sábado, 13 de abril de 2013

Nancy Fabiola Herrera atrapó su sueño

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Nancy Fabiola Herrera
Era el año 1999, era abril. Tomé un vuelo Madrid-Nueva York. Ventanilla. Me gusta la ventanilla. ¡Qué bien! Podría echar una cabezada, o dos. A mi lado se sentó una chica, morena, con ojos rasgados y una boca digna de ser recordada. El viaje iba a ser largo, muy largo, pero fue corto muy corto. Buenos días, me dijo con deje canario: ¡Una Canaria, a mi lado, en un vuelo desde Madrid hasta Nueva York! Eso sí es casualidad. A poco de despegar la vi sacar un libreto de ópera (primera vez que veía uno). “El Barbero de Sevilla”, lo recuerdo, ella iba a hacer una audición en esos días. Vivía en Nueva York, se llama Nancy, Nancy Fabiola Herrera. Le pregunté en qué consistía una audición, cómo vivía allí, por qué, satisfizo mi curiosidad con una buena dosis de paciente generosidad, así es Nancy. Le pedí que me cantara. Me cantó. Me cantó el aria de Fígaro, en voz baja, no era cuestión de dar un do de pecho a 9000 metros, o más, pero en el susurro de su voz, colocó cada nota en su sitio. Se erizó el pelo en mi cogote. Aquella Nancy era una pescadora de sueños, una luchadora. Se veía en su planta sencilla y su escaso equipaje, para qué maletas si todo lo que necesitaba lo llevaba dentro: venía creciendo desde muy abajo, desde un punto perdido del Atlántico, desde las salas de público fiel de Gran Canaria. No dormí. Nos cambiamos mails, nos dijimos hasta pronto y sí, nos escribimos un tiempo, luego lo dejamos, lo volvimos a retomar. Nos encontramos al cabo de los años en una actuación en el Teatro Cuyás, un recital de voz y guitarra de música española. Fui a cenar con ella y un grupo entrañable de músicos: Aquel recital no lo he podido olvidar. Luego vino su gran oportunidad: Carmen de Bizet, en el Metropolitan de Nueva York, un papel que parece haber sido escrito para ella, por su voz, su puesta en escena, su cara de niña pícara, de femme fatale, capaz de engatusar a los hombres y al espectador, ¡hasta baila como toda una gitana! El pasado año tuve la oportunidad de verla en el Pérez Galdós de Las Palmas y me asombró lo gigante que era, lo que había crecido. No pude evitar recordar aquel Madrid-Nueva York y pensar en cómo crecen las personas alimentándose de sus sueños. Hoy sábado vuelve al escenario donde definitivamente lanzó su carrera. Una vez más en el Metropolitan Opera House de Nueva York, esta vez con Rigoletto para interpretar a Maddalena. Desde aquí Nancy, desde "La vida en sorbos", quería desearte la mejor de las suertes. Tú sí atrapaste un sueño y te lo estás bebiendo a sorbos cortos llenos de sabor. Enhorabuena.


4 comentarios:

Francisco Concepción dijo...

Como olvidarla¡
Toda una artista. En alguna ocasión todos los grandes artistas fueron pequeños y desconocidos, hasta que crecieron hasta el gran público.
Pero en verdad que los mayores artistas son aquellos que se presentan como pequeñas personas, aún siendo grandes.

Todos los artistas han soñado en alguna ocasión con su éxito y solo llegan los elegidos.

Ángeles Jiménez dijo...

Qué envidia de viaje, no suelo tener tanta suerte con los compañeros de asiento, como escribe Francisco, cómo olvidarla.
Enhorabuena, canaria.

Ana J. dijo...

Se me ha erizado el vello. Esas son de las casualidades que marcan y no se olvidan.
Perseguir y alcanzar un sueño lleva aparejado mucho trabajo y una buena dosis de talento.

Camila dijo...

Es interesante hacer viajes diversos y de esta manera poder conocer distintos lugares. Ojala que pueda obtener vuelos a new york ya que es una ciudad que siempre he visto muy buenos comentarios