miércoles, 22 de febrero de 2012

Una vida (narración: La voz Silenciosa)

El texto Una Vida, ya fue publicado en este blog el veintidós de diciembre del pasado año. Es un texto que nació buscando un relato que se saliera un poco de los tópicos de las navidades. Fue incluido en el libro de relatos promovido por La Esfera Cultural "Aquella otra navidad" que recientemente ha sido editado.
Ahora vuelve, en forma de narración, a través de La Voz Silenciosa. Vuelve a cobrar vida. Me gustaría que lo escucharan porque el texto, así escuchado, es como si viviera. Gracias José Francisco por seleccionarlo. Espero que os guste.





Una sola copa. Una sola copa de más. Quizás fuera un chupito, el último. Me lo imagino de vodka-pomelo. No se porqué. Es el regusto que se me ha quedado. ¡Cuántas cenas de navidad truncadas por el mismo chupito!
Esa última copa retrasó lo justo el tiempo de frenada. Lo he leído. Cada grado de más, un segundo de menos, y ¡chás! No lo cuentas. Me imagino a sus padres esperándolo para la cena de navidad. Sus abuelos también. Su hermana desolada cuando escuchó por teléfono la noticia. Ella fue la única que me vino a visitar unos días después para conocerme. No me dijo nada. Solo acarició mi mano y derramó una lágrima. Una más.
¡Cuántas cenas de sillas vacías aquella noche solo por un chupito de más! Los Atestados, que llegarían a casa y encontrarían el guiso frío y el cava caliente. Y el cirujano... Por la hora en que lo llamaron, seguro que lo cogerían entre el consomé y el cordero, justo ahí. Me imagino el pitido del busca al ritmo de las luces del árbol del salón. Un pit y un destello azul, un pit y un destello rojo, y vuelta a repetir. Salió corriendo el cirujano-marido, el cirujano-hijo, el cirujano-padre y el cirujano-yerno, porque no una, sino cuatro personas salieron de casa esa noche embutidas en un solo cuerpo camino del hospital, con un trozo de pan en la boca, para cambiarme la vida.
Justo cuando yo estaba preparando la cena sonó el teléfono, ¿Rubén Larios?, Sí dígame, Llamamos del Hospital Clínico, tenemos un donante. Aquella noche yo tampoco cené. La nochebuena, la navidad y algunos días más los pasé entre tubos sedantes, lleno de costuras tras las que alojaron con mimo aquel riñón que llegó envuelto en la sangre, caliente aún, con ese sabor a vodka-pomelo que desde entonces me acompaña. Fue el mejor regalo que he recibido nunca: Una vida.

6 comentarios:

Amando Carabias María dijo...

Me gustó la primera vez, me gustó la segunda y me gusta ahora otra vez.
Cada vez descubro algo nuevo, por ejemplo ese guiño humorístico con el apellido del receptor: Larios...

Ángeles Jiménez dijo...

Se me ha vuelto a poner la carne de gallina, qué bien llevado el relato, qué cantidad de historias gigantes en tan poco espacio. Genial, como siempre, como nos tienes acostumbrados, amigo.
Besos

Miguel Angel dijo...

Gracias amigos:

Amando: me alegra que te hayas dado cuenta de ese pequeño guiño. Gracias por acercarte por aquí.

Ángeles: "historias gigantes en poco espacio". No podías decirme nada mejor.

Inma Vinuesa dijo...

Cada noche me acerco a tu rincón por si colocas un nuevo trozo de ti en este tu espacio. Esta noche he vuelto a revivir el momento en que leí esta historia por primera vez y me hiciste temblar por las emociones contenidas que llevan tus letras. Ahora están envueltas por una voz silenciosa que lo realza más aún si cabe.

Mª Nieves dijo...

Ufff, me dejas sin palabras pero con muchos pensamientos contradictorios, la muerte y la vida, dos caras de la misma moneda, como la risa y el llanto, opuestos, pero a veces simultáneos. Un abrazo,
Nieves

Miguel Angel dijo...

Inma, tú si que me emocionas con lo que dices. Muchas gracias por pasarte una y otra noche. Un estímulo para seguir enseñándote mis sorbos de vida.

Nieves, acertada aseveración: "la risa y el llanto, opuestos, pero a veces simultáneos". Gracias por pasearte por mi casa.