jueves, 25 de octubre de 2012

Encuentros de cabina.


Matías tomó asiento en ventanilla. La casualidad quiso que Manolita, una desconocida septuagenaria como él, cayera en su misma fila pero en pasillo. Así lo pidió, por si le entraban las urgencias. Se fijó en ella antes, en la terminal, mezclada entre los otros treinta viajantes del grupo. Se miraron como deslizando los ojos desde la cara a los pies y luego a un punto al azar, con la intención de demostrar que el cruce de miradas era tan casual como carente de intención. Entre ellos se sentó una joven de labios perfilados y pechos turgentes lucidos en un escote generoso hasta el insulto, muralla insalvable, que impedía ver y ya no digamos intimar a los dos ancianos durante el viaje. La chica se incomodó con las miradas de Matías que se reclinaba sobre su hombro intentando saltar los obstáculos, y no tardó en quejarse a la tripulación y pedir cambio de asiento por culpa del viejo verde. La ubicaron en primera, al lado de un ejecutivo de percha y pelo brillante que dejó inmediatamente sus papeles para intentar picar en el escote, sin terminarse de creer la merienda que le había caído en suerte. Mientras, quince filas atrás, Matías daba el primer paso. Mi nombre es Matías, ¿y usted? Manolita del Barrio Salamanca. Bonito sitio, encantado de conocerla.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Suite francesa - Irène Némirovsky

Libro: Suite francesa.
Autor: Irène Némirovsky
Ediciones Salamandra S.A.
ISBN: 978-84-9838-370-6
pág: 475 (incluye prólogo de Myriam
Anissimov y como apéndice Notas de la
Autora y Correspondencia del periodo
1936-1945)
Precio: 10,45 € 

Alguna vez me ha dado por pensar que la mejor novela de guerra sería aquella que escribiera un novelista a pie de trinchera, empuñando una pluma en vez de un fusil, y sintiendo las balas pasando a un palmo de su cabeza. Claro, que ahí correríamos el riesgo de leer una secuencia de acciones frenéticas, sin llegar a vislumbrar el color de las escenas; o peor aún, asistir a un relato desgarrador más cercano a la autoayuda que a una obra literaria. Siempre he creído que el buen novelista debe ser perfecto conocedor de aquello de lo que escribe, pero con la suficiente distancia como para no tomar partido o sentirse parte activa de la historia. Leer Suite francesa de Irène Némirovsky ha roto varios prejuicios que tenía acerca de que un novelista no puede escribir sobre un tema desde el que está viviendo, sobre todo si de una guerra hablamos con toda la carga emocional que ello conlleva. Me entristece que Irène fuera víctima de esa guerra, porque su temprana muerte nos ha privado de conocer a un referente de enormes dimensiones dentro del mundo literario. 
Suite francesa nos retrata la Francia de la invasión alemana durante la segunda guerra mundial, pero no desde el desgarro de las escenas de cuerpos mutilados y combatientes en las trincheras. Irène se fija en lo que le rodea, en una burguesía que ha perdido el rumbo, que aún siendo tan pobres como los más pobres, siguen haciendo esfuerzos en mantener con falsos maquillajes una realidad que ya no existe. Irène dota de humanidad al invasor (aquel que no tuvo piedad con ella cuando la llevó a la cámara de gases). Los alemanes de su novela son humanos y tienen sentimientos, y no son más que una víctima más de la guerra.
Suite francesa fue concebida como una obra ambiciosa que se vio truncada tempranamente porque Irène acabó sus días en un campo de concentración. Tenía la intención de que tuviera la estructura de una sinfonía (de ahí el nombre de suite), en cinco movimientos, donde se notaran los distintos tiempos (presto, prestissimo, adagio, andante, con amore,...). 
Consta de dos partes. En “Tempestad en junio”, se suceden una serie de cuadros en torno a la huida de las familias parisinas de los bombardeos alemanes sobre el cielo de París. Se retratan familias y personajes de todo tipo que ante la desesperación del momento se roban unos a los otros el agua, la comida o la gasolina sin importar su condición social en medio de un angustioso éxodo. En la segunda y última parte llamada “Dolce”, la estructura es de una novela y la trama se sitúa en un pueblo llamado Bussy, que es ocupada por tercera vez por los alemanes, que se quedan allí a convivir con los habitantes del pueblo durante unos tres meses. Esa situación de cercanía al enemigo hacen que se entrelacen los sentimientos de desconfianza y odio al invasor con otros de aceptación, resignación e incluso simpatía. 
La versión que he leído de “Letras de bolsillo” de Salamandra, incluye las notas que acompañaban al manuscrito de Suite francesa hechas por Irène, que nos habla de su oficio como escritora. Era metódica. No dejaba un resquicio a la improvisación a pesar de que escribía a toda prisa, economizando papel y tinta, consciente de que su vida corría peligro y su final podía estar cerca. Sus notas son un verdadero tratado de cómo nace una obra literaria, hecha de trozos de telas, que engarzan unos con otros, no por capricho de las puntadas sino obedeciendo a la estructura de un patrón estudiado, que a lo mejor hay que romper una y mil veces, pero que debe existir para que una obra tenga cuerpo.
Me ha quedado el amargo sabor de no haberla visto terminada como ella la ideó. Sin embargo no importa. Tal como está Suite francesa, aunque inconclusa, es uno de los paseos literarios más redondos que me ha tocado leer nunca. Esa sensación me ha llegado hondo, ya que, a pesar de que leído una novela escrita en 1942, Irène tenía claro que quería ser inmortal: escribía entre sus notas (fechada el 2 de junio de 1942): “no olvidar nunca que la guerra acabará y que toda la parte histórica palidecerá. Tratar de introducir el máximo de cosas, de debates,... que puedan interesar a la gente en 1952 o en 2052...”. Estamos a punto de acabar 2012. Las personas somos otras. No hay fusiles sino bombas radioactivas. Los sentimientos, el amor, las guerras de clases, el recelo, la envidia,... siguen existiendo.

viernes, 12 de octubre de 2012

El entierro de tío Fidel


Me pone nervioso decir cosas trascendentales. Me pasa mucho con las chicas. Cuando quiero decir que están guapas, termino enredándolo todo, y ellas acaban entendiendo que las llamo rechonchas o zancudas o cuellilargas. Me pasa siempre. Por eso ya casi no hablo, solo escucho y muevo la cabeza. 
De todas las veces que me ha pasado, lo del funeral de tío Fidel fue lo peor. Yo tendría quince años y era la primera vez que asistía a un entierro. Me resultaba violento dar el pésame a mi tía porque, cuando la gente lo hacía, ella lloraba y gritaba. Me parecía que le hacían daño y yo la quería mucho. Decidí esperar a que se sintiera mejor, pero el tiempo pasaba y ella peor se ponía, ¡venga a llorar! Llegó el momento de poner la caja en el nicho y ya no quedaba otra. Me puse a la cola. Mientras me acercaba iba practicando y me repetía lo de mi sentido pésame. ¡Lo hice veinte veces por lo menos! Cuando llegué donde ella estaba, la abracé y le dije felicidades. Me quedé helado. Ella lloraba y me besó. Me dijo gracias, como a todos.

domingo, 7 de octubre de 2012

IRA DEI: La ira de Dios - Mariano Gambín

Libro: IRA DEI: La Ira de Dios.
Autor: Mariano Gambin
Roca Bolsillo
ISBN: 8492833769
320 páginas.
Nota: También disponible en versión
ebook en Amazon a 2,84€

Soy Lagunero. Bueno, soy hijo de un padre común a muchos Canarios, la emigración, pero también soy Lagunero de adopción. A esta ciudad vine con quince años y nunca me he marchado aunque en etapas de mi vida no haya vivido aquí. Debe de tratarse de una especie de magnetismo invisible e imperecedero el que ejerce esta ciudad sobre mis pies, que me impide separarme de sus adoquines, a pesar del célebre viruje que pasea por sus calles en invierno. 
Ver que “IRA DEI: La ira de Dios” de Mariano Gambin estuviera ambientada en mi ciudad, hizo que fuera irresistible leerla aunque tan solo fuera por la curiosidad de ver sus calles y sus casas coloniales de techumbres enverodadas formando parte de un decorado de novela, máxime tratándose de un thriller. 
Mariano Gambín es licenciado en Derecho y Doctor en Historia por la Universidad de La Laguna, y ha tenido numerosos reconocimientos por la publicación de sus artículos de investigación. Fue premiado, entre otros, por sus trabajos sobre las estrechas e históricas relaciones entre Canarias y América y por su tesis, que versó sobre la formación de las élites en Gran Canaria a principios del siglo XVI, que le valió la mención de premio extraordinario de licenciatura. 
“IRA DEI: La ira de Dios” es su primera incursión en la narrativa, y forma parte de una trilogía lagunera que contempla otros dos títulos, El Círculo platónico y La Casa Lercaro (la primera ya publicada y la segunda a punto de estarlo).   
La novela comienza con una serie de asesinatos, narrados con mucha fluidez, dando importancia casi por igual a la acción y a la ambientación, sucedidos en el pasado y también en el presente, tanto en La Laguna como en otras latitudes, para luego traernos ya de lleno a la ciudad de La Laguna en Tenerife, de donde ya no saldremos más durante la lectura del libro. En el transcurso de unas excavaciones que se llevan a cabo en un solar, se descubre una cripta llena de esqueletos apilados en posiciones extrañas y atípicas de un enterramiento al uso. A partir de aquí se cruzan las vidas de los personajes en torno a la investigación del hallazgo y la búsqueda de su relación con algunos asesinatos que se van produciendo y que responden, a priori, al modus operandi de un asesino en serie. Fundamentalmente llevan el peso de la trama cuatro personajes: el inspector de policía Galán, el excéntrico Ariosto, inspector de Hacienda y amigo de Galán, la profesora e historiadora Marta y la joven y ambiciosa periodista Sandra Clavijo. Estos personajes se meterán en las pesquisas de los hechos hasta las mismísimas entrañas: las entrañas de La Laguna, con sus túneles subterráneos y sus casas llenas de puertas y sótanos secretos, y también las estirpes y familias de solera colonial y turbios pasados.
Catedral de La Laguna: En este lugar suceden
algunos de los hechos claves en la novela.
Autor: Miguel A. Brito.
Desde el punto de vista literario veo ciertas carencias en la novela. Los personajes, por ejemplo, responden arquetipos clásicos y son algo planos, carentes de aristas que los hagan interesantes. Quizás el que se escapa en cierta medida sea Ariosto, por aquello de que sea un Inspector de Hacienda el que más aporte para llegar a la resolución del caso habiendo tanto inspector de policía metido en el asunto. Por otra parte, el autor abusa del recurso de la explicación (casi académica, demasiado didáctica e innecesaria) de la razón de ser de cada monumento y cada hecho histórico ocurrido en La Laguna, poniendo estas explicaciones en boca de sus personajes, lo cual suena forzado dicho por ellos, perdiendo éstos credibilidad en sus diálogos. Sin embargo hay que reconocer que hay mucha acción, lo cual invita a leer y leer sin parar, por aquello de ver qué pasa. El autor contribuye a este ritmo escribiendo capítulos cortos que casi siempre termina en forma de suspense o frases con carga irónica o sarcástica, que invitan a seguir leyendo y profundizando en la trama. Si el lector no tiene pretensiones más ambiciosas que las de leer y entretenerse, podrá darse por satisfecho. 
Después de acabarla me ha quedado el regusto de haber disfrutado de una novela muy entretenida. Se que no es mucho decir cuando se habla de un libro, pero a veces es lo que se busca al leer. De hecho, lo reconoce el propio autor cuando refiere en sus notas al final del libro que Ira Dei “solo aspira a entretener y divertir al lector”. Esto habla de la honradez del escritor, algo que siempre valoro y admiro de quien escribe.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Sábanas vencidas.

Sus alcobas se tiñeron de malva en la noche, aún cuando solo había maderas gastadas bajo las tejas del techo. Elena en su cama y Carmelo en la suya. Habían encontrado en el baile un resquicio para burlar las miradas: las de la madre de ella apoltronada en la bancada de la plaza, también las del padre por encima del vaso de vino, y las del hermano, con esa mirada del que mata sin hablar. Carmelo imaginaba cómo sería tocar su piel por debajo del vestido, y no podía evitar un arranque de deseo incontenible escapando de sus pantalones, hasta notarlo ella martilleándole el ombligo. Estaban, ahora sí, bailando según lo acordado hacía dos semanas en susurros, juntando sus manos que antes habían acariciado sus partes, aquellas que no se podían nombrar, sacando a bailar sus aromas ocultos. De regreso a casa se llevaron olores mezclados en sudor, el de toda una noche de manos juntas. En sus camas solitarias durmieron acompañados, lamiendo, oliendo, gimiendo, tocando lo propio pensando en lo suyo, lo de él, de ella, de los dos, encontrándose a pesar de las puertas cerradas, revolcándose en las sábanas vencidas hasta el canto del gallo.