miércoles, 23 de octubre de 2013

Mirando ombligos

ombligo, señalar, blanco y negro, fotografía
Imagen extraída de google images

En este mundo hay dos clases de individuos, los que se miran el ombligo y los que viven contemplando el ombligo de los demás. Bueno, mentira, se me olvidaba y no me lo perdono, porque también existen otros, una especie en peligro de extinción y de estos casi no se oye hablar, no interesa que se hable, y encima a ellos no les gusta hablar de sí mismos aunque eso no impide que brillen cuando los encontramos. Me refiero a aquellos individuos capaces de mirarse el propio ombligo y el ajeno a la vez, una habilidad al alcance de la minoría.

Los que sólo se miran su ombligo son miopes de lo demás y crean su micromundo microscópico de creencias adoptadas. Son seres carentes de espíritu de desarrollo, con techos alcanzados, únicos en el mundo, así se creen, dueños de la verdad más absoluta. La carencia de referencias distintas a las suyas hace que recalen en un cómodo puerto de aguas inmóviles y cielos despejados, libres de tempestades. Cuando éstas se atisban en el horizonte, son capaces de soplar con fuerza inusitada, con vozarrones que salen del bajovientre y convertirlas en suaves brisas mudas incapaces de hacer tambalear su puerto. Son tercos, obstinados, insensibles, seguros por imposición propia. Los reconoces porque te miran de modo absoluto, directo a los ojos, vigilantes de tus movimientos, recelosos de que mires en su ombligo para hurgar en sus dimensiones.

Los segundos, los que miran el ombligo de los demás, son seres alelados, incapaces de mirar para sí, incapaces por tanto de crearse referencias propias. Involucionan permanentemente mientras cogen de aquí y de allá, menguan hasta tal punto de desaparecerse en los espejos, son miopes de sí mismos porque su piel la cosen a base de retales de otros ombligos, copian que es lo fácil. Son seres toscos, impersonales, apátridas, amorfos, imberbes. Son en definitiva puro mimetismo, escondidos para no ser vistos y devorados. A todo dicen que sí porque sí, por sistema. No te miran nunca a los ojos, como los niños pequeños que se los tapan creyendo que así no serán descubiertos. Su mirada siempre va unos palmos por debajo de la línea del horizonte y es nublosa, inexpresiva.

Por último, y sigamos por orden, aunque no de importancia. Queda hablar de los casi extintos individuos capaces de mirarse el propio ombligo y el ajeno a la vez, que a partir de ahora y para no alargarme en el nombre los llamaremos ambligos, palabra que viene de ambos y de ombligos. A pesar de ser los últimos en ser nombrados, los ambligos son los únicos capaces de crecer, pero son pocos, cada vez menos, porque viviendo en un mundo cada vez más crísico, el miedo a perder ha conquistado las voluntades de crecer y se ha extendido como un virus infeccioso, y los que se miran el ombligo propio crecen como setas queriendo salvar lo suyo y los que solo contemplan los de los demás, los segundos que he nombrado, los vagos expertos del copia-y-pega, terminan tapizando el suelo como una alfombra a la que pisar. Sin embargo, los ambligos son individuos que no creen enteramente en lo que son y tampoco en lo que ven, por eso rebuscan continuamente en lo propio y en lo ajeno, metiendo sus dedos en otros ombligos y comparándolos con el suyo, en forma y tamaño, reparando en los pliegues e incluso en las suciedades sin dar muestras de asco. No se conforman con uno sólo y escarban en muchos a la vez. Son alegres, entusiastas, de mirada inquieta, auténtica. Son críticos, autocríticos, vehementes y comprensivos, egoístas y solidarios. Pareciera, dirán ustedes, muy contrapuestos todos estos adjetivos, pero si se fijan bien no es así, son maneras condicionadas de comportarse, crecer, construir y subsistir, que es el fin último de los seres sociales, eso sí, siempre respetando el medio ambiente.  

4 comentarios:

Inma Vinuesa dijo...

Qué razón tienes ambligo mio.

Ángeles Jiménez dijo...

Estupenda tú reflexión ambligua, matizada, hasta contradictoria, como debe ser el humano que crece.

Belén dijo...

Qusiera ser un ambligo, aunque sea vehemente, autocrítica, egoísta y a veces solidaria.

Francisco Concepción dijo...

Creo amigo mío que te falta una clase de individuos. Los que no miran ni su ombligo, ni el de los demás. No buscan en el suyo, ni en el de los demás. Encuentran en el día a día. No buscan en el interior, buscan en el exterior. En la vida sencilla y plana. En los días que pasan, en los olores que huelen, en lo que comen, en lo que escuchan, en lo que ven... Consumen y no procesan. Consumen y no aportan. Todo no van a ser ombligos.
Interesante reflexión.