domingo, 12 de febrero de 2012

Tras los marmullos de La Isla Menor.

Libro: Terramores
Autor: Víctor Álamo de la Rosa
Artemisaeditores 2008
ISBN 978-84-96374-82-9
Páginas: 378 
Hace aproximadamente un año me compré el primer libro de Víctor Álamo de la Rosa (Tenerife, 1969). El libro es Terramores (2007). Entré en sus páginas y ya no quise salir de ese mundo creado en torno a la Isla Menor y sus personajes. De Terramores me quedé con dos cosas que me llamaron poderosamente la atención: En primer lugar su voz; un lenguaje que me envolvió en una atmósfera de la que es difícil escapar porque se convierte en un confortable lecho sobre el cual tenderse a disfrutar de la historia. En segundo lugar, la fuerza de sus personajes, que aún, un año después de su lectura, permanecen vivos en mi recuerdo. En una ocasión una amiga escritora me decía que hubiera matado por crear a dos personajes como Policarpo y Cesarín. Yo no hubiera llegado a cometer homicidio (ni mujericidio tampoco) por crearlos, pero si que aprendí con Terramores, y escuchando a Víctor también, que una historia sólida depende en gran medida de la solidez de quienes la cuentan: el escritor, el narrador y sus personajes.
Libro: El Año de la Seca
Autor: Víctor Álamo de la Rosa
Tropo Editores 2011
ISBN 978-84-96911-39-0
Páginas: 193
Algún tiempo después de leer Terramores, me decidí por El Año de la Seca, una novela anterior, escrita diez años antes que Terramores, en el año 1997. Es su segunda novela (la primera fue El humilladero). El Año de la Seca, es distinta. Tras el impacto del primer capítulo, que atrapa al lector de un modo implacable, luego viene un buceo hasta lo más profundo del amor, donde el hilo de lo que ocurre acá y de allá, en el mar y en la tierra, a ellos y a ellas, es un deleite, para ser saboreado a sorbos de literatura llena de cabriolas de alto nivel. En El Año de la Seca, Víctor nos cuenta los amores de Efigenia y Aquilino, desde su principio y hasta su final que no es terminal sino eterno. Un amor que trasciende lo carnal para vivir en lo espiritual, mientras alrededor de ellos, la tierra de La Isla Menor, se resquebraja y languidece en su sequía y sus habitantes huyen, cada uno de lo suyo, incluso Aquilino que prefirió quedarse con las incertidumbres de su futuro antes que enfrentar las realidades de su presente. Huyen todos, menos Efigenia, que ve cómo su amor florece a pesar de la sequía. Fue la segunda etapa del viaje a través de la literatura de Víctor Álamo, y no quería descansar.
Así que en noviembre del pasado año, fui a la presentación de su último libro: Mareas y Marmullos. La presentación fue mágica, no se porqué. Me hice con un ejemplar a la entrada. Víctor denotaba en aquella ocasión, en su mirada y en el tono de su voz, algo muy parecido a la nostalgia. Me acerqué a que me firmara mi ejemplar y me saludó con un fuerte apretón de manos, el de quien se alegra al ver conocidos en su fiesta. En su dedicatoria me escribió:

Para Miguel
compañero de oficio 
estas caracolas. 
Con el cariño de, 
Víctor Álamo

Libro: Mareas y Marmullos.
Autor: Víctor Álamo de la Rosa
Tropo Editores S.L. 2011
ISBN: 978-84-96911-44-4
Páginas: 169
Luego me dijo, "Miguel, léelo. Me gustaría conocer tu opinión". La primera vez que oí el mar en una caracola, yo era muy pequeño. Fue en una playa de Venezuela. Allí nací, hijo de la emigración. Mis padres un día salieron de la Isla del Hierro, de la Isla Menor, en busca de un porvenir esquivo. Aquellos mares atrapados en la caracola, aquellos marmullos, me trajeron de vuelta con seis años. El Hierro me atrapó para siempre. Mis raíces quedaron allí, aferradas a sus malpaíses, enredadas entre sus tagasastes, y sus tederas y sabinas.
Leí Mareas y Marmullos, y ahora, Víctor, cumplo mi promesa y te doy mi opinión: Ahora entiendo tu semblante de nostalgia, la dedicatoria donde me regalaste tus "caracolas" y esa petición de "léelo". Ahora lo entiendo. Mareas y Marmullos reúne todo tu proceso creativo. Ahí se resume cómo se crea un mundo, cómo se gesta una obra. Son diecisiete hijos descarriados que vuelven al redil a contarnos por qué nacieron. Tu semblante de aquel día era la nostalgia del padre que se reencuentra con sus hijos: Diecisiete trazos de un mismo mundo, el mundo de La Isla Menor, el mundo creado por ti. Se ha cerrado el círculo. Ahora lo entiendo todo. Leer los tres, es más, en ese orden, me ha enseñado cómo se escribe una novela.
Gracias profesor.

2 comentarios:

Ana J. dijo...

Creo que la palabra "reseña" se queda corta para esta magnífica crítica de tres de los libros más interesantes de la actualidad.
Suscribo tus palabras y animo a todos a que lean Terramores, El año de la seca y Mareas y marmullos. En cualquier orden.

Inma Vinuesa dijo...

Maestro y alumno/ alumno y maestro. Maestros ambos, humildes seguidores de un oficio difícil y lleno de anécdotas enriquecedoras que nos hacen crecer.
Maravillosa reseña, los que hemos leído la obra de Victor sabemos que es el MAESTRO de las letras, el que juega con el lenguaje creando cabriolas que se incrustan en la memoria. Historias que nunca mueren, que atraviesan tiempo y espacio.
Enhorabuena a los dos.