lunes, 8 de agosto de 2016

Al norte de abril - Claudio Colina





Acabo de terminar de leer la última obra de Claudio Colina, Al norte de abril. Se trata de un libro de relatos de viaje algo atípico a lo que estamos acostumbrados a leer. A veces los relatos de viaje (tanto por la vía escrita como por la oral) inevitablemente derivan en crónicas descriptivas y largas, porque es muy difícil para el viajero comprimir en unas pocas líneas un instante, y sobre todo elegir, de entre las múltiples situaciones que se nos presentan, aquella que merece el honor de ser la inmortal, la que nunca debe desaparecer de la memoria.
Al norte de abril se trata de una crónica de viajes, el físico y el metafísico que siempre van de la mano, porque cada imagen o situación se convierte en vivencia. Él nos decía en su presentación que había algo o mucho de realidad en cada relato, quizás por eso suene tan poco a ficción cuando se lee, quizás por eso nos tocan y señalan sus líneas a modo de cartografía existencial.
 Claudio Colina, autor de Al norte de abril


A pesar de los saltos temporales y espaciales, nunca faltan algunos elementos comunes en sus relatos: la globalización como marca de nuestra sociedad actual, y que sirve de estímulo en el autor para intentar escapar de ella y buscar sentirse único, original, el "raro" entre los clones que habitan en el planeta. También los bares o cafeterías, puntos de encuentro, puntos de soledad, lugares donde hacer la pausa, esa parada necesaria para recapitular, recuperar fuerzas y seguir andando... y por qué no, beber. Esos elementos comunes nos conectan con el autor, a pesar de que cada personaje/narrador parece distinto, ¿o no?
Ángeles Jiménez fue la encargada de presentar la obra (aquí pueden leer su presentación), y de ella dijo que se trataba de un libro de relatos que definió como “afilados”. También en la contraportada del libro, se define el estilo de Claudio como un estilo “afilado y brillante”. Afilado es una palabra que define muy bien la obra. Afilado por su estilo de escritura, donde con frecuencia recurre a la ironía y a los dobles sentidos para arrancar una sonrisa en el lector. Afilado también por la estructura de los relatos: Son relatos de no más de tres páginas que siempre comienzan con una frase que introduce rápidamente al lector, sin preámbulos, y con finales cerrados, nada de dejar espacios abiertos para la prolongación de la estancia del viajero ni para la reflexión póstuma sobre el relato: Es como si se cerraran y abrieran puertas cada tres páginas, con sensaciones distintas, llenas de contrastes entre sí, como esos cruceros donde te acuestas en Nápoles y te despiertas en Túnez. Por eso se pueden leer secuencial o desordenadamente, el efecto será el mismo.
Yo recomiendo su lectura a pequeñas dosis, dedicando a cada relato el tiempo necesario para saborear el contenido, y sobre todo no bajarse del avión, del coche o del tren en marcha porque las consecuencias pueden ser irreparables.


Ángeles Jiménez y Claudio Colina durante un momento de la presentación

2 comentarios:

Claudio Colina Pontes dijo...

¡Cómo me miman los amigos...!

Ana J. dijo...

Como de costumbre, has realizado una reseña muy acertada y profunda.
Totalmente de acuerdo.
Al norte de abril es un libro de relatos diferente, a veces inquietante. Secos y por momentos desconcertantes, son unos relatos que te atrapan.