lunes, 29 de julio de 2013

El carcelero de las palabras



Ramiro pospone sus conversaciones: mañana se lo digo. Pero Ramiro no tiene mañana porque siempre vive en ayer. Con su silencio y sus quiebros en la conversación, llena su existencia de cuentas pendientes, de dudas por resolver, y las archiva en su memoria de rencores y propuestas de amor encarceladas. Ramiro no habla claro, más bien no habla, y de sus silencios se extienden gruesas cuerdas que lo amarran al pasado, al presente, y su vida se acaba ahí, en el límite de la nada, porque no hay futuro que exista si no hay coraje para inventarlo. Su vocación de carcelero de palabras llena su vida de actos provisionales, casuales y también causales. Una vida al ritmo de los hechos justificados en el malentendido, mientras sus interlocutores se escudan satisfechos en sus bienentendidos. Ramiro no dice lo que quiere decir, tamiza las palabras para quedar bien con todos o mal con nadie, con nadie salvo con él, el único al que nunca debió engañar. Así sus frases cada día son más mudas, hechas para ser escuchadas por los sordos. Ramiro, en definitiva, vive al rebufo de su suerte, apoltronado en el mudo vacío de su existencia, diciéndose cada día esto es lo que me ha tocado vivir.

8 comentarios:

Amando CARABIAS MARÍA dijo...

El mundo está lleno de Ramiros que para quedar mal con ninguno son capaces de destrozar su propia existencia.
Y es que el miedo (en este caso al qué dirán) es el peor enemigo del ser humano, cuando cruza la línea de lo normal.

Miguel Angel Brito dijo...

Gracias Amando. Cierto es. Miedos al que dirán. Miedo a quererse. Es cómodo vivir en la provisionalidad.

Aniagua dijo...

Qué maravilloso sería llenar la mochila hasta desbordarse un río, libre de escoger un cauce u otro...

Qué bien escribes!
Abrazos.

María Estévez

Ana J. dijo...

Cuántos Ramiros hay en este mundo!
Veo el comentario de María y subo a ¡Y qué bien piensas!
Besos

Miguel Angel Brito dijo...

Gracias María. Me gusta ese anhelo de "libre de escoger un cauce u otro": cuanto más se quiere, cuanto más se conoce y menos se engaña el ser humano, más libre se sentirá de escoger, de construir su futuro.

Cierto es Ana: Cuántos Ramiros... Muchas gracias a las dos por esos halagos. :)

Ángeles Jiménez dijo...

Es cierto, cuántos Ramiros malandan sueltos por el mundo, pero la cuestión es cuánto de Ramiros hay en nosotros, porque el ser humano en general se maneja mal con la incertidumbre y el futuro es todo incierto. Cabría preguntarse por las certezas del pasado, mejor reescribirlo sin miedo desde ese futuro, se nos presenta tan líquido, pero también tan maleable.

Miguel Angel Brito dijo...

Interesante cuestión amiga, pero ¿quién va primero, el huevo o la gallina? ¿quién va primero el futuro o el pasado? Yo creo que deben ir en paralelo, unitemporales, tirando el uno del otro, pero siempre con la lectura constructiva de elaborar un futuro, estructurando, verbalizando.

Inma Vinuesa dijo...

Verbalizar lo que llevamos dentro, hacerlo libre y que escuchen los sordos con letra clara, a viva voz y atenuando los miedos.
Yo tengo trazos de Ramiro y a veces me persigue el miedo al que dirán y me pierdo en la posibilidad de algo que nunca existió.
Hasta cuando somos Ramiros encarcelados en nosotros mismos?
Como siempre un gran texto. Enhorabuena