El Ángulo de la bruma - Fátima Martín

Título: El ángulo de la bruma
Autora: Fátima Martín Rodríguez
ISBN-13: 9788498123371
Precio: 15,20 €
La novela histórica vive, goza de buena salud. Hace no mucho tiempo surgió con fuerza el género, de la mano de autores que parían "historia" sin parar, y los lectores se sumergían en escenarios de batallas, tramas palaciegas, pestes bubónicas, y construcción de catedrales, dispuestos a leer cómo vivieron sus antepasados. Esa fiebre por devorar tochos inmensos de cientos de páginas poco a poco se fue calmando. Y yo me preguntaba, qué fue de aquellos autores de tanto tirón hace pocos años. Cuando cayó en mis manos "El ángulo de la bruma" de Fátima Martín Rodríguez entendí que a lo mejor lo que había leído hasta ahora como género de novela histórica era realmente un género menor, un pseudogénero. Lo que encontré tras la lectura de esta gran novela es Historia con mayúscula.

Para escribir y novelar la historia, debe haber un trabajo basado en el respeto por parte del autor. No cabe la frivolidad en la literatura histórica, y creo que esto es algo que ha pasado con demasiada frecuencia. De eso sabe mucho Fátima, que no pensó nunca en crear una novela pseudohistórica al uso. Ella dice que no es historiadora aunque discrepo, porque quizás no lo diga su título académico pero sí su voluntad de viajar al pasado, de escuchar las referencias, de leer y hacer el esfuerzo de pensar como se pensaba en el siglo XVIII, de pisar por donde dicen que pisaron aquellos de los que habla. Eso se palpa en su novela en cada detalle, en cada pasaje.

"Tras un velo de humo empecinado y bruno, el sol guardó luto durante ocho días. Solo el rugido insistente del hueco de la montaña interrumpía el silencio de aquellas ruinas vacías, como un ronroneo satisfecho por el banquete de su furia. Así continuaron las cosas durante cuarenta días, en los que se parió un manto de basalto olivino de seis leguas, con una espesura tan alta que rebosó de sombras lo que antes bañaba el sol."

Así describe Fátima, con precisión cirujana, las primeras horas tras la erupción del volcán de Trevejo, en Garachico, por el año 1706. Su prosa envuelve, nos lleva de la mano a ese lugar en ese momento y lo vemos, ya digo si lo vemos.

El ángulo de la bruma transcurre en escenarios que van desde París, Marsella y sobre todo la isla de Tenerife y El Hierro, lugares donde transcurre la mayor parte de la obra. La mayor parte transcurre entre los años 1721 al 1724,  años en que viajó a Canarias, por encargo de La Corona Francesa, el matemático Louis Éconches Feuillée junto a su ayudante Charles Verguin. Feuillée, fue el primero en situar el meridiano cero en la isla de El Hierro, ese meridiano que serviría de punto de partida para determinar el resto de meridianos tan necesarios para la elaboración de cartas náuticas. También tenía otra misión: determinar la altitud de la montaña más alta del mundo conocido por aquel entonces, el Teide. Ese dato era muy importante ya que serviría para que cualquier barco que divisase el Teide, pudiera calcular su propia posición y establecer el rumbo sin cometer errores camino de las Américas. En aquel viaje, también determinó la posición de La Laguna en los mapas, y en medio de tanta dedicación a los cálculos, Fátima recrea a través de sus personajes, la búsqueda de San Brandán o San Borondón, la isla non trubada que muchos navegantes intentaron encontrar y que sirvió de inspiración a los primeros canarios para lanzarse al océano en busca de un porvenir. Siempre he pensado que esa isla que nunca se toca era la metáfora de ese sueño que nos impulsó a emigrar al continente americano.

La estructura de la novela es muy acertada, porque el ángulo de la bruma es una novela que hay que saborear. No es novela de atracones, porque perdería muchos detalles el lector. Acertadamente está estructurada en 11 partes que recogen 61 capítulos cortos y un epílogo. Capítulos de 6 páginas a lo sumo, que permiten al lector la pausa necesaria entre cada cambio de tercio para dejar reposar el contenido. Hace ya una semana que la leí, y aún se mantienen vivos en mí algunos de los pasajes de la obra.

Pero no sólo es estructura lo acertado de la novela. Fátima mezcla en porciones exactas los hechos históricos reales con la ficción, y este es el gran valor de su literatura, que no se sirve de un escenario para contarnos su historia, sino que nos pide que le acompañemos a conocer qué pasó y de paso descubrir algo que podría haber pasado, ¿por qué no?, siempre desde el respeto a los hechos. Los lugares existen, algunas casas por donde transitaron estos personajes históricos franceses aún resisten firmes en las calles, pasando desapercibidas a nuestros ojos en lo cotidiano. Ya jamás podré pasear por sus fachadas sin detenerme a admirar el importante papel que jugaron en el pasado.

Después de leerla, veo que el premio que recibió en 2017, el XXIX premio Torrente Ballester de narrativa en lengua castellana, es más que merecido, sobre todo en una época en la que adolecemos de mucho libro y poca literatura. El ángulo de la bruma es literatura con mayúsculas, no les quepa la menor duda.

Fátima muestra entusiasmo en la presentación, un
entusiasmo que contagia.

Tal como nos dijo el pasado lunes 25 de febrero,
"ahora el libro está en vuestras manos"

Víctor Conde y Víctor Álamo, dos de las referencias
de Fátima en su escritura, estuvieron presentes en la presentación.

Fátima mantuvo un diálogo con Victor Conde que nos
permitió conocer de cerca el proceso de creación de la autora.

Fátima, pura emoción.






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