miércoles, 27 de febrero de 2013

La última lágrima

Una furtiva lágrima
Aut: Nicoletta
No puedo perdonarme el día en que su última lágrima se escurrió entre mis dedos sin poderla atrapar. Asomó por la esquina de su ojo izquierdo, el juguetón y vivaz, el que tiempo atrás repasaba mis imperfecciones, divertido, sin apenas inmutarse. Ahora se vació y luce marchito, apenas una hoja trémula agitada por el viento a punto de dejar su árbol y caer al vacío y cerrarse del todo, como lo hicieron sus labios después de decirme adiós. Esa última lágrima estaba tan cerca. Quizás un leve toque de entusiasmo la habría retenido en su cuna y hubiera salvado a su ojo de secarse para volver a lucir el brillo húmedo que siempre tuvo, el de una fuente chapoteósica y risonante.
Hoy su mirada es gris y asonrisada. Traspasa mi cuerpo más allá del rellano, y me siento el espectro de una tumba sin nombre. Su ojo busca un camino perdido o un infierno por recorrer y mi voz susurrada para no asustarla es un sordo aliento infecundo. La mesa de nuestros encuentros, antes barrera estrecha incapaz de poner freno a nuestros abrazos, se ha convertido en una extensa sabana inabarcable. Imposible que pueda escuchar mi voz por encima de los platos.
No puedo perdonarme el día en que su última lágrima se escurrió entre mis dedos sin poderla atrapar. Sólo me queda esperar agazapado, susurrando en sus sueños, invocando a la lluvia para que inunde sus ojos y me vuelva a mirar.

4 comentarios:

Aniagua dijo...

Una vez más..
Un precioso y meláncolico relato que esconde mucho, mucho
Abrazos

Ángeles Jiménez dijo...

Me ha encantado eso de "chapoteósica y risonante", una pincelada que deja traslucir una melancolía transitoria. Yo creo que va a recuperar rápidamente su sonrisa, bastará con que deje de desear que llueva para que pueda encarar al sol.

Ana J. dijo...

Hay un proverbio que no sé si es francés o inglés (sé que no es español) que dice que no hay que llorar por la leche derramada.
A lo que voy, no se debería llorar por la lágrima ya derramada. Sin embargo, ¿cómo no lamentar esa lágrima perdida que dejó la mirada gris y asonrisada?
Esa visión tuya, Miguel, es única. Me descubro.

Miguel Angel dijo...

Muchas gracias por vuestras palabras. Cierto que hay sol tras las nubes, basta con dejar de lamentarse, tal como dices Ana, por esa última lágrima derramada y buscarlo.