viernes, 13 de julio de 2012

La Delicadeza.

Anoche me fui de cine. La película: La Delicadeza (La dèlicatesse) de los hermanos Stèphane y David Foenkinos, éste último, a su vez, autor del libro "La Delicadeza" cuyo guión fue adaptado para la película. Fue nominada en las categorías a la Mejor Ópera Prima y Mejor Guión adaptado en los Premios César de la Academia de Cine de Francia este año. La película está protagonizada por la actriz Audrey Tatou (Nathalie) que ya pudimos ver, por ejemplo en Amélie (2001), y por el actor François Damiens (Markus).
Me queda la sensación extraña de haber visto una película que pudo ser mucho mejor de lo que fue. Está a medio camino entre una comedia y un drama. Esto, los autores lo consideran una virtud, y tal vez estén en lo cierto, pero a mi me queda un regusto de indiferencia. El argumento es fácil de explicar: Nathalie se enamora de Francois. Un amor casi perfecto, diría que envidiable, que acaba de manera brusca por la muerte de Francois. Nathalie pasa un doloroso duelo y cierra la puerta a toda muestra de emoción y se vuelve una mujer fría que se refugia en el trabajo. El amor vuelve a llamar años después a su puerta a través de Markus, que compensa su poco agraciado aspecto y su torpeza y falta de experiencia con las mujeres, con buenas dosis de bondad y ternura. Eso es casi todo.

Cuando digo que el film pudo haber sido al final mucho mejor que lo que fue, es que el guión en si tiene muchas cualidades, pero al final el resultado ha sido un tanto descafeinado. La construcción de la trama y de los personajes, de haberse hecho bien, darían para una buena película. El personaje de Nathalie es realmente bueno aunque en la película se haya quedado a medio hacer: delante de la tumba de su marido piensa para sí <<¿y si fijara este momento, y si me encerrara en el dolor?>>, y es esa su apuesta. Nathalie me la imagino como un torbellino, un volcán rumiando lavas que quieren salir y explotar, sin embargo decide cerrarlas bajo siete llaves en su frágil y delgada figura de ejecutiva fría que no termina de serlo, un tanto gris diría yo, aunque su estela sea la de una mujer interesante capaz de despertar el deseo de quien la contempla, como por ejemplo su jefe que se esmera en intentarlo.
Markus, compañero de trabajo de Nathalie, sin embargo es un sueco, aburrido y friki (gracias RAE por darnos este término tan corto como elocuente). Markus es tan transparente e insignificante que casi no existe (como él dice a Nathalie en un pasaje de la película <<me siento Liechestein intentando llegar a ser los Estados Unidos>>), y esos prejuicios, seguramente fundamentados, lo ahogan y lo hacen sentirse cada vez más pequeño, y termina intentando huir y esconderse en su rincón.
Y dirán ustedes: ¿Cómo es que se pueden encontrar estos dos antípodos? Un hecho fortuito y accidental enciende la mecha, y media película se convierte en un no quiero y después quiero de Nathalie, que se entrecruza con el primero quiero y después no puedo de Markus, hasta que al final se encuentran, y llegan ellos, y nos hacen llegar a nosotros a la conclusión, de lo que siempre hemos sabido pero que es difícil de descubrir: que si nos vamos desnudando de las capas y los complejos que nos visten, el guapo se hace más feo y el feo se hace más guapo, y las aristas que impiden que dos piezas encajen se van haciendo más romas y menos punzantes, y queda lo que tiene que quedar si se quiere empezar una relación: puro sentimiento. Por eso dicen que el amor es ciego, pero solo para los que no lo quieren ver. Ellos, ¡vaya si lo vieron claro!





3 comentarios:

Ana J. dijo...

Hice bien en no ir a verla, por lo que veo.
La reseña está fantástica, sin embargo.
Gracias!!!

Clari dijo...

a mi la película me gusto mucho, al menos fue entretenida en uno de mis Vuelos a Australia por trabajo del ultimo mes. siempre intento ver algo o que me deje dormida o que sea dinámica.

Miguel Angel Brito dijo...

Clari, a veces de eso se trata cuando vemos una película: elegir el momento adecuado y lo que nos apetece ver. Por eso es tan grande, por eso son infinitas las opiniones. Gracias por comentar.