miércoles, 16 de noviembre de 2011

Noche in-tranquila.

Tac, tic, tic, tic, tac, tic, tic, tic, tac,...
Un tac y tres tics. Hasta ahora no me había dado cuenta. Está oscuro aún. Todo casi negro. ¿Qué hora será? Lo peor de cada tic y cada tac es que añaden un fotón más de luz y hoy no quiero que amanezca. 
Ese dichoso informe... 
¿Qué le voy a decir mañana a la jefa cuando me lo pida? Nada. Me quedaré ahí alelado, mirándola con expresión de besugo muerto. Quizás vaya siendo hora de que alguien le diga que lo que ella piensa de cómo han de hacerse los despidos es de “crápulainsaseable”. Solo pendiente de salvar de la quema su culo gordo.

Tac, tic, tic, tic, y ahora tac. Ahí está. ¡Qué musical! Nunca había reparado en ello. Nunca falla. Siempre tras tres tics viene un tac. Así debiera ser todo: Organizado, predecible, inmutable, y cuando se acabara la cuerda, ¡ya está! Al agujero.
Cucú, cucú,... ¡Joder! El puto pájaro. No quiero saber la hora. Cucú, cucú. Cantaré para adentro. Así no me enteraré de la hora. “Strangers in the night, la la la laaa la, strangers in the night, la la la laaaa la, strangers in the night, la la la laa la laaaaa...” Se ha callado. Tengo que aprenderme mejor la letra. He escuchado cuatro cucús, o cuatro cus y otros cuatro cús alternantes. Deben, por tanto, ser más de las cuatro.
Ese dichoso informe...
¿Qué le digo? ¿Que me da igual el puto ERE? ¡Que haga ella la lista si quiere! ¿Con qué cara voy a mirar a Paco, a Lucía, a Patricio...? ¿Con qué cara?
Y eso que escucho es el camión de la basura. Ya está ahí. Y si hoy no han madrugado, han de ser algo más de las seis. ¿Por qué no seré sordo? Sordo y ciego, puestos a elegir. Por lo menos por esta noche. Aunque no veo ahora mismo nada, los sonidos de la noche no han parado de decirme “levántate Luis, levántate. ¿Has hecho el informe?”

        –¡Pues No! ¡No lo he hecho, joder!
–Pero Luis. ¿Qué te pasa? ¿Qué dices? ¿Qué es lo que no has hecho?
–Nada, cariño. El café. Hablaba del café. Bajo a hacerlo. Hay que levantarse.
Ese dichoso informe...

11 comentarios:

Ana J. dijo...

Qué bueno, qué bueno!!!
Ese tic-tic-tic-tic-tac obsesivo. Las noches en vela cuando algo preocupa...
Magnífico!

Miguel Angel dijo...

Muchas gracias Ana. Es cierto. A veces los sonidos de la noche son ciertamente claustrofóbicos.

Marimer dijo...

Pues la verdad, lo he leído y me he reído con tu mordaz pluma, lo he vuelto a leer y medio me ha dado un escalofrío, imaginando la angustia que estaría sufriendo para sentir esa desazón y en una tercera lectura me he quedado fatal pensando que todo podría ser real.
Desgraciadamente muchos miles han sentido realmente tu relato.
Saludos, enhorabuena.

Miguel Angel dijo...

Marimer, ¿tres veces has leído mi relato?, ¿de verdad? Muchas gracias. Pero hubiera preferido solo una lectura y que te quedaras con esa sonrisa. Tocan tiempos en los que, por salud mental, debemos tomarnos ciertas situaciones con algo de humor, a pesar de lo trágico de la situación. Muy trágico y penoso que haya ahora mismo tantas personas pasando una noche más o menos como esta. Gracias una vez más por pasearte por aquí.

Nuwanda dijo...

En esas noches uno se debate entre el deseo de que amanezca por la angustia del insomnio y la esperanza de la noche eterna para que nunca llegue lo que nos atormenta. Para esas noches lo mejor es salir a echarse un vino antes de dormir ;-). Enhorabuena, un retrato estupendo.

Inma Vinuesa dijo...

Me quedo con la originalidad, la picardía, la imaginación y el momento en el que está escrito este texto. Lo que encierras en esa alma no es solo escritura es genialidad.
Un abrazo escritor.

Miguel Angel dijo...

Buena medicina la que propones, Nuwanda, para las largas noches de insomnio. Pudiera ser que el alcohol aclare las ideas o incluso que disuelva las preocupaciones. Muchas gracias por darte una vuelta por aquí. Un abrazo

Miguel Angel dijo...

Inma, querida lectora, creo que exageras, pero abrazo tu enorme cumplido con un fuerte abrazo. Muchas gracias por leerme, Escritora.

Ángeles Jiménez dijo...

Genial, mi querido amigo, ese tictac obsesivo que acompasa obsesivos pensamientos nocturnos. ¿Deseos de noche eterna?, eso es la muerte, ¡cuidado con lo que se piensa!, no se vaya a convertir en realidad.

Sigrid dijo...

Ese "tac, tic, tic, tic, tac" insaciable, comiéndose la oscuridad y el tiempo, ese miedo a lo que vendrá sin darse cuenta de que la vulnerabilidad está en ese temor. Lo del culo gordo... buenísimo.
Un saludo

Miguel Angel dijo...

Muchas gracias amigos!!

Ángeles. Interesante punto de vista. Por eso no me gustan esas noches eternas. Prefiero ver el sol cada día. Pero verlo.

Sigrid. Muchas gracias por visitarme. Me encanta que te hayas fijado en el tic tac. Se trataba precisamente de buscar ese efecto. Un tic tac que lo come todo.