sábado, 26 de noviembre de 2011

Marcial carcajada

Aquella tarde reí. ¡Vaya si reí!
La culpa fue de Manso, ese gordo de pelo lacio, ese criador de malvas casi dos horas diarias en el pasillo, justo entre la puerta de Dirección y la del Gimnasio. Manso, el Rey de las gracias.
Tenía el don del influjo y nos hacía bailar a su antojo. No en vano nos llevaba ventaja ya que repetir tres cursos le había dado la experiencia necesaria. Su último reto fue hacerme reír justo en el momento en el que estaba prohibido: a la hora en que salíamos del colegio, cuando nuestro silencio estaba acompañado por el Himno Nacional. Esperó diez minutos antes de terminar la última clase para posar su manaza en mi hombro y susurrarme con voz entrecortada por una risa contenida “a que te ríes antes de acabar el Himno. No lo vas a aguantar”. No pude evitar imaginarme de pie, mirando hacia la pizarra, huyendo de los ojos de los compañeros, esperando ese acorde final, un Sol Mayor, creo, que nos indicaba el camino de casa. Su reto burlón se había metido en mi cabeza como un mal bicho y despertó las ganas de reír y la angustia de saber que estaba prohibido.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Noche in-tranquila.

Tac, tic, tic, tic, tac, tic, tic, tic, tac,...
Un tac y tres tics. Hasta ahora no me había dado cuenta. Está oscuro aún. Todo casi negro. ¿Qué hora será? Lo peor de cada tic y cada tac es que añaden un fotón más de luz y hoy no quiero que amanezca. 
Ese dichoso informe... 
¿Qué le voy a decir mañana a la jefa cuando me lo pida? Nada. Me quedaré ahí alelado, mirándola con expresión de besugo muerto. Quizás vaya siendo hora de que alguien le diga que lo que ella piensa de cómo han de hacerse los despidos es de “crápulainsaseable”. Solo pendiente de salvar de la quema su culo gordo.