciones igualadas y previsibles del gioco piano de la defensa italiana. No podía ser de otra manera porque antes, mucho antes de empezar a jugar, sabíamos que no podíamos hacernos daño. Sin embargo, algunas de mis intenciones avivaron tu curiosidad dormida, y te acercaste titubeante hasta el umbral de mi puerta, que encontraste entreabierta, pero
el miedo a entrar del todo y verla cerrar a tus espaldas, te hacía esperar, quieta, escrutando el interior oscuro de mi estancia ancha, balanceando tu cuerpo en el filo de un escalón, sin atreverte a dar el paso decisivo que te hiciera caer y rodar, engullida por tus propios impulsos. Volviste entonces sobre tus p…

Un año y mil sorbos.

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Lo conseguí.
Hace hoy un año me dije: ¿Seré capaz de llenar este espacio de amigos sentados alrededor de mis sorbos de vida, de mis tragos de añejas vivencias, de mis historias? ¿Lograré que alguien persiga mis letras y me ayude a crecer y anchar este camino que he decidido sea oficio y no un vago y esquivo sueño? Hoy hace un año me lo dije.
Quería agradecer vuestra presencia y abrigo, el sordo aplauso y la palabra amiga, también los silencios y las breves ausencias para luego volver, a sentaros a mi mesa. Beber estos mil sorbos compartidos me ha dejado el olor de vuestras esencias, el sabor de los besos y el calor de los abrazos de muchos.
Hoy hace un año, y soy distinto.
Hoy hace un año, y siento que no puedo parar de escribir.
Hoy hace un año de este idilio embriagador de sorbos y letras.
Sigamos bebiendo. Sigamos viviendo. Sigo. Seguimos.

Tras los marmullos de La Isla Menor.

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Hace aproximadamente un año me compré el primer libro de Víctor Álamo de la Rosa (Tenerife, 1969). El libro es Terramores (2007). Entré en sus páginas y ya no quise salir de ese mundo creado en torno a la Isla Menor y sus personajes. De Terramores me quedé con dos cosas que me llamaron poderosamente la atención: En primer lugar su voz; un lenguaje que me envolvió en una atmósfera de la que es difícil escapar porque se convierte en un confortable lecho sobre el cual tenderse a disfrutar de la historia. En segundo lugar, la fuerza de sus personajes, que aún, un año después de su lectura, permanecen vivos en mi recuerdo. En una ocasión una amiga escritora me decía que hubiera matado por crear a dos personajes como Policarpo y Cesarín. Yo no hubiera llegado a cometer homicidio (ni mujericidio tampoco) por crearlos, pero si que aprendí con Terramores, y escuchando a Víctor también, que una historia sólida depende en gran medida de la solidez de quienes la cuentan: el escritor, el narrador …

Libro de Relatos: Aquella otra Navidad

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El movimiento "La Esfera Cultural" esa inmensa bola de amigos escritores y amantes de todo tipo de manifestación artística, a la cual tengo el placer inmenso de pertenecer, acaba de hacer realidad otro proyecto: el libro de relatos "Aquella otra Navidad". Se trata de un libro de relatos seleccionados de una convocatoria hecha a finales del año pasado cuyo objetivo principal era plasmar aquella Navidad que no se ve, la que rompe con todos los tópicos de esas fechas. El ejercicio tuvo como resultado setenta textos y nueve ilustraciones que fueron seleccionadas para la ocasión del blog  "Una idea y mucho arte"  que os recomiendo que visiten.
Yo he participado en esta publicación aportando un texto que pueden leer en éste, mi blog. Se llama "Una vida" y que cierra esta publicación de "Aquella otra Navidad". Si quieren entrar en sus páginas, no tenéis más que clicar en el título del libro y adquirir vuestro ejemplar.



Título: Aquella otra Nav…

Atrás queda.

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Una vez escuché decir que para huir del pasado, lo mejor era correr hasta morir. Así que, un buen día, me calcé las playeras decidido a rubricar mis senderos con la firma de mis calzas. El trabajo había matado mi familia, y la tristeza que sentí mató el trabajo, y una mañana me dije, ¡Al cuerno, me voy a echar a la calle a correr!; oye, dicho y hecho.
Quince minutos de carrera acabaron rápido con mis ganas, pero el caso es que me sentí bien. Tan vacío quedé que tuve ganas de volverlo a intentar para ver si así llegaba a conocer el límite de mis fuerzas. Era..., cómo decirte..., como una mezcla de dulce sufrimiento y morbosa curiosidad por conocer dónde terminaba mi existencia. Empecé a pensar que era capaz de huir tan lejos de lo que había sido mi vida, que ésta no podría alcanzarme por mucho que intentara perseguir la peste del sudor de mi esfuerzo. Así empezó mi carrera.
Pronto olvidé mi pasado, apelotonado entre hombros, espaldas y pechos, y rancios aromas de tercos maratonianos co…