sábado, 12 de octubre de 2013

Deseos o caprichos

Imagen extraída de google images.
Se sentía pletórico, exultante. Todo fue bien hasta que empezó a sentirse torpe, más despistado de lo normal. Al principio fue una sensación casi imperceptible, pero creció hasta que un día tuvo miedo al ver su cara deforme en el espejo. Ese día pidió un café cargado y se preguntó si las decisiones que había ido tomando se fundamentaban en un capricho o eran consecuencia de sus deseos. Se preguntó qué fue primero, si el capricho o el deseo. Vislumbraba en la reflexión, que su deseo se había desvanecido, se había difuminado perdiendo nitidez dentro de una maraña de caprichos que a la postre se convirtieron en obligaciones, con sus compromisos que cumplir, sus tiempos por contrato, sus facturas que pagar, su vacío retorno de la inversión. Para paliar tanta "nada", para enmendar tanta obligación, agudizó los sentidos a fin de encontrar brújulas para su encauzar su destino, y encontró más estímulos a los que acogió como huérfanos hambrientos en busca de padres. Los confundió con los ansiados objetivos que buscaba, la brújula que lo guiara, sus deseos reales. Pensó que eran el enfoque de su realidad, su tabla de salvación, esa que lo mantuviera a flote en el mar de confusión en que se ahogaba.
Sin embargo no eran sus deseos lo que encontró. Lo supo al ver que en ese mar no aparecieron islas ni referencias, mucho menos continentes. Lo intuyó al ver que eran espejismos que se desvanecían según surgían, porque eran líquidos, inconsistentes, escurridizos y envolventes, acogedores y farsantes. Mientras se esforzaba en nadar se olvidó de que un día tuvo un sueño, de que una vez quiso algo, de que un día luchó para conseguirlo. Con el tiempo no se acordó más que de su nombre y de que un día nació. Se olvidó de que años atrás había aprendido a nadar y se dejó llevar por el peso de su cuerpo.

8 comentarios:

Francisco Concepción dijo...

Dejarse llevar por el peso del cuerpo... de la propia vida.
Me ha gustado.

Ángeles Jiménez dijo...

A nadar nunca se olvida, se recuerda en cuanto se deja de "nadear". Los deseos siempre están ahí, en la línea del horizonte, hacia esa dirección hay que nadar, a sabiendas de que nunca se alcanzará, solo así nos llevará más allá. Los deseos son el combustible... incombustibles.

Aniagua dijo...

Quizás fue mejor olvidarse de nadar...
Me gustó
Abrazos

Miguel Angel Brito dijo...

Gracias amigos.

Francisco, a veces pesan más las dudas que la propia vida.

Ángeles, muy buena aportación con ese nuevo verbo, nadear.Nadear, es la manera más rápida de ahogarse.

Aniagua. Eso nunca. Rendirse no. Nadar, pero siempre en busca de los deseos, que nunca debieron de olvidarse.

Miguel Angel Brito dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Inma Vinuesa dijo...

Creo que es difícil confundir un deseo con un capricho, el deseo dura en el tiempo y te remueve interiormente. Conseguirlo te hace feliz, mientras lo consigue te hace feliz, pensarlo te hace feliz.
Los caprichos solo son ilusiones efímeras.
Me ha gustado este texto.
No tardes tanto en volver a escribir.

Miguel Angel Brito dijo...

Te lo prometo. Gracias por leerme, Inma

Ana J. dijo...

Este es un dilema difícil de solucionar: ¿dónde está el límite entre el capricho, el deseo y el Deseo?
Sigo dándole vueltas...