lunes, 10 de noviembre de 2014

La Paz de los Vencidos - Jorge E. Benavides

Libro: La Paz de los vencidos
Autor: Jorge E. Benavides
Editorial: Nocturna Ediciones S.L.
ISBN: 978-84-939750-8-1
Págs: 215
pvp: 14,25 € en Agapea. También
disponible en versión Kindle a 6,64 €
Asistí a un “curso de novela” con Jorge Eduardo Benavides en la Escuela Canaria de Creación Literaria, un curso de apenas una semana, pero que me sirvió para abrirme los ojos sobre el oficio de escritor, que no hobby como lo entienden algunos, como lo entendía entonces. Tenía una asignatura pendiente con él, con Jorge Eduardo. Este año pude saldar por fin esa deuda de escritor y elegí éste libro, “La Paz de los vencidos” como manera de acercarme a su escritura.

Cuento una anécdota de aquel curso: Nos preguntaba dónde ambientaríamos nuestro proyecto literario. Todos competíamos a proponer el escenario más exótico o extraño para dar vida a nuestros personajes. Él nos escuchaba y en un momento dado nos interrumpió y nos preguntó: ¿por qué no aquí, en La Laguna? Nos quedamos mudos, sin saber qué contestar. Yo me dije que cómo iba a escribir sobre un lugar tan común para mí. Y él, como si me hubiera escuchado, dijo que no hay mejor lugar para escribir que los lugares comunes, los que más conocemos, y que en cada rincón se encuentran historias lo que pasa es que hay que buscarlas. Cambié desde entonces mi manera de relacionarme con mi entorno y confieso que mis ojos desde aquel día no miran igual lo que me rodea.

Jorge Eduardo Benavides, pasó aquí en Tenerife una buena temporada, unos 10 años entre 1990 y 2000 si no recuerdo mal (la fecha es lo de menos, el caso es que estuvo por aquí). De aquellas vivencias, seguro que se nutrió para traernos esta Paz de los Vencidos, por eso he conectado tanto con la novela. Su lectura me ha parecido un paseo con el protagonista por esos sitios comunes, comunes para ambos. Las mismas calles que transito, los mismos bares en los que he bebido (y sigo bebiendo), las mismas sensaciones de aquellos años de la despedida del siglo pasado: yo también he sentido más de una vez esa sensación de paz en la derrota.

Jorge E. Benavides, autor de La Paz de los Vencidos
(imagen extraída de Google images)
La Paz de los Vencidos está escrito en modo de diario fechado. Es el diario de un peruano afincado en Tenerife, un extraño de lo que le rodea. Viene a buscarse la vida como muchos, con un título sin convalidar (y poco le importa), trabajando para un jefe sin miramientos, que le pone la espada de Damocles desde el primer día. Personajes, pocos, pero ¡qué personajes!: un profesor sin alumnos, acabado; una ludópata y su hija preocupada; un músico de jazz, viejo amigo, y la novia de éste que anda sin saber lo que quiere ni en qué lugar buscarlo; un escritor con la obligación de triunfar más por lo que los demás esperan de él que por él mismo, y Carolina, una relación pasada, una sombra en su vida siempre presente desde la ausencia.

La novela de Benavides tiene muchas virtudes y pocos defectos. Fue merecedora del XII Premio de novela corta Julio Ramón Ribeyro y entiendo por qué. Es una novela que navega en el terreno de la reflexión y que no deja nada al azar, es un ejercicio robusto, Jorge no da puntadas sin hilo. Los personajes no están puestos al azar. La Paz de los vencidos es un devenir de personas en búsqueda continua de sentidos en sus vidas, ciegos dando palos. El protagonista es uno más de ellos. Los días pasan sin que nada pase porque todo se mueve y sin embargo también todo es dramáticamente estático. Dice en uno de sus pasajes:

“…como si la tristeza o la melancolía que me había provocado su ausencia hubiera eclosionado con toda su insoportable nitidez en aquel momento, dejándome ese alivio terrible del que sabe ya por fin que no hay esperanza y eso, que es espantoso, también tiene un lado bueno, porque significa que cualquier lucha, ahora sí, es estéril e infructuosa y viene el abandono, la extraña paz del vencido.”


Suerte que ocurren cosas y que un hecho inesperado nos puede encender la llama de la voluntad de vencer y dar el paso: Sólo hay que estar atento a las señales.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Ida Susal: Mamihlapinatapai

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Carátula del disco
(Imagen extraída de Google Images)

Anoche sentí un impulso inesperado de ir a Tejina, al Teatro Unión a escuchar música. Llegué tarde –me costó aparcar, ni que fuera Madrid- pero por suerte se retrasó el comienzo: me estaba esperando. Me senté, mi corazón latía con fuerza desbocado por culpa de las prisas en llegar. Casi al sentarme se apagaron las luces y empezó a sonar el dum dum de un bajo, una serie de sístoles y diástoles para abrir el concierto. Poco a poco mi corazón se acompasó, se tranquilizó con ese ritmo pausado. La canción, como no podía llamarse de otra manera, se llamaba ‘Sentidos’. Ahí empezó todo: Un concierto para dejarse llevar.

Ida Susal es el proyecto musical de la cantante Julia Botanz. Ella nos presentaba anoche su primer trabajo discográfico llamado caraAcaraB. Los que han invertido su dinero en este proyecto que nació como unapropuesta de crowfunding pueden estar satisfechos. Julia ha realizado un trabajo de mucha calidad en las canciones y de gran acabado, recuperando el gusto por el CD Objeto, porque es CD y libro ilustrado a su vez, y siguiendo las claves del libro se paladean mucho mejor las canciones. Todas las canciones son originales y compuestas por ella. Se nota un gran trabajo detrás.

CaraAcaraB, está dividido en dos partes, la CaraA y la CaraB, con doce canciones más un ‘Contratiempo’ que es otra canción: También esa nos la cantó anoche. Bueno, hubo sorpresa, porque fueron trece las que cantó. Cantó también la del cambio de tercio, de la cara A a la cara B, pero esa la cantamos todos. Ella en el patio de butacas con su guitarra y el público, ellos, yo, improvisando sobre su base rítmica, con la voz, con las palmas. Esa canción sólo la pudimos escuchar y cantar los que estuvimos allí y no será igual en ninguna parte, porque esa canción es sólo nuestra, de los que allí estábamos: ella nos la regaló. Como espectador me sentí protagonista por una noche: con Julia Botanz esas cosas son posibles.
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Julia Botanz, vocalista del grupo Ida Susal
(Imagen extraída de Google Images)

Cada canción del disco es una historia, una historia pegada a la tierra, a lo cotidiano, a las cosas sencillas que nos pasan que pueden ser grandes si queremos que lo sean. Un brindis con el vaso medio lleno, una maceta de orégano huérfana, una luz que desaparece, un capitulito, un mapa de lunares en la espalda,.. todo en nosotros es una historia. Julia acompaña sus canciones con sonidos cotidianos, que puestos en su lugar se convierten en música. Por eso se sienten tan cercanos sus temas. Música plagada de optimismo para momentos plagados de incertidumbre, invitando a la acción, al inconformismo activo, a querer cambiar lo que nos rodea. Si queremos podemos, claro que sí.


Ayer ella me enseñó la palabra más concreta del mundo: Mamihlapinatapai. Esta palabra, que usan los indígenas yámanas de Tierra del fuego, viene a describir ese momento en que dos personas se miran y cada uno espera a que el otro comience una acción que ambos desean pero que ninguno se anima a iniciar, es algo así como conectar con el otro. Así hizo Julia que vibrara el teatro anoche, con ese Mamihlapinatapai que llenó la sala y que nos envolvió para acompañar sus canciones, que nos hizo brindar con copas medio llenas de vino. La botella se acabó y volví a mi casa, con el CD bajo el brazo y un sabor a labios musicales en la boca: el de los muchos artistas que compartieron su copa conmigo. 

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Momento de la actuación de anoche de Ida Susal
(Fotografía: Miguel A. Brito)




miércoles, 13 de agosto de 2014

Todos tenemos "Antecedentes Carnales"

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Disco: Antecedentes Carnales.
Sito Morales
pvp: 9,99 € en iTunes

La vida nos va marcando, tatuando nuestro cuerpo, modelando lo que somos, dando forma a la silueta de nuestras huellas. Todos tenemos antecedentes carnales de los cuales no podemos librarnos y que son mucho más duraderos que los antecedentes penales. Esto es lo que nos cuenta Sito Morales en su último trabajo llamado así precisamente, "Antecedentes Carnales".

Llegó a mí hace unos días y lo he escuchado unas cuantas veces. Un buen trabajo sin duda, quizás el mejor de su carrera musical. A lo mejor es que nace de lo más íntimo de este músico canario que se ha hecho en los escenarios. Nos dice que ha pasado "un tiempo medio chungo", y en este trabajo puede verse algo de pararse, pensar y seguir, volver a intentarlo. 

Se aprecia desde la misma estructura del disco, con dos partes bien diferenciadas compuestas por cinco canciones cada una separadas por un tema, "Acaso", que marca el punto de inflexión del disco. 

En la primera parte hay cinco temas que hablan de la caída en varios terrenos de la vida. Empieza con el tema "Viejo ciprés" como metáfora del hombre vencido, olvidado, con ese símil que tanto me ha gustado de un viejo ciprés inclinado, lleno de nidos de pájaros abandonados como medallas en el viejo uniforme de un soldado. Pasamos luego a uno de los mejores temas del álbum: "Armónicas de oro". Dice la historia que el encargado de la producción del disco, Julio Tejera, pidió a Carlos Goñi que hiciera una colaboración poniendo sonido con su armónica a este tema de Sito. Carlos, al escuchar la canción, dijo que pondría por supuesto armónica, pero también arreglos de guitarra y hasta su voz, porque era de lo mejor que había escuchado en mucho tiempo. No me extraña. Es una pieza deliciosa, bien construida, con mucho sonido "revolver",  un canto al por qué estoy aquí, un canto al no buscar culpables, a perdonar al enemigo. Por mucho que te veas perdido siempre hay que mirarse las manos y pensar que todos tenemos una armónica de oro por tocar.
De izqda a derecha Carlos Goñi, Sito Morales y
Julio Tejera.
(imagen extraída de google images)

Luego siguen otros dos temas, "Sólo" y "Campanas de la catedral", que tienen en común el abandono y el cómo acabamos con nuestras vidas sin darnos cuenta, llegando incluso a no reconocer quienes somos.

El punto de inflexión del disco lo marca "Acaso". De fondo un piano sólo, melancólico, magistral aportación del lagunero Julio Tejera y por encima, la voz desgarrada de Sito en un monólogo desde abajo, desde el hoyo, desde donde no queda más solución que "erguirse y seguir", donde quedan pocos amigos, los verdaderos, porque ahí abajo "ya no vale mentir". Soberbio.

A partir de aquí el disco toma otro rumbo, el de la esperanza. Al tema "Rebeldes" que nos invita a cantar la canción de los rebeldes que nunca se rinden y no la de los vencidos que no tiene estribillo, sigue la canción más animada y rockera del disco, "Mensaje", con esa imagen tan gráfica de lo que somos, un mensaje que alguien escribió algún día y metió en una botella que va por el mar, a veces medio vacía y a veces medio llena, esperando a que alguien la encuentre y nos lea y nos comprenda.

Y para acabar otros tres temas. "Déjame intentarlo" nos habla de cómo en una relación no hay que esperar a que algo cambie sino cambiarlo nosotros, aunque ello suponga la ruptura, y mejor hacerlo cuanto antes en vez de dejar que nos convirtamos en extraños. Los temas con los que finaliza el disco son "Río seco" y "Gitana brillante", el primero hablando de la crisis y de cómo hay que seguir apoyando al pescador a que vaya al río aunque ahora esté seco y el segundo donde el cantante pide a la gitana brillante de negros cabellos que le de seguridad, que le diga que el camino que quiere tomar tiene vuelta atrás, que puede ir a donde le dice su corazón sin miedo a errar el tiro.

Visto así, seguro que te has sentido en alguna ocasión como nos cuenta Sito Morales en sus canciones. No es de extrañar. Sólo unos pocos tienen antecedentes penales, pero todos, absolutamente todos, tenemos huellas, antecedentes carnales.




viernes, 1 de agosto de 2014

Julio y la música

Julio, primeros calores, extraños fríos a destiempo para dejarse notar. Primeras cervezas, amigos, muchos amigos. Primeros largos en la piscina: estoy en baja forma, mi cuerpo lo nota. Medio año que se va, otro medio que empieza: este ritmo de vida nos parte el calendario en trocitos, átomos de año, nanomeses minúsculos. Días más largos, noches más cortas, intensas. Como más, bebo más. Un brindis, luego otro. Por qué, nos preguntamos: da igual por qué se brinde, brinda es sólo brindar, por lo vivido, por lo que queda por vivir, para olvidar, para recordar. Julio para mí ha sido punto de inflexión, un paréntesis musical, una pausa necesaria, un paso al frente.

Este mes de julio me ha dejado muchas sensaciones y vivencias. En sus noches me ha acompañado la cámara y la música, la familia y los amigos. Les dejo una breve muestra de todo lo que he podido ver y escuchar. En la sección "Te sugiero que escuches", una lista que he creado para compartir con vosotros lo que he podido escuchar en directo. 

Al Jerrau: La eterna juventud. Ya le dediqué hace poco una entrada entera. La ocasión lo merecía.

Al Jerreau, incombustible.
(imagen extraída de Google Images)


Maraca y Ramón Valle Quartet: Cuba en Tenerife. Gran banda, gran concierto. Fuerza latina en la improvisación de Maraca a la flauta y un piano de lujo de la mano de Ramón Valle.

Ramón Valle
(Fotografía: Miguel A. Brito)

Maraca
(Fotografía: Miguel A. Brito)


Ester Rada: Un volcán hecha de tierra, guerras, sed y hambre. De lo mejor que he escuchado en mucho tiempo: ¡El Soul vive!

Ester Rada
(Fotografía: Miguel A. Brito)


Esther Alfonso y Augusto Báez: Un dúo bien armado, hechos el uno para el otro, para rescatar a los clásicos con estilo. Esther con ese registro tan cercano a Ella Fitzgerald y Augusto con ese fraseo y esa pose al tocar que recuerda al gran Bill Evans.

Esther Alfonso y Augusto Báez
(Fotografía: Miguel A. Brito)


Dick Oatts y José Alberto Medina: Dick Oatts, el profesor, encarna uno de los mejores estilos actualmente al saxofón. Sus máster class por Canarias, espero que hayan sembrado gran parte de la semilla de su legado. La colaboración de ambos, pianista y saxofonista, materializada en el trabajo "There you are" es de altísima calidad. Lo pude comprobar.

Dick Oatts
(Fotografía: Miguel A. Brito)

Esther Ovejero: La potencia de su voz y su presencia en el escenario lo llenan todo. Una de las voces mejor dotadas que he tenido la oportunidad de escuchar en vivo.

Esther Ovejero
(Fotografía: Miguel A. Brito)




domingo, 27 de julio de 2014

Caminos

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Discontinuos
(Autor: Miguel A. Brito)
"Todos los caminos conducen a Roma". Eso me dijeron, me enseñaron. Una frase mentirosa, impropia de un maestro, un amigo y una madre. No es así, es una farsa, créeme. Los caminos no siempre te llevarán al mismo sitio, los caminos te llevan a encrucijadas y en cada elección te pueden pasar dos cosas: o te encuentras más o te reconoces menos.

Dejarte llevar por el camino es una manía peligrosa no exenta de frustración. A menudo las señales y las indicaciones de aquellos a quienes preguntas te llevan a un lugar lleno de nieblas, y llegado a ese punto te verás cargando contra ti porque no hay más culpables que tú y tu dejadez. Puedes buscar si quieres alivio en tomarla con los demás para descargar tus culpas, y esto será como pequeñas dosis de morfina que aplacarán tu dolor, pero no te engañes, como la morfina crea adicción, y cada carga contra los que te rodean son también otras maneras de matarte, ocasionarte daños, heridas irreparables que no pararán de sangrar. No hay escapatoria fuera de ti.

Antes de llegar a ese punto de autodestrucción conviene detenerse, no demasiado, que el inmovilismo es una perversión de la reflexión. A la reflexión hay que atarla en corto, domarla de alguna manera, hacerla parir soluciones. Detente, mira a tu alrededor, cuenta hasta diez o mil, no más, y en ese tiempo piensa dónde quieres ir, quién quieres ser, con quién quieres estar, dentro de cuatro, cinco, once años y empieza a andar hacia esa luz que se abre, da un paso y después otro. A lo mejor descubres que querías ir a Roma. Si es así, será Roma pero pisando tu propia calzada; si no será Caracas, Londres o Bombay, pero una sugerencia: no te fíes de tu instinto y de los deseos, son mentirosos, mejor dejarse guiar por tus anhelos.

jueves, 17 de julio de 2014

Al Jerreau y el elixir de la eterna juventud

Al Jerreau
(Imagen extraída de Google Images)
Cuando se subió anoche al escenario dijo en ese inglés esforzado para que le entendiéramos aquello de "estuve aquí hace…" y después de una larga pausa: "before". Arrancó nuestras primeras sonrisas, buena manera para empezar. Él pueda que no se acuerde cuando estuvo. Yo seguro que no olvidaré el 15 de julio de 2014, por varias razones.

Al Jerreau es difícil de olvidar cuando lo vives en directo. Su boina negra ensombrece sus ojos y destaca sus labios. Su espalda engarrotada se prolonga en forma de interrogación y se encaja en sus caderas rígidas, gastadas de tanto bailar. Su chaqueta arremangada deja al descubierto unos brazos desnudos y fibrosos que remueven unos dedos revoltosos como colas de serpientes que cantan al ritmo de su boca elástica. Esos brazos de Al se estiran y encogen como varas de trombón para jugar con el micro y amplificar sus registros cromáticos. Saqué las cuentas y con sorpresa comprobé que ese volcán sobre el escenario tiene 74 años de edad y hace casi cincuenta que entró en erupción, cuando publicó su primer LP ("1965 - Brainbridge"). No se notan en absoluto, hay jóvenes más viejos que él. Pueda que sus piernas no le acompañen para marcarse un baile, pero con su voz y sus manos nos hizo bailar, ¡vaya si lo hizo!, una voz de timbres casi imposibles de repetir. Lo intentamos en el auditorio, nos pedía que le siguiéramos: nuestras cuerdas vocales no podían, terminábamos por claudicar.

Nos recordó gran parte de su discografía. Quedan muchos highlights, como ese "One note samba", "Love and Happiness" o "This time". También ese juego que se marcó en encarnizada guerra con el saxofonista Joe Turano (hombre orquesta) al ritmo del clásico Groovin' High que tan popular hiciera Charlie Parker en los cuarenta. Arrancó también muchos aplausos anoche uno de los temas cantado a dúo con el bajista Chris Walker, "How do you heal a broken heart": ¡Vaya voz tiene el amigo! El baterista Mark Simmons hizo que temblara el escenario y el teclista Larry Williams puso esa nota de sobriedad y elegancia para dotar de equilibrio a la banda, una banda perfecta, trabajada, lo único anoche que no daba síntomas de estar improvisado, porque Al Jerreau vive en la improvisación. Él mismo dijo hace unos días en una rueda de prensa para presentar su espectáculo, que el jazz es "como una puerta a la libertad".

Terminó la actuación y le aplaudimos a rabiar, en pie, y volvió. Los aplausos lo trajeron de vuelta, y no lo hizo para regalarnos dos propinillas para callarnos la boca y que nos fuéramos a dormir, no. Se marcó una grandísima versión de ese "Spain" del gran Chick Corea, con solo de guitarra incluido de John Calderon. Y para acabar el postre, cómo no, ese tema que tanto bailamos muchos como yo en los 80, Roof Garden: nos tuvo al menos 10 minutos en pie, acompañando con palmas y bamboleos de cuerpos el ritmo de sus improvisaciones.

Me fui, nos fuimos todos con una sonrisa, más ligeros, rejuvenecidos. Dicen que no existe el elixir de la eterna juventud, que es una leyenda urbana. Yo creo que sí que existe, que anoche bebí un sorbo. Claro que existe: es eso que bebemos de los que viven lo que hacen.



domingo, 13 de julio de 2014

La Hojarasca - Gabriel García Márquez

Libro: La hojarasca
Autor: Gabriel García Márquez
páginas: 144
Editorial: Literatura Random house
ISBN: 8439729200
pvp: 16,06 € (también en versión
Kindle a 2,37 €)
Este ejemplar de la foto lo conseguí en
un rastrillo, tenía marcado precio de
175 ptas., me costó 1 €.
Aquí empezó todo. Por eso la quería leer, este año, justo el año de su muerte. Por eso la propuse como lectura en el club de los 1001 Lectores. Después de leer La Hojarasca tengo que decir que hay que leerla para llegar a entender en toda su extensión qué nos cuenta Gabo en 100 años de soledad. Reconozco que cuando leí 100 años de soledad, las mariposas, los rabos de cochino y todas aquellas imágenes mágicas lo llenaron todo. Fue una explosión de colores (los fuegos artificiales de los que habla mi buen amigo Iván). Y me pasó eso: la forma se comió el fondo. 

Al leer La Hojarasca por fin entiendo muchas cosas. Gabo Márquez publica esta novela en 1955, doce años antes que 100 años de soledad. Aquí aparece por primera vez el nombre de Macondo que a su vez tiene mucho de su Aracataca natal como dijo en más de una ocasión. Allí nació Gabo, y allí nació el escritor. Luego emigró hacia otros lugares, otras latitudes, otras literaturas. Esto hubo quien no se lo perdonó porque querían leer más realismo mágico. Yo sí que se lo perdono: este gesto de cerrar página y abrir otra es necesario para crecer como escritor. Con la Hojarasca, El coronel no tiene quien le escriba y 100 años de soledad fue suficiente, no hizo falta más.

La novela transcurre en Macondo. Allí muere un doctor, un personaje que llegaría al pueblo unos años atrás y que por una dejadez incomprensible en sus funciones se gana la antipatía y el repudio de todo un pueblo, de todos menos de quien lo acogió en su casa al poco de llegar: el coronel. En esa casa se retira y vive durante un tiempo extraordinariamente largo hasta que se muda a una casa a poca distancia de la del coronel. Allí se encierra, no sale más a la calle, y termina ahorcándose por razones desconocidas. Durante esa convivencia, se establece una especie de deuda de sangre entre el médico y el coronel que hace que éste deba darle sepultura aún teniendo a todo el pueblo en su contra. La novela empieza con el velatorio del doctor en el que participan el Coronel, su hija Isabel, su nieto y algunos campesinos que trabajan para el coronel. La novela abarca un período de tiempo que no serán más de dos horas y en esas dos horas los tres personajes (El Coronel, Isabel y su hijo) ponen sus voces para expresar cómo vive cada uno la misma realidad. Son voces que viajan del presente al pasado, al más remoto en el caso del coronel, al más reciente en el caso de Isabel y al presente más inmediato, incluso al futuro próximo en el caso del niño. Creo que en esta exposición de voces narrativas es donde radica la intención de Gabriel García Márquez.

La Hojarasca cuenta mucho de lo que supuso la llegada y posterior marcha de la United Fruit Company, la compañía bananera que cambió para siempre el paisaje y las vidas de los habitantes del departamento Magdalena en Colombia. Llegaron, invirtieron y trajeron el desarrollo a la región  y con él muchos de los vicios y miserias del crecimiento económico: la corrupción, la explotación mezquina y los abusos de poder. La situación se hizo insostenible, el ambiente irrespirable (como el de esa habitación del velatorio de La Hojarasca) y acabó con los trabajadores alzándose y al ejército colombiano, enviado por el gobierno que se había aliado con la bananera, cargando contra sus propios hermanos dejando un centenar de muertos y varios centenares de heridos. La compañía se marchó y dejó todo aquello cuando ya no les interesó. Atrás sólo quedó abandono: la hojarasca. 

Según veo, esas tres voces son una sola, la voz de la hojarasca en sí, que habla de lo que pasó, de lo que pasa y de cómo hay que vivir a partir de ahora. La voz de los recuerdos (el coronel), la voz de Isabel, que cuenta lo que ha pasado, cómo es abandonada por su esposo después de dejarla embarazada de un hijo para que no se olvide nunca más de él (porque es igualito a su padre), un marido al que no vuelve a ver nunca más (como las bananeras, está claro el símil). Y para acabar (y con él acaba el libro) el niño, que no tiene culpa de nada, que no pidió nacer sin padre, que sólo sufre la realidad sin buscar un por qué, que tiene calor porque hace calor, que soporta estoicamente los sofocantes paños de vestir que le puso su madre, y que sólo espera que todo acabe para ir a jugar con sus amigos, esa visión de futuro casi inmediato, sin mirar más allá que lo que suceda dentro de unas horas. En todo ese espacio narrativo se respira puro existencialismo, las cosas suceden porque suceden, nada de rencores, nada de preguntarse un sólo por qué, al más puro estilo de aquellos autores como Albert Camus o Sartre. Así debían de sentirse aquellos colombianos de la primera mitad del siglo XX: el progreso les vino y no lo pidieron, el progreso se fue y dejó sólo Hojarasca. No cabía preguntarse por qué. Algunos lo hicieron en el camino. Murieron tiroteados.

jueves, 10 de julio de 2014

Scream

If they tell you I wasn't living.
If they tell you my skin was never aroused by your touch
and my lips never kissed you.
If they tell you my eyes never watered
at the presence of your loving
caress.

If they tell you I wasn't free
If they tell you I never flew
and couldn't scare butterflies
or smell the fresh droplets
in the early morning.
If they tell you I never embraced
the sentences that plunged
out of your anguished
throat.

If they tell you I couldn't love you.
If they say life is shortened
when one wants to live.
If they tell you my laugh
the one you never heard
no one ever has.

Tell them it wasn't true.
Tell them it was a lie.
Scream!,
scream because I can't.

Scream out I am real,
tell them I can feel.
Scream out I am happy,
tell them I am still alive.

                                                             To Nerea


Trad. del poema "Grita" de Miguel A. Brito.
Traducción: Cindia y Sergio Escalante Vinuesa.


martes, 1 de julio de 2014

Maléfica: Una historia que pudo ser real


¡Por fin! He esperado más de cuarenta años para que me cuenten cuentos como verdades. La espera ha valido la pena. Al fin alguien me cuenta que el mundo no se compone de buenos y malos sino que todos tenemos algo de los unos y los otros. Por fin alguien me dice que un beso de amor verdadero es muchas veces un hecho puntual, que por eso escasean, que por eso probablemente hemos recibido muy pocos a lo largo de nuestra vida, que normalmente ese beso te lo dan cuando menos te lo esperas, que no sólo los dan los príncipes vestiditos de azul que montan corceles de crines blancas, que eso son sólo ñoñerías. Más de cuarenta años, casi cincuenta he tenido que esperar: Ha valido la pena.

El domingo fui a ver Maléfica, la última entrega de los Disney de toda la vida. Con esta película, la factoría reina de los cuentos en el cine, echa por tierra el castillo de su estructura fílmica basada en los buenos buenos y los malos malos. Con Maléfica da una vuelta a cómo se han de contar las historias. El cuento de la bella durmiente contado desde la visión de la mala Maléfica, la bruja de la maldición. La historia al revés, la bella Aurora, la Bella Durmiente del cuento convertida en secundaria  de su cuento, apareciendo sólo en la última mitad de la película. La mala Maléfica, que agiganta su sombra y se come la historia. ¿Cuántas veces nos pasa que juzgamos a los protagonistas de un hecho que ocurre hoy sin tener en cuenta cómo el pasado ha podido explicar en parte su comportamiento? Esta, y muchas otras cosas nos trae como moraleja la historia de Maléfica. No voy a contar más porque hay que verla para que sepan de lo que les hablo. Ya la historia la conoces de sobra, seguro que te la han contado. Lo que pasa es que igual te engañaron y no te la contaron como fue, y nunca lo supiste como a mí me pasó, o nunca te preguntaste sencillamente por qué.

Robert Stromberg, su director, debuta con Maléfica después de haber mostrado sus habilidades técnicas como técnico de efectos especiales en donde ha dejado su marca en filmes como Avatar o Alicia en el País de las Maravillas. Aquí, en Maléfica se nota su mano. Se rodeó de un gran equipo de guionistas que han sabido reescribir la historia con maestría, con giros inesperados, presentando al espectador un producto que tanto vale para niños como para mayores, lo cual hace que Maléfica sea una película ideal para consumir en familia y hacer tertulia después. La banda sonora es impactante, al estilo de James NewtonHoward que maneja muy bien esos registros de contrastes desde los suaves violines a las violentas percusiones que subrayan la acción. Y que me dicen de esa versión del "Once upon a dream" de Lana del Rey: No se podía haber elegido intérprete mejor para esta canción, con esa voz monocorde, de tono bajo, triste, enigmática, destrozando lo melódico de aquel "Eres tú el príncipe azul que yo soñé":




Y mención aparte la actuación de su protagonista indiscutible, Angelina Jolie. Es verdad que se ha rodeado de secundarios muy secundarios y eso realza a la diva, pero hay que reconocer que resuelve el papel con solvencia, mostrando el lado bueno y adorable y también el malo y vengativo que todos llevamos dentro a poco que las circunstancias nos aprieten, acompañando cada registro con esas facciones tan reconocibles de sus gruesos labios y sus ojos tintados de amarillo para la ocasión: Un aplauso muy merecido para ella, también para su maquillador.

Más de cuarenta años, casi cincuenta he tenido que esperar, pero ha valido la pena. A partir de ahora, contaré a mis hijos y los nietos que vengan si es que vienen, que el mundo no debemos dejar que nos lo cuenten, sino que tenemos que verlo con nuestros propios ojos, y juzgar. 




Ficha:

Título original: Maleficent (Maléfica en España)
Nacionalidad: Estados Unidos
Año: 2014
Productora: Walt Disney Pictures
Director: Robert Stromberg
Guión: Linda Woolverton, Paul Dini y John Lee Hancock
Banda sonora: James Newton Howard
Reparto: Angelina Jolie, Elle Fanning, Juno Temple, Sharito Copley, Kenneth Cranham, Lesley Manville, Imelda Staunton, Miranda Richardson, Sam Riley, Peter Capaldi, Ella Purnell, Brenton Thwaites, Christian Wolf-La'Moy


domingo, 8 de junio de 2014

Yo también dije no

Ayer caminé después de mucho tiempo sin hacerlo. Yo puse mi grano de ilusión, sólo ilusión. Mi hijo me preguntaba mientras andábamos, ¿pero cambiará algo?, ¿no irán a buscar petróleo después de esto? Ojalá me hubiera preguntado cómo era eso de que los niños no venían de París. No supe qué contestar ni cómo decírselo. Me quedé en un escueto, nosotros ya hemos hablado, ellos sabrán qué es lo que hacen; no me convenció mi respuesta.
Ayer caminamos, y entonamos consignas, escuetos arranques literarios a ritmo de palmas: "Canarias no se vende, canarias se defiende". Esta me hizo pensar, me sigue haciendo pensar: Somos pasto de los intereses. 
Ayer es verdad que hubo una gran manifestación, que nos congregamos muchos miles para decir ¡No!, cada uno a su manera. Pero en el camino me encontré de todo. Banderas de todos los colores y que no venían al cuento, Rusas, de la República, de sindicatos,… Yo pensaba, aquí, cada uno va a su rollo.  Pasó a mi lado un grupo de mujeres y una de ellas le decía a las otras yo paso de ir hasta allá a escuchar el manifiesto, ¿qué tal chicas si vamos a la calle la Noria a por una cerveza, que hace calor?, y se fueron, las vi perderse Noria arriba: iban de fiesta. A otros los encontrábamos de vuelta mientras nosotros íbamos al encuentro de la manifestación, y yo les preguntaba ¿ya acabó la manifestación? y ellos me contestaron qué va, todavía hay jaleo, pero yo ya estoy cansado y me recojo. Luego dispersión en vez de estar unidos: unos a la plaza a leer el manifiesto y otros a manifestarse ad libitum frente a las plataformas y a liarla, a liarla contra las plataformas, esos gigantes de metal sordos a los gritos, ¿a qué fueron hasta allí?, a tirar contenedores, agredir a una reportera gráfica que sólo quería hacer su trabajo. Estas minucias e inmundicias también pasaron, me lo dijeron, yo no estaba para verlo porque cuando vi el percal nos dimos la vuelta y mi hijo, mi esposa y yo estábamos en la plaza escuchando el manifiesto y aplaudiendo. A eso bajamos, ¿no? A eso bajamos todos, ¿no? Pero no todos bajaron a eso, no. Todos sabían que había que estar, pero no todos sabían para qué. Mucho confundido que vi. Mi hijo era uno de esos antes de bajar, culpa mía que no supe explicárselo. Por la mañana me decía que no tenía ganas de bajar a la manifestación, que eso del petróleo le daba igual, que ¡jo!, que eso es un rollo, papi. Ya en la plaza, después de lo que vio y lo que hablamos, me pidió permiso y se adentró en la masa de gente e hizo fotos con su móvil mientras se leía el manifiesto, luego vi una colgada en Instagram y me dijo que le había gustado venir y que no estaba bien eso de sacar petróleo y que por qué no buscaban en otro lado y que qué feas eran las plataformas esas, que no le gustaban, que no se veía el mar. 
Mereció la pena bajar, aunque no nos escuchen, ¿verdad hijo?

Estas plataformas son solo nubarrones
(Foto: Miguel A. Brito)

Muchas decenas de miles de personas en Avenida Anaga
(Foto: Miguel A. Brito)

Canarias contra las prospecciones
(Foto: Miguel A. Brito)

Algún día lo entenderá. Tal vez ya hoy lo entienda
(Foto: Miguel A. Brito)

Coronando la cima, gritando alto
(Foto: Miguel A. Brito)

¡No!
(Foto: Miguel A. Brito)








lunes, 2 de junio de 2014

El ruido de las cosas al caer - Juan Gabriel Vásquez

Título: El ruido de las cosas al caer
Autor: Juan Gabriel Vásquez
ISBN: 8420475076
Editorial: Alfaguara
272 páginas
pvp: 17,1 €. También disponible en
edición de bolsillo a 7,59 €

El mundo es así. Las cosas, los hechos caen por su propio peso y al caer dejan un sonido que retumba como un eco rítmico, recurrente, a pesar de que el sonido haya dejado de existir mucho tiempo atrás. Así son las cosas, el mundo es así, las cosas, los hechos caen por su propio peso. Causa y consecuencia van de la mano y en el eco de las consecuencias nos asaltan las dudas del por qué pasó, de qué circunstancias generaron el descuido y por qué ocurrió el accidente: dudas, más dudas, cabos sin atar. Al final quedan dos caminos que seguir, el de dejarlo pasar y olvidar o el de convertir la búsqueda de los por qué en una obsesión. Se generan entonces nuevos caminos, ramificaciones infinitas que a menudo nos cambian, para siempre.

Este mensaje críptico es el que se esconde detrás de “El ruido de las cosas al caer” de Juan Gabriel Vázquez. Es un libro en el que se respira incertidumbre, cabos sueltos, una atmósfera de duda constante. Mucho tendrá que ver esa sensación que transmite el autor con cómo han vivido durante tantos años los colombianos, sin saber qué va a pasar mañana, si estarás vivo o muerto, si tu esposa o tu hijo llegará a la hora de la cena, si esa copa que tomaste con tu amigo será de verdad la última, para siempre. Todo a raíz del fuego cruzado entre narcotraficantes y poder político, en especial durante los años de "reinado" de Pablo Escobar, que dejaron una estela de más 10.000 personas muertas, de los cuales casi 2000 eran policías, entre finales de los ochenta y principio de los noventa.

…El mundo me pareció un lugar cerrado, o mi vida una vida emparedada; el médico me hablaba de mi miedo de salir a la calle, me arrojaba la palabra agorafobia como si fuera un objeto delicado que no hay que dejar caer, y para mí era difícil explicarle que justo lo contrario, una claustrofobia violenta, era lo que me atormentaba

Elocuente, ¿no creéis? O esta otra:

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Juan Gabriel Vásquez, autor de El ruido de las cosas al caer
(Imagen extraída de Google images)
…Mi vida contaminada era mía solamente, mi familia estaba a salvo todavía: a salvo de la peste de mi país, de su atribulada vida reciente: a salvo de todo aquello que me había dado caza a mí como a tantos de mi generación (y también de otras, sí, pero sobre todo de la mía, la generación que nació con los aviones, con los vuelos llenos de bolsas y las bolsas de marihuana, la generación que nació con la Guerra contra las Drogas y conoció después las consecuencias). 

Brillante ese recurso literario de dos puntos después de otros dos puntos, explicativos tras explicativos, cabos, más cabos.

Sinopsis: Antonio Yammara narra su experiencia, en primera persona. La experiencia de todos los acontecimientos que se suceden tras conocer a un personaje rodeado de un aura de misterio, Ricardo Laverde, alguien que apenas habla y que se intuye en todo momento que tiene una vida pasada soterrada y enigmática. Piensa Antonio, este hombre no ha sido siempre este hombre. Este hombre era otro hombre antes. Su atracción hacia Ricardo y los misterios que encierra se convierte en una obsesión y acude cada noche al billar, donde coinciden, con la esperanza de pasar ratos con él y llegar a saber algo más sobre su vida, aunque no logra acercarse lo suficiente, no le da tiempo: una bala se encarga de acabar para siempre con sus encuentros. La muerte de Ricardo Laverde en su presencia, hace que la vida de Antonio cambie, ya no puede ser el mismo, en casa, en su trabajo, y toma decisiones arrastrado por la necesidad de querer saber la verdad, un camino siguiendo la estela del ruido del disparo que acabó con la vida de Ricardo Laverde: 

La experiencia, eso que llamamos experiencia, no es el inventario de nuestros dolores, sino la simpatía aprendida hacia los dolores ajenos.

Es muy hábil Juan Gabriel Vázquez. Escribe una novela de la que me ha quedado la sensación de ser redonda a pesar de los cabos sueltos. Detrás de cada frase hay un por qué. Un detalle para explicarme: las primeras frases que oye Antonio Yammara de boca de Ricardo Laverde son en referencia a los hipopótamos del zoológico del narcotraficante Pablo Escobar: varias personas están en el billar viendo por el televisor un reportaje sobre esos hipopótamos que campan a sus anchas sin nadie que les ponga coto, y se oyen los testimonios de campesinos quejándose de los destrozos ocasionados en sus fincas. Todo esto era motivo de tertulia entre los presentes y Ricardo Laverde se mantenía al margen de la discusión hasta que abrió la boca para decir un escueto “qué culpa tienen ellos”. Una frase que cuando la leí, casi al principio del libro, se me pasó inadvertida hasta que, sin embargo, llego al final del libro y me encuentro con otra imagen, la de Antonio siendo testigo visual de uno de esos hipopótamos, cría o adulto, macho o hembra, qué más da, en carne y hueso, y esa frase volvió a sonar aunque no estuviera escrita, era una frase caída, un eco literario que duró 200 páginas, qué culpa tenían ellos, cierto, qué culpa tenía él, Ricardo, qué culpa tenía él, Antonio, qué culpa tenían.

El ruido de las cosas al caer está escrito en un estilo casi poético. La voz cala como una lluvia fina e insistente. Los personajes, siempre vistos a través de los ojos de Antonio, tienen una entidad propia y definida, con unas voces reconocibles construidas con frases cortas, que muchas veces se repiten, ecos al fin. Aprovecha para introducir, a través de las reflexiones de Antonio, elementos que terminan por confeccionar la evolución de los cambios que él mismo experimenta. Nada queda al azar, tampoco se terminan de cerrar muchas historias, empezando por la suya propia. Acaso, eso sí, la de Ricardo Laverde que poco a poco termina de construirla Antonio Yammara a través de piezas sueltas sacadas de una cesta de mimbre que terminan encajando. Sólo entonces se da cuenta Antonio de que esa historia termina hablando de él mismo ¿será por eso que Antonio se sentía tan ajeno de sí desde que murió Ricardo Laverde? Creo que sí, tal como decía antes de empezar a construir ese puzzle: 

…sentí otras cosas, algunas inexplicables y sobre todo una muy confusa: la incomodidad de saber que aquella historia en que no aparecía mi nombre hablaba de mí en cada una de sus líneas.

domingo, 25 de mayo de 2014

La A invertida de Javier Álvarez: jugando con el sol.

Javier Álvarez
(Foto: Miguel A. Brito)
Una A invertida, un juego, una existencia efímera y a la vez duradera como un abrazo perfumado. Un canto a la luz de un sol que mengua, un hola a la luna que pinta el salón del azulpicasso de la oscuridad, un dar la vuelta a la lógica como un calcetín. Personas que conozco de manera circunstancial, que quizás no vuelva a ver, o quizás sí, ¿por qué no?, la vida te da tantas sorpresas. El viernes por la noche me la dio y casi no la busqué, me la encontré por el camino gracias a eso, a las circunstancias. Canciones que recordé y otras que descubrí y que sólo existen ya en recuerdos, frases sueltas, como esas tardes de semana en las que no hay tiempo de tomar el té.
Javier Álvarez cantó para nosotros, un reducido grupo de personas, su último trabajo que insiste en enseñar y no grabar, en regalarlo y no venderlo, retomando esa historia que vivió hace más de veinte años cuando hacía lo mismo, en el "jardín de su pueblo" en Madrid, acompañado de su guitarra. Allí había que ir para escuchar su música, no se vendía en otra parte. Allí cambió su "prometedora carrera de filólogo" por la guitarra porque, tal como se lo inventó, ese era su "porvenir". Está tan enamorado de esas seis cuerdas que anoche no pudo evitar besarla en sus curvas recordando los principios de su idilio. Me emocioné. Por aquel entonces se cruzó con Pedro Guerra, que ya cantaba en Libertad8: vente tú conmigo a cantar al local, le decía Pedro, a cambio de que vengas conmigo a cantar a mi jardín, le respondía Javier. De este modo empezaron los primeros intercambios de lugares y colaboraciones entre artistas. Después de ese proceso de autoformación a lo "operación cantautor" como le gusta decir a Javier, se fraguó esa nueva generación de cantautores que salieron del asfalto, de las plazas, de las bocas del metro, de los escenarios minúsculos de los primeros locales de autor.
El viernes me dejé llevar por esa voz tan pegada a la guitarra, tan llena de sostenidos agudos, inagotables, colgando de un hilo, a punto de caerse, haciendo funambulismo con esa voz tan reconocible y especial que tiene Javier. Escuché su disco A, la A invertida, la que sólo existe en sueños, los que tuve yo y otro puñado de afortunados, como yo. Escuché la cara A y la cara B de un tirón, mientras veía caer partituras, a su derecha, a su izquierda, sembrando la alfombra de frases dichas y cantadas, sin poder rebobinar el cassette porque el sol se puso y ya no veía nada, y no encontraba la tecla del reproductor porque no existía, porque nunca existió, era un juego, el juego de Javier, magia musical. El sol se puso. Me invitaron a jugar que me inventaba un disco y el viernes jugué y lo inventé, el mío propio. Gracias por este gran regalo, Javier.

Visita: http://alvarezjavier.com

 Piel de pantera (Javier Álvarez)






jueves, 22 de mayo de 2014

La rubia de ojos negros - Benjamin Black

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Título: La rubia de ojos negros
Autor: Benjamin Black (pseudónimo
de John Banville
Editorial: Alfaguara
ISBN: 978-84-204-1692-2
Páginas: 336
PVP: 19,50€ en Agapea
Era más alta de lo que me había parecido desde la ventana, alta y delgada, con hombros anchos y elegantes caderas. Mi tipo, en otras palabras. Su sombrero tenía un velo, una exquisita transparencia negra de seda moteada que descendía hasta la punta de su nariz. Una punta preciosa para una nariz preciosa, aristocrática, pero no demasiado estrecha ni demasiado larga y, por supuesto, nada parecida a la trompa de Cleopatra. Lucía unos guantes largos de un pálido crema a juego con la chaqueta y hechos con la piel de alguna singular criatura que habría pasado su breve vida brincando con delicadeza sobre riscos alpinos. Tenía una bonita sonrisa, cordial de momento y ligeramente ladeada, que le daba un atractivo aire burlón. Era rubia, con unos ojos negros, negros y profundos como un lago de montaña, cuyos párpados se afilaban de manera exquisita en las esquinas.

Así es la rubia de los ojos negros. Esta descripción es un dardo, un despliegue de recursos de buen escritor. Nos hace picar en las esquinas del personaje y que no se nos vaya de la cabeza a lo largo del libro. Clare Cavendish, que así se llama esta belleza rubia, se construye en un párrafo, no sólo físicamente sino incluso en sus primeros trazos de carácter, aunque conforme va avanzando el libro termina de dibujarse, como no podía ser de otra manera, más llena de aristas que de redondeces (si no hay conflicto, no hay historia).

Sinopsis: La historia de La rubia de los ojos negros arranca un martes de un año que podría situarse alrededor de los años cincuenta, en el despacho del detective Philip Marlowe. Allí se presenta Clare Cavendish para hacerle un encargo, que localice a un antiguo amante llamado Nico Peterson al que creía muerto desde hacía ya un par de meses y al que creyó ver por la calle vivito y coleando. Un comienzo sugerente y un trabajo aparentemente sencillo, que le viene muy bien al buen detective, cuyo negocio está de capa caída. Sin embargo, lo que se prometía un trabajo fácil se convierte en una trama muy enredada en donde no falta de nada: mafias, drogas, sicarios,… Todo muy entretenido, la verdad. Aunque cerca del final se cuela algún gazapo que no debería de estar en esa época (te animo a que lo descubras), pero bueno, vamos a perdonárselo.
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John Banville (pesudónimo, Benjamin Black)
autor de La rubia de ojos negros
(imagen extraída de Google images)

La rubia de los ojos negros fue el libro seleccionado el mes de abril del Club de los 1001 lectores de La Esfera Cultural (aquí puedes leer algunas opiniones sobre el libro por parte de otros lectores). El autor John Banville, uno de los escritores de lengua inglesa más prometedores y prolíficos de nuestro tiempo, irlandés para más señas, aceptó este interesante reto: vestirse del escritor Raymond Chandler (Chicago 1888-California, 1959) a petición de sus herederos y resucitar a uno de sus personajes, el detective Philip Marlowe. Confieso que no he leído a Raymond Chandler ni sabía de la existencia de Philip Marlowe, pero lo que si sé es que John Banville, bajo el pseudónimo de Benjamin Black, recrea en La rubia de ojos negros, esa atmósfera gamsteriana de la primera mitad del siglo pasado de manera creíble (sobre todo echando mano de las descripciones en los vestuarios de los personajes, los diálogos, las atmósferas de los bares,…). Ahora bien, ahí queda todo. Pareciera como si la gran preocupación del autor fuera precisamente esa, que centrara allí el objeto de su trabajo, en recrear el género y los personajes de un modo creíble, dejando a un lado la historia, quedando ésta únicamente al servicio del estilo. Eso se nota mucho en el final, donde parece como si dijera, venga, a terminar esto ¡ya!

A mí, La rubia de ojos negros, me parece un libro poco equilibrado, eso sí, fácil de leer, entretenido, pero descafeinado en su historia. Benjamin Black es un buen escritor, no me cabe la menor duda, de hecho quiero leer algo más de sus libros y lo haré, pero en cuanto a novela negra está muy lejos de otros autores del género que haya leído antes como por ejemplo Michael Connelly o el cinematográfico Joe Nesbo, que no es que me guste demasiado, pero maneja la tensión de la novela negra de manera mucho más eficaz.


No sé si coincides conmigo, pero si lo has leído, me gustaría conocer tu opinión. 

viernes, 16 de mayo de 2014

Y llegó la Bossanova y llenó de calor la fría Laguna: Marina Machado y Thais Morell

Marina Machado
(foto: Miguel A. Brito)

Me gusta esa cada vez más afianzada apuesta del ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna (Tenerife) por el jazz. El festival de jazz de La Laguna que nos visita cada mayo se instala en sus rincones, sus plazas, su teatro Leal, sus locales, para regocijo de todos. Anoche hacía frío y no me importó. Nada mejor para combatir el frío que voces brasileñas, con esa tesitura tan cálida y sedosa. Dos voces que me sorprendieron, no las conocía.

Empezó la noche con Marina Machado acompañada por la guitarra del bueno de Miguel Manescau, guitarrista de por aquí (cuanto bueno tenemos en Canarias). Ella ya lleva varios años subida a los escenarios y tiene un disco más que bueno junto a Flàvio Henrique del cual rescató algunas piezas para deleitarnos, así como otras grabadas junto al gran Milton Nascimento. Hubo mucha complicidad en lo que fue esa mezcla canario-brasileira, como ella misma la definió.

A continuación se subió al escenario una artista de los pies a la cabeza, Thaïs Morell. Nos dejó buena parte de las canciones incluidas en su primer cd, Cancioneira, un trabajo difícil de encuadrar en un género ya que ella toca varios palos, desde la bossa-nova más pura a temas más jazzísticos e incluso incorporando algunas adaptaciones de temas world-music, mostrando toda su solvencia independientemente del estilo, porque ella es una gran profesional.

No me atrevería a decantarme por ninguna de las dos, las aplaudí por igual. Conectaron conmigo y me hicieron irme a la cama oyendo acordes. Hoy he llevado sus canciones en el coche todo el día, no me canso de oírlas. Si quieres escuchar un poco, pincha en la sección "Te sugiero que escuches…" de aquí, de la vida en sorbos, y podrás oír de lo que te hablo.


Thaïs Morell
(foto: Miguel A. Brito)

Thais Morell, interpreta "Agora ou jamais"


Marina Machado interpreta "Grilos"

domingo, 4 de mayo de 2014

Te quiero, abuela.

Foto: Rober Sánchez
Pancha era eco de una vida muy alejada de la nuestra, de la que ya van quedando pocos que se acuerden, y ese pasado se abría paso a través de sus labios cuarteados de un modo fácil de entender, sin guardarse nada para sí. No quise verla en el último momento porque a Pancha no me gustaba verla dormida sino despierta, riendo o refunfuñando, que también lo hacía, o con esa mirada temblona a través de sus ojos pequeños y vivarachos que no perdían detalle de todos nosotros.
Su cuerpo chiquito y doblado, maltrecho por los latigazos del trabajo sobre su espalda, nunca hincó la rodilla. Se revolvía contra los años que pesaban en sus piernas y decía que no, que no y que no, que ella era Pancha Febles y que con ella nadie podía. Desde su atalaya de matriarca, de esas que ya pocas quedan, muy al estilo Úrsula Iguarán de Gabo Márquez, quería tenerlo todo controlado; la comida, las ropas, la vida de los suyos, de los agregados,… Pancha era, en sí, un enorme personaje literario que encerraba en su vida cien libros.
Se enfadaba si te empeñabas en ir a su casa y no comer, no había quien le dijera que no. Yo desde luego no me atrevía, ella conmigo casi siempre se salía con la suya.
Pancha hacía trampas al parchís, a mí también me las hizo. Contaba seis en vez de cinco y cinco en vez de cuatro y corría tras mi ficha azul con su ficha roja con el ánimo de alcanzarme y, cuando lo hacía y me comía la ficha, me miraba con esa cara de falsa pena llena de satisfacción que tanta gracia me hacía, como diciéndome así es la vida chico, qué le vas a hacer. Ella necesitaba ganar como ganó en su vida, por eso cambió huertas y hoyas cuando ya no pudo ir, por ese tablero cuadrado de cuatro colores. Yo me sentaba con ella a jugar en las tardes de verano y me gustaba verla sonreír satisfecha cuando ganaba, o echar puntas al capricho de los dados cuando venían mal dados: ¡vaya, coño!, ¿al fin saliste?, le espetaba al cinco escondido.
El jueves Pancha se durmió y no despertó más. Tenía 98 años recién cumplidos. Cuando la felicité por teléfono hace un mes, le dije que iría a verla, y ella me dijo lo que siempre decía, a ver si Dios me da vida para verte. Yo colgué confiado en que sería así pero esta vez su Dios no quiso. Yo sólo quería ir para decirle, te quiero, abuela.

martes, 29 de abril de 2014

Ubay Murillo, de la desestructuración a la estructuración, y viceversa.

Ubay Murillo posando junto a una de sus creaciones
(foto extraída de Google Images, autor Jonay Rodríguez)
Si estás por la Ciudad de La Laguna en estos días o piensas estarlo, una buena manera de despertar la creatividad es pasar por la galería de arte ARTIZAR, frente al instituto Cabrera Pinto y visitar la exposición del artista Ubay Murillo (Tenerife, 1978). Aquí, el joven artista tinerfeño,  reúne en una misma exposición una selección de sus últimas creaciones bajo el título "Bilder von Europa". Puedes visitarla hasta el sábado 17 de mayo.
Ubay ha tenido una evolución desde sus primeros trabajos llenos de realismo e historias impactantes ambientadas en escenarios diseñados para el descanso, hacia otros más oníricos donde la desestructuración del cuerpo se hace necesaria para volverlo a reconstituir y crear nuevos escenarios, inconclusos o complejos, donde el espectador tiene que tomar partido y completar la historia.
Ubay nos presenta en "Bilder von Europa" cuatro secciones claramente diferenciadas. En la primera, nos muestra retratos de personajes ataviados con trajes elegantes pero provistos de expresiones extrañas, enigmáticas, como un otro yo abriéndose paso entre muecas y distorsiones faciales. En la segunda se nos presentan bodegones corporales desestructurados, cuerpos desmembrados que al final son vueltos a estructurar quedando en posiciones difíciles que hablan de pérdida de la propia personalidad del modelo, entregado por entero a un entorno que termina por devorarlo.
En una tercera sección nos trae sus collages, obra reciente, donde sigue jugando con el mismo concepto de desestructuración de tejidos, formas y colores, siempre dando protagonismo al ser humano. Y para terminar, una cuarta parte en la que nos presenta algunas obras representativas de su trabajo más reciente, el que abarca desde el año 2011, con trajes con vida propia a pesar de no alojarse cuerpos en ellos que son los grandes ausentes aunque se puedan intuir. De esta manera Ubay reta al espectador a que busque en las poses y las texturas y tejidos la construcción del personaje: un juego de creación compartido.

Algunas de sus obras que podréis visitar
en la galería Artizar.
(imágenes extraídas de la web del autor y de Google Images)

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Big smile (Ubay Murillo)
Óleo sobre lienzo 2013 (80x65 cm)

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Après Géricault (Ubay Murillo)
Óleo sobre lienzo 2013 (215x160 cm)

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Los ojos son el espejo del alma (Ubay Murillo)
Óleo sobre lienzo 2014 (70x60 cm)

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Alles Klar V (Ubay Murillo)
Collage 2013 (30x21 cm)

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Piel (Ubay Murillo)
Óleo sobre lienzo 2012 (140x110 cm)