miércoles, 23 de enero de 2013

Un brindis por mi


¿Que por qué vengo yo aquí? ¿A mí qué me pregunta? Es mi madre la que dice que estoy enfermo y que digo cosas raras de que me quiero morir. Pero yo no estoy loco, estoy bastante cuerdo, más que ella. ¿Cómo? ¿Desde cuándo pienso esto? Creo que fue desde que mi novia me pidió casarnos porque estaba embarazada. Dice que ocho años de noviazgo son demasiados. Igual lleva razón, pero es que yo nunca le dije que me quisiera casar, solo vivir juntos, como novios, como cuando estábamos en la universidad. Lo del niño no estaba previsto, es cierto, pero no me parece que el que no me quiera casar sea un acto de egoísmo. Por ejemplo, yo nunca le he sido infiel aunque haya tenido oportunidad y a mi siempre me ha gustado ella, pero me ha gustado así, de novios. Ya se que usted no me ha preguntado si le he sido fiel o infiel, pero se lo cuento para que vea que no soy egoísta, que pienso en ella también y también en mi y en el hijo que espera, y yo no quiero casarme aunque ella quiera. Nunca se lo oculté ¿Es eso malo? No, ¿verdad? Pues eso.
Sí, me intenté quitar la vida como usted bien dice, pero deje que le cuente. Las personas en el mundo que hemos conocido hasta ahora, han buscado la eternidad. El otro día leí, o no, creo que lo vi en un reportaje. Bueno, da lo mismo, el caso es que decían o leí que hace cien años la esperanza de vida de un ser humano aquí en España era de cincuenta años. Hoy es de setenta y cinco u ochenta, ya no me acuerdo. Pero es que hasta ahora valía la pena vivir mucho. Había trabajo. Como llevabas años cotizados te podías jubilar y si te cuidabas un poco estabas hecho un chaval. En los trabajos ganabas lo suficiente para comer y para comprarte varias casas y encima te sobraba para ir al cine todos los fines de semana que es lo que a mí más me gusta. Así valía la pena casarse y hasta tener hijos. Tres. Me gustaría tener tres. ¿Que por qué? No se. Me gustan los números impares, y uno no me gusta porque es muy triste ser uno, que me lo digan a mí, y cinco hijos son demasiados.
Bueno, lo de triste por ser hijo único lo digo porque siempre eché de menos tener un hermano. Mejor un hermano menor que uno mayor que yo. ¿Qué por qué?, pues porque me gusta enseñar pero no me gusta mucho que me enseñen. ¿Mi infancia? Pues creo que pudo ser menos triste a poco que mis padres se hubieran molestado un en escucharme. Por ejemplo, mi padre me enseñó a leer antes de que fuera a la escuela, y yo me pregunto ¿qué prisas había? Siempre quiso también que fuera el primero de la clase y que estudiara piano porque él no tuvo tiempo de hacerlo y yo tenía todo el tiempo del mundo. Pero si yo tenía todo el tiempo del mundo, el tiempo era mío, no de él digo yo ¿Sabe usted lo duro que es que una misma persona tenga que ser todo lo que los dos padres no pudieron ser al mismo tiempo? ¿Todo junto? ¿Se ha parado a pensarlo? Pues ese soy yo.
Sacaron de mi todo lo que quisieron. Toco el piano y soy ingeniero porque es la profesión que quería mi madre. No se por qué se empeñó en esa profesión si creo que el único ingeniero que conoce soy yo. Será porque suena así como muy interesante. Sí. Ella dice mi hijo es ingenieeero poniendo ese énfasis en el diptongo: ingenieeero. Lo que no dice es que no hay curro ni lo va a haber, sino que la cosa está difícil y eso de que a ver si cambian las cosas. Ilusa…
Pues no. Usted está equivocado. Aunque me diga que lo que le he contado no tiene nada que ver, sí que tiene que ver. No soy egoísta como le dije, así que quitándome del medio soy un parado menos que mantener para este país, mis padres no me dejarían herencia, sería yo quien les dejaría la herencia de terminar sus días pensando ¿en qué hemos fallado?, y Susana, mi novia, sería libre para buscar un mejor partido con el que poder casarse y ser feliz y darle un mejor padre para nuestro hijo. Pero quiero morir así cogiendo a todos por sorpresa, haciendo que no se cumplan las reglas de la lógica, muriendo antes que mis padres y sin conocer a mi hijo. Me iría sin irme, ¿lo entiende? Quedaría de mí una especie de aura de misterio, una presencia ausente, alguien que pasó por el mundo y dejó sus cosas sin acabar esperando eternamente a que vuelva para acabarlas. ¿Se imagina? Mis amigos me recordarían cuando fueran al pub La Mosca, ¿ha estado? Se lo recomiendo. Allí nos vemos todos los primeros viernes de cada mes. Brindarían por mí. Dirían aquello de ¡por Fede! Sí, yo no estaría para oírlo, es cierto, pero en el último momento, justo antes de morir pensaría en ello y así se me quedaría  una sonrisa congelada y la gente en el velatorio al verme la cara pensaría: Pero si Fede se quitó la vida y se le ve tan feliz, ¿realmente era feliz? Ahí les quedaría la duda. Yo no se los pienso aclarar.

4 comentarios:

Francisco Concepción dijo...

Los soliloquios y las reflexiones siempre han sido pasto literario.
Muy bueno¡¡¡¡

Ana J. dijo...

Ese tío está como una regadera! Qué retorcimiento!
La verdad es que casi le hace un favor a la novia y, sobre todo, al hijo nonato.
Me ha gustado mucho el texto. Mucho.

Inma Vinuesa dijo...

Estos experimentos que de vez en cuando haces con tu escritura son como escalones que vas subiendo y que te llevan más y más alto en este oficio.
Eres un gran creador de textos, un buen inventor de invenciones reales de realidades inventadas.
Me ha gustado mucho.

Ángeles Jiménez dijo...

Ah, ¿pero es inventado? No lo parece. Como una regadera lo dejó su madre, o él por no zafarse a tiempo, pobre chico.
Grande, Miguel, cada día más.