lunes, 22 de mayo de 2017

La vida negociable - Luis Landero

Libro: La vida negociable
Autor: Luis Landero
Editorial: Tusquets Editores S.A.
ISBN: 978-84-9066-371-4
Es la segunda vez que leo a Luis Landero. En mi anterior lectura, El balcón en invierno, encontramos a un Luis Landero autobiográfico, que se tomó una pausa de reflexión. Tal como él mismo ha dicho algunas veces, necesitaba reflexionar sobre sí mismo, estaba cansado de escribir novelas y usó balcón de invierno como una especie de pausa de expiación. Después de esa breve parada, vuelve a ponerse el traje de novelista y nos propone esta obra con un nombre tan sugerente y acertado: La vida negociable. Igual de sugerente es la fotografía de la portada del fotógrafo Ferdinando Scianna.
En La vida negociable, Luis nos cuenta en primera persona la vida de un pícaro, un personaje que tiene los tintes de su estilo a veces cervantino, teñido de algo quevedesco también. Hugo Bayo, el protagonista, es un peluquero que desde la primera página mete al lector en la historia con un: “Señores, amigos, cierren sus periódicos y sus revistas ilustradas, apaguen sus móviles, pónganse cómodos y escuchen con atención lo que voy a contarles…”, y aquí empieza el relato de su vida, desde su adolescencia hasta su madurez.
El planteamiento de la novela gira en torno a la propuesta de que todo en la vida es negociable, sobre todo con nosotros mismos, que decidimos ser morales o amorales, y dentro de esas decisiones, muchas veces contrarias a nuestra lógica moral, negociamos con nosotros mismos para buscar una justificación que haga soportables nuestras vidas. Y he aquí que tenemos a Hugo Bayo, que decide desde su adolescencia empezar a trapichear con el chantaje hacia sus padres, porque descubre en ellos el engaño que será culpable de la pérdida de su inocencia: para malos ellos, malos yo, se dice. Este descubrimiento marcará  el devenir de su destino desde muy temprano y continuamente echará un ojo al pasado, cuando se encuentre en esos callejones sin salida en los que nos encontramos todos en más de una ocasión, para justificar el porqué de sus fracasos.
La vida negociable no sólo es esto, también es una historia de amor, un amor entre comillas porque es un amor a la medida de su personaje, algo más amorfo y difuso que definido. La relación de Hugo con su amiga Leo es de amor y de odio, por eso no pueden vivir juntos pero tampoco el uno sin el otro, por eso para hacer el amor necesitan antes emprenderla a puñetazos el uno contra la otra o viceversa: es lo único que les pone.
Luis Landero, autor de La vida negociable
Imagen extraída de Google images
Hugo surge de un momento cultural y económico en España muy concreto que también marca el porqué de su personal manera de ver la vida, la llamada cultura del pelotazo, esa que se puso tan de moda en los ochenta y noventa, donde algunos se hicieron ricos de la noche a la mañana. Por eso Hugo se desespera y pretende ser famoso, estrella de cine, empresario de éxito, catedrático, y se ve aplaudido en los escenarios o reconocido por todo el mundo y siendo portada en los periódicos, antes de pasar primero por el bachiller o estudiar una carrera. Su única habilidad es una que descubre casi por accidente: es un excelente peluquero. Sin embargo a él no le gusta ser peluquero y a pesar de que todo se le pone de cara para llegar a triunfar en esta faceta, a pesar de que las oportunidades de ejercer de peluquero se le aparecen en cada esquina, Hugo hace todo lo posible por autodestruirse o alejarse de ese “destino triunfal”.
Pasan los años, y vemos como también Hugo se va transformando llegando a su edad madura y, aunque no sabemos muy bien cómo sigue la historia a pesar de que lo podemos imaginar, sí que vemos cómo se da cuenta de lo que todos sabemos que es la vida, esa especie de tragicomedia:
“…No entendía que la vida pudiese ser tan irrisoria, tan fea, tan trivial, y a la vez tan dramátia, tan misteriosa y tan llena de belleza… Un breve río hacia el mar, es cierto, pero un río tan ancho y caudaloso que sus orillas no se ven ni se logra hacer fondo. Todo tan evidente y tan sencillo y todo a la vez tan extraño, tan inexplorado. Todo tan a la vista y todo tan ignoto. Y tan superficial como profundo (…) ¿en qué proporción se mezclan lo ridículo y lo sublime, lo trascendente y lo banal, la comedia y el drama, la épica y el folletín…?”
Al principio me pareció un estilo muy directo y sencillo de leer, incluso algo plano, alejado del estilo que pude encontrar en El balcón en invierno. Sin embargo, al acabar, también me pareció ver en la escritura de Landero algo de intención. Seguramente, me lo imagino, Luis Landero negoció consigo mismo y metiéndose en la piel de Hugo Bayo, fundiéndose con él y logrando convencernos como lectores y también convencerse a sí mismo de que efectivamente, se puede negociar con todo, hasta con nuestro propio estilo de escritura porque tal como le decía el padre de Hugo Bayo a su hijo: “hasta con Dios se puede negociar”.

3 comentarios:

Ángeles Jiménez dijo...

Como siempre, me pones los dientes largos, lo encargo ahora mismo.
Gracias por la recomendación

Francisco Concepción dijo...

Lo que he leído hasta la fecha de Luis Landero no me ha emocionado. Pero tras leer tu crítica de "La vida negociable, así se hace una reseña de un libro, creo que le voy a dar otra oportunidad en cuanto me sea posible.
Me ha gustado mucho esta reseña. Enhorabuena.

Ana J. dijo...

Yo creo que esta vez voy a pasar siquiera de ilusionarme en leerlo: veo que de entrada el protagonista interpela al lector para contarle algo. No logro identificarme con ese tipo de historias.
Sin embargo, coincido con Francisco en que tu reseña es fantástica. Si no hubieras incluido la primera frase del libro (la de la interpelación), probablemente me habría lanzado a conseguir el libro.