sábado, 3 de marzo de 2012

Cuando nuestros ruidos no nos dejan escuchar.

Hace cinco años que ocurrió. Fue a la entrada de una de las estaciones del metro de Washington. En 2007 un joven músico callejero de apenas treinta y nueve años sacó de su funda un violín y comenzó a tocar. Eran pocos minutos antes de las ocho de la mañana. Empezó interpretando la chacona de la Partita número 2 en Re menor de Johan Sebastian Bach. El primero que reparó en su música fue a los tres minutos de que empezara a tocar. Fue la mirada de un ejecutivo, tan breve como fugaz, que presurosa siguió su camino no fuera a perder su metro de la mañana. Algunos niños curiosos se detenían al oír la melodía, al tiempo que eran arrancados de su entretenido momento por los brazos de sus sordas madres. Así, durante una hora.
El violinista terminó de tocar. Tomó la recaudación de esa hora y se llevó a casa los 32$ que las 27 personas caritativas dejaron en la funda de su violín. No se llevó ningún aplauso de las mil personas que pasaron alrededor de él. Dos días antes, Joshua Bell, que así se llama nuestro protagonista, acompañado por su Stradivarius de 1.713, el mismo que tocó aquella mañana en el metro de Washington, había llenado el Simphony Hall de Boston, a una media de 100$ por asiento, y se había llevado una prolongada ovación. Este experimento fue organizado por el Washington Post, y Gene Weingarten por ese reportaje, se ganó el Pulitzer en Abril de 2007. Joshua, en aquella entrevista, dijo haberse sentido triste precisamente por no haber escuchado ni un solo aplauso en toda la mañana.
¿Se han parado a pensar, cuántas cosas nos perdemos en la vida por no parar y acallar los ruidos de nuestra cabeza?
Esto fue lo que ocurrió.


Y ahora, les recomiendo que se tomen los tres minutos que dura este pequeño fragmento del Concierto para violín y orquesta en Re, opus 61 de Beethoven interpretado por Joshua Bell. Detengan por unos momentos el mundo. Solo escuchen música.


6 comentarios:

Rosa dijo...

Nos perdemos muchas cosas por no parar...Pero también las apreciamos por el valor económico que le damos, cuanto más pagamos por ellas más valor creemos que tienen y muchas veces no se ajusta a la realidad...

Besos desde el aire

Inma Vinuesa dijo...

Impresionante historia e impresionante melodía. Los detalles, los pequeños momentos que son los verdaderos momentos de la vida y los que necesitamos todos. ¡Qué ciegos estamos a veces!

Aniagua dijo...

Ya conocía la historia .. Eso pasa cuando oimos , pero no escuchamos

David Henriquez dijo...

Demostración de que uno es famoso por los medios de comunicación. Y que llegar a una gran masa es muy variopinta. Se imaginan a los medios anunciando que un artitas mundialmente conocido va a estar en el metro actuando?, seguro que habría un colapso total. Se imaginan a los medios que llega al aeropuerto el prestigioso investigador de la cura de una enfermedad mundial?, no iría ni el gato.

Miguel Angel dijo...

Muchas gracias por vuestros comentarios. Me llamó poderosamente la atención esta historia cuando la oí por primera vez y ahora que he encontrado ese enlace en internet volví a revivirla. Pasa con demasiada frecuencia, entre las prisas de la vida y la venda que muchas veces llevamos a los ojos, nos perdemos verdaderas joyas.

Ángeles Jiménez dijo...

Documento gráfico de la sordera y ceguera que nos invade a todos sin que nos demos cuenta, yo propongo una nueva plataforma: ¡"Stop sordo-ceguera; Stop sin-sentidos"!!!