domingo, 27 de julio de 2014

Caminos

camino, castilla, fotografía, brito, discontinuo
Discontinuos
(Autor: Miguel A. Brito)
"Todos los caminos conducen a Roma". Eso me dijeron, me enseñaron. Una frase mentirosa, impropia de un maestro, un amigo y una madre. No es así, es una farsa, créeme. Los caminos no siempre te llevarán al mismo sitio, los caminos te llevan a encrucijadas y en cada elección te pueden pasar dos cosas: o te encuentras más o te reconoces menos.

Dejarte llevar por el camino es una manía peligrosa no exenta de frustración. A menudo las señales y las indicaciones de aquellos a quienes preguntas te llevan a un lugar lleno de nieblas, y llegado a ese punto te verás cargando contra ti porque no hay más culpables que tú y tu dejadez. Puedes buscar si quieres alivio en tomarla con los demás para descargar tus culpas, y esto será como pequeñas dosis de morfina que aplacarán tu dolor, pero no te engañes, como la morfina crea adicción, y cada carga contra los que te rodean son también otras maneras de matarte, ocasionarte daños, heridas irreparables que no pararán de sangrar. No hay escapatoria fuera de ti.

Antes de llegar a ese punto de autodestrucción conviene detenerse, no demasiado, que el inmovilismo es una perversión de la reflexión. A la reflexión hay que atarla en corto, domarla de alguna manera, hacerla parir soluciones. Detente, mira a tu alrededor, cuenta hasta diez o mil, no más, y en ese tiempo piensa dónde quieres ir, quién quieres ser, con quién quieres estar, dentro de cuatro, cinco, once años y empieza a andar hacia esa luz que se abre, da un paso y después otro. A lo mejor descubres que querías ir a Roma. Si es así, será Roma pero pisando tu propia calzada; si no será Caracas, Londres o Bombay, pero una sugerencia: no te fíes de tu instinto y de los deseos, son mentirosos, mejor dejarse guiar por tus anhelos.

jueves, 17 de julio de 2014

Al Jerreau y el elixir de la eterna juventud

Al Jerreau
(Imagen extraída de Google Images)
Cuando se subió anoche al escenario dijo en ese inglés esforzado para que le entendiéramos aquello de "estuve aquí hace…" y después de una larga pausa: "before". Arrancó nuestras primeras sonrisas, buena manera para empezar. Él pueda que no se acuerde cuando estuvo. Yo seguro que no olvidaré el 15 de julio de 2014, por varias razones.

Al Jerreau es difícil de olvidar cuando lo vives en directo. Su boina negra ensombrece sus ojos y destaca sus labios. Su espalda engarrotada se prolonga en forma de interrogación y se encaja en sus caderas rígidas, gastadas de tanto bailar. Su chaqueta arremangada deja al descubierto unos brazos desnudos y fibrosos que remueven unos dedos revoltosos como colas de serpientes que cantan al ritmo de su boca elástica. Esos brazos de Al se estiran y encogen como varas de trombón para jugar con el micro y amplificar sus registros cromáticos. Saqué las cuentas y con sorpresa comprobé que ese volcán sobre el escenario tiene 74 años de edad y hace casi cincuenta que entró en erupción, cuando publicó su primer LP ("1965 - Brainbridge"). No se notan en absoluto, hay jóvenes más viejos que él. Pueda que sus piernas no le acompañen para marcarse un baile, pero con su voz y sus manos nos hizo bailar, ¡vaya si lo hizo!, una voz de timbres casi imposibles de repetir. Lo intentamos en el auditorio, nos pedía que le siguiéramos: nuestras cuerdas vocales no podían, terminábamos por claudicar.

Nos recordó gran parte de su discografía. Quedan muchos highlights, como ese "One note samba", "Love and Happiness" o "This time". También ese juego que se marcó en encarnizada guerra con el saxofonista Joe Turano (hombre orquesta) al ritmo del clásico Groovin' High que tan popular hiciera Charlie Parker en los cuarenta. Arrancó también muchos aplausos anoche uno de los temas cantado a dúo con el bajista Chris Walker, "How do you heal a broken heart": ¡Vaya voz tiene el amigo! El baterista Mark Simmons hizo que temblara el escenario y el teclista Larry Williams puso esa nota de sobriedad y elegancia para dotar de equilibrio a la banda, una banda perfecta, trabajada, lo único anoche que no daba síntomas de estar improvisado, porque Al Jerreau vive en la improvisación. Él mismo dijo hace unos días en una rueda de prensa para presentar su espectáculo, que el jazz es "como una puerta a la libertad".

Terminó la actuación y le aplaudimos a rabiar, en pie, y volvió. Los aplausos lo trajeron de vuelta, y no lo hizo para regalarnos dos propinillas para callarnos la boca y que nos fuéramos a dormir, no. Se marcó una grandísima versión de ese "Spain" del gran Chick Corea, con solo de guitarra incluido de John Calderon. Y para acabar el postre, cómo no, ese tema que tanto bailamos muchos como yo en los 80, Roof Garden: nos tuvo al menos 10 minutos en pie, acompañando con palmas y bamboleos de cuerpos el ritmo de sus improvisaciones.

Me fui, nos fuimos todos con una sonrisa, más ligeros, rejuvenecidos. Dicen que no existe el elixir de la eterna juventud, que es una leyenda urbana. Yo creo que sí que existe, que anoche bebí un sorbo. Claro que existe: es eso que bebemos de los que viven lo que hacen.



domingo, 13 de julio de 2014

La Hojarasca - Gabriel García Márquez

Libro: La hojarasca
Autor: Gabriel García Márquez
páginas: 144
Editorial: Literatura Random house
ISBN: 8439729200
pvp: 16,06 € (también en versión
Kindle a 2,37 €)
Este ejemplar de la foto lo conseguí en
un rastrillo, tenía marcado precio de
175 ptas., me costó 1 €.
Aquí empezó todo. Por eso la quería leer, este año, justo el año de su muerte. Por eso la propuse como lectura en el club de los 1001 Lectores. Después de leer La Hojarasca tengo que decir que hay que leerla para llegar a entender en toda su extensión qué nos cuenta Gabo en 100 años de soledad. Reconozco que cuando leí 100 años de soledad, las mariposas, los rabos de cochino y todas aquellas imágenes mágicas lo llenaron todo. Fue una explosión de colores (los fuegos artificiales de los que habla mi buen amigo Iván). Y me pasó eso: la forma se comió el fondo. 

Al leer La Hojarasca por fin entiendo muchas cosas. Gabo Márquez publica esta novela en 1955, doce años antes que 100 años de soledad. Aquí aparece por primera vez el nombre de Macondo que a su vez tiene mucho de su Aracataca natal como dijo en más de una ocasión. Allí nació Gabo, y allí nació el escritor. Luego emigró hacia otros lugares, otras latitudes, otras literaturas. Esto hubo quien no se lo perdonó porque querían leer más realismo mágico. Yo sí que se lo perdono: este gesto de cerrar página y abrir otra es necesario para crecer como escritor. Con la Hojarasca, El coronel no tiene quien le escriba y 100 años de soledad fue suficiente, no hizo falta más.

La novela transcurre en Macondo. Allí muere un doctor, un personaje que llegaría al pueblo unos años atrás y que por una dejadez incomprensible en sus funciones se gana la antipatía y el repudio de todo un pueblo, de todos menos de quien lo acogió en su casa al poco de llegar: el coronel. En esa casa se retira y vive durante un tiempo extraordinariamente largo hasta que se muda a una casa a poca distancia de la del coronel. Allí se encierra, no sale más a la calle, y termina ahorcándose por razones desconocidas. Durante esa convivencia, se establece una especie de deuda de sangre entre el médico y el coronel que hace que éste deba darle sepultura aún teniendo a todo el pueblo en su contra. La novela empieza con el velatorio del doctor en el que participan el Coronel, su hija Isabel, su nieto y algunos campesinos que trabajan para el coronel. La novela abarca un período de tiempo que no serán más de dos horas y en esas dos horas los tres personajes (El Coronel, Isabel y su hijo) ponen sus voces para expresar cómo vive cada uno la misma realidad. Son voces que viajan del presente al pasado, al más remoto en el caso del coronel, al más reciente en el caso de Isabel y al presente más inmediato, incluso al futuro próximo en el caso del niño. Creo que en esta exposición de voces narrativas es donde radica la intención de Gabriel García Márquez.

La Hojarasca cuenta mucho de lo que supuso la llegada y posterior marcha de la United Fruit Company, la compañía bananera que cambió para siempre el paisaje y las vidas de los habitantes del departamento Magdalena en Colombia. Llegaron, invirtieron y trajeron el desarrollo a la región  y con él muchos de los vicios y miserias del crecimiento económico: la corrupción, la explotación mezquina y los abusos de poder. La situación se hizo insostenible, el ambiente irrespirable (como el de esa habitación del velatorio de La Hojarasca) y acabó con los trabajadores alzándose y al ejército colombiano, enviado por el gobierno que se había aliado con la bananera, cargando contra sus propios hermanos dejando un centenar de muertos y varios centenares de heridos. La compañía se marchó y dejó todo aquello cuando ya no les interesó. Atrás sólo quedó abandono: la hojarasca. 

Según veo, esas tres voces son una sola, la voz de la hojarasca en sí, que habla de lo que pasó, de lo que pasa y de cómo hay que vivir a partir de ahora. La voz de los recuerdos (el coronel), la voz de Isabel, que cuenta lo que ha pasado, cómo es abandonada por su esposo después de dejarla embarazada de un hijo para que no se olvide nunca más de él (porque es igualito a su padre), un marido al que no vuelve a ver nunca más (como las bananeras, está claro el símil). Y para acabar (y con él acaba el libro) el niño, que no tiene culpa de nada, que no pidió nacer sin padre, que sólo sufre la realidad sin buscar un por qué, que tiene calor porque hace calor, que soporta estoicamente los sofocantes paños de vestir que le puso su madre, y que sólo espera que todo acabe para ir a jugar con sus amigos, esa visión de futuro casi inmediato, sin mirar más allá que lo que suceda dentro de unas horas. En todo ese espacio narrativo se respira puro existencialismo, las cosas suceden porque suceden, nada de rencores, nada de preguntarse un sólo por qué, al más puro estilo de aquellos autores como Albert Camus o Sartre. Así debían de sentirse aquellos colombianos de la primera mitad del siglo XX: el progreso les vino y no lo pidieron, el progreso se fue y dejó sólo Hojarasca. No cabía preguntarse por qué. Algunos lo hicieron en el camino. Murieron tiroteados.

jueves, 10 de julio de 2014

Scream

If they tell you I wasn't living.
If they tell you my skin was never aroused by your touch
and my lips never kissed you.
If they tell you my eyes never watered
at the presence of your loving
caress.

If they tell you I wasn't free
If they tell you I never flew
and couldn't scare butterflies
or smell the fresh droplets
in the early morning.
If they tell you I never embraced
the sentences that plunged
out of your anguished
throat.

If they tell you I couldn't love you.
If they say life is shortened
when one wants to live.
If they tell you my laugh
the one you never heard
no one ever has.

Tell them it wasn't true.
Tell them it was a lie.
Scream!,
scream because I can't.

Scream out I am real,
tell them I can feel.
Scream out I am happy,
tell them I am still alive.

                                                             To Nerea


Trad. del poema "Grita" de Miguel A. Brito.
Traducción: Cindia y Sergio Escalante Vinuesa.


martes, 1 de julio de 2014

Maléfica: Una historia que pudo ser real


¡Por fin! He esperado más de cuarenta años para que me cuenten cuentos como verdades. La espera ha valido la pena. Al fin alguien me cuenta que el mundo no se compone de buenos y malos sino que todos tenemos algo de los unos y los otros. Por fin alguien me dice que un beso de amor verdadero es muchas veces un hecho puntual, que por eso escasean, que por eso probablemente hemos recibido muy pocos a lo largo de nuestra vida, que normalmente ese beso te lo dan cuando menos te lo esperas, que no sólo los dan los príncipes vestiditos de azul que montan corceles de crines blancas, que eso son sólo ñoñerías. Más de cuarenta años, casi cincuenta he tenido que esperar: Ha valido la pena.

El domingo fui a ver Maléfica, la última entrega de los Disney de toda la vida. Con esta película, la factoría reina de los cuentos en el cine, echa por tierra el castillo de su estructura fílmica basada en los buenos buenos y los malos malos. Con Maléfica da una vuelta a cómo se han de contar las historias. El cuento de la bella durmiente contado desde la visión de la mala Maléfica, la bruja de la maldición. La historia al revés, la bella Aurora, la Bella Durmiente del cuento convertida en secundaria  de su cuento, apareciendo sólo en la última mitad de la película. La mala Maléfica, que agiganta su sombra y se come la historia. ¿Cuántas veces nos pasa que juzgamos a los protagonistas de un hecho que ocurre hoy sin tener en cuenta cómo el pasado ha podido explicar en parte su comportamiento? Esta, y muchas otras cosas nos trae como moraleja la historia de Maléfica. No voy a contar más porque hay que verla para que sepan de lo que les hablo. Ya la historia la conoces de sobra, seguro que te la han contado. Lo que pasa es que igual te engañaron y no te la contaron como fue, y nunca lo supiste como a mí me pasó, o nunca te preguntaste sencillamente por qué.

Robert Stromberg, su director, debuta con Maléfica después de haber mostrado sus habilidades técnicas como técnico de efectos especiales en donde ha dejado su marca en filmes como Avatar o Alicia en el País de las Maravillas. Aquí, en Maléfica se nota su mano. Se rodeó de un gran equipo de guionistas que han sabido reescribir la historia con maestría, con giros inesperados, presentando al espectador un producto que tanto vale para niños como para mayores, lo cual hace que Maléfica sea una película ideal para consumir en familia y hacer tertulia después. La banda sonora es impactante, al estilo de James NewtonHoward que maneja muy bien esos registros de contrastes desde los suaves violines a las violentas percusiones que subrayan la acción. Y que me dicen de esa versión del "Once upon a dream" de Lana del Rey: No se podía haber elegido intérprete mejor para esta canción, con esa voz monocorde, de tono bajo, triste, enigmática, destrozando lo melódico de aquel "Eres tú el príncipe azul que yo soñé":




Y mención aparte la actuación de su protagonista indiscutible, Angelina Jolie. Es verdad que se ha rodeado de secundarios muy secundarios y eso realza a la diva, pero hay que reconocer que resuelve el papel con solvencia, mostrando el lado bueno y adorable y también el malo y vengativo que todos llevamos dentro a poco que las circunstancias nos aprieten, acompañando cada registro con esas facciones tan reconocibles de sus gruesos labios y sus ojos tintados de amarillo para la ocasión: Un aplauso muy merecido para ella, también para su maquillador.

Más de cuarenta años, casi cincuenta he tenido que esperar, pero ha valido la pena. A partir de ahora, contaré a mis hijos y los nietos que vengan si es que vienen, que el mundo no debemos dejar que nos lo cuenten, sino que tenemos que verlo con nuestros propios ojos, y juzgar. 




Ficha:

Título original: Maleficent (Maléfica en España)
Nacionalidad: Estados Unidos
Año: 2014
Productora: Walt Disney Pictures
Director: Robert Stromberg
Guión: Linda Woolverton, Paul Dini y John Lee Hancock
Banda sonora: James Newton Howard
Reparto: Angelina Jolie, Elle Fanning, Juno Temple, Sharito Copley, Kenneth Cranham, Lesley Manville, Imelda Staunton, Miranda Richardson, Sam Riley, Peter Capaldi, Ella Purnell, Brenton Thwaites, Christian Wolf-La'Moy