domingo, 2 de diciembre de 2012

El libro del cementerio - Neil Gaiman

Libro: El libro del cementerio.
Autor: Neil Gaiman.
Editorial: Roca bolsillo.
ISBN: 8492833173
Págs.: 256
pvp: 7,95 €
Este libro cayó en mis manos hace ya algunas semanas. Me lo prestó una amiga que dice que lo encontró en uno de esos sitios a los que yo llamo "la fosa común de la literatura", uno de esos lugares, normalmente en forma de enorme cesta, que se encuentra en algunos rincón de los macrosupermercados. Tiene su gracia que este ejemplar se llame "El libro del cementerio" y haya sido rescatado de una fosa común, pero es que a mi amiga este libro no le olió precisamente a muerto sino a buena literatura aunque, según me comentaba, lo eligió no sabe muy bien por qué. Quizás fuera su sugerente portada o quizás se manifestó su alma (que la tiene), pero el caso es que primero pasó por sus manos, luego por las de otra querida amiga y finalmente vino a calar a las mías, y de las mías pasará a otras y otras más, porque vale la pena leerlo y, en vez de devolverlo a la fosa común, ponerlo en el altar de su biblioteca.
Neil Gaiman (británico de nacimiento) según cuenta es un enamorado de Tolkien y CS Lewis (el creador de las crónicas de Narnia), por eso no es de extrañar que se mueva en el terreno de lo fantástico. Pero El libro del cementerio (su último libro hasta ahora) publicado en 2008, además de esas ciertas dosis de fantasía, se mueve también en la frontera entre lo terrenal y lo desconocido, esa frontera, a veces delgada línea, que separa el mundo de los vivos del mundo de los muertos.
El secreto de que me haya enganchado desde las primeras páginas es que El libro del cementerio empieza por decirlo tal cual "a saco". Un asesino (el hombre Jack) se ensaña con una familia de cuatro miembros. Debe matarlos a todos no se sabe muy bien por qué hasta muy avanzada la historia, pero no cumple su misión ya que escapa uno, nuestro protagonista, que es tan pequeño que malamente sabe andar pero aún así logra subir cuesta arriba hasta la colina y entrar en un cementerio, uno de esos cementerios históricos de algunos pueblos británicos donde ya no entra casi nadie. Allí es acogido por sus habitantes, almas de hace años y de hace muchos años, desde el comienzo de la existencia de la ciudad, que deciden darle un nombre al niño y protegerlo. Lo llamarán Nadie, Nad para los amigos, y le ponen apellido: será a partir de ahí Nad Owens ya que sus padres adoptivos son los Owens, que murieron sin la satisfacción de haber sido padres en vida. Allí vive Nad rodeado de amigos de juegos que nunca crecen mientras él se hace un hombrecillo y tras las rejas que rodean el cementerio, como un sabueso, ronda el hombre Jack dispuesto a acabar con su vida para dar por cumplida su misión.
Neil Gaiman reconoce en los agradecimientos, que se inspiró entre otros en El Libro de Selva de Rudyard Kipling para escribir su libro. Esto tiene mucha lógica ya que mientras en el libro de Gaiman el niño es protegido de los peligros y aleccionado para hacerse mayor y enfrentar su destino por un grupo de espíritus, en el caso de el libro de la Selva, también ocurre lo mismo, pero sustituyendo los espíritus por animales.
Me gusta la narrativa de Gaiman, muy cautivadora y envolvente. Eso hace que ese mundo creado dentro del cementerio quede muy bien retratado. Esas almas en pena que acompañarán a Nad para protegerlo, quedan muy bien configuradas en la novela, dando como resultado personajes muy reales, casi vivos a pesar de estar más que muertos.
Al parecer no soy yo el único cautivado por el libro. Ya Disney ha puesto los ojos en él y ha pedido a Henry Selick, que ya dirigiera una película basada en un libro de Gaiman "los mundos de Coraline", que dirija la película. Esperemos a ver el resultado.

3 comentarios:

Ana J. dijo...

Creo que la buena literatura siempre se hace paso y conquista a cualquiera que tenga sensibilidad y gusto para paladearla. Esto es lo que sucede con El libro del cementerio, ¿verdad?
A mí me encantó, pero que yo lo diga no tiene mérito, conociendo mi gusto por el fantástico. Que lo digas tú, Miguel, ya tiene otra relevancia.
Estupenda reseña.
Un abrazo grande

Ángeles Jiménez dijo...

A mí también me encantó, lo calificaría de delicioso, una palabra estupenda, cálida y dulce, y eso que la fantasía no se encuentra entre mis géneros favoritos, bueno, no se encontraba, porque últimamente le doy a todo en plan maníaca y todo me gusta, ya se sabe: dime con quien andas... Jejeje!!!
Gracias por la reseña, Miguel, me pareció de lo más original eso que comentas de la frontera desdibujada entre los vivos y los muertos, tan vivos...

La Esfera Cultural dijo...

Existen cestas que guardan diamantes. Y existen joyerías que exponen cebollas.